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EVANGELIO: Lc 4, 18-19

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.


REFLEXIÓN

En la súplica dirigida al Papa Benedicto XIV en 1749 con motivo de la aprobación de la Congregación, San Alfonso compara el fin de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas) con la misión que Jesús define en su discurso en la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 16).

Jesús es el hombre de Dios porque es en el Espíritu Santo como Dios lo engendra desde el comienzo de su existencia humana (Lc 1,35) y lo conduce a través de su vida, pasión, muerte y resurrección a la plenitud.

Jesús “se levantó para hacer la lectura” (Lc 4, 16). En contra de la costumbre Él toma la iniciativa. Su autoridad le viene de arriba: Él es “enviado” por Aquél que le ha ungido con el Espíritu Santo. Cuando Jesús se levanta y anuncia la Buena Nueva, ésta se realiza allí mismo: “Hoy se cumple esta escritura”. La Buena Noticia no es un anuncio verbal, “el año de gracia” está desde ya inaugurado, la “copiosa redención” está puesta en marcha para la liberación de los oprimidos. La Salvación llega ya con la venida de Jesús que un día culminará.

En ese “entre tanto” tú y yo bautizados, seguidores de Cristo resucitado no podemos callarnos ni guardarnos esa gran noticia.

• ¿Te sientes ungido por el Espíritu Santo para testimoniar a Cristo resucitado?

• ¿Sientes la llamada de dar a conocer la Buena Noticia de la Salvación iniciada por Jesucristo?

• ¿Estas dispuesto a compartir el año de gracia del Señor con los más necesitados?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN

Hazme saber, Señor,
qué es lo que de mí deseas,
que estoy dispuesto
a hacerlo todo.
Te doy mi voluntad.
Ya nada quiero
fuera de lo que Tú desees.

¿Qué don del cielo
puedo apetecer,
ni qué felicidad de la tierra
disfrutar,
fuera de Ti,
Dios mío?

Tómame por entero.
Eres mi única herencia,
el absoluto dueño de mi vida.
Dispón de mí
como mejor te agrade.
Acéptame
por los méritos de tu Pasión,
aduéñate de mí, Señor,
y dime:
¿Qué deseas que haga?

SAN ALFONSO. Práctica del amor a Jesucristo, Capítulo 13

 

 

¬ Déjalo todo y luego ven, ¡sígueme!

¬ El Señor me ha enviado a anunciar la buena noticia a los pobres

¬ El Evangelio debe ser anunciado de nuevo