Si Dios me llama: ¿lo reconoceré?

 

Si Dios te llama, tú no te sublevarás más con amargura cuando veas las tonterías, el odio, la desgracia o la injusticia, que parecen triunfar. No te abatirás más cuando veas a los hombres matar a los hombres. No desesperarás cuando veas cómo aplasta la miseria. No te taparás los oídos cuando escuches los gritos de las rebeliones, los gritos de los agonizantes, los gritos de los niños que mueren. No te herirás más de rabia a ti mismo cuando percibas la mentira y el insulto. No te dirás jamás: “¿Para qué vale ser bueno?”. No tendrás ganas de morir o de marcharte, ¿por qué?

Si Dios te llama, reconocerás el rostro de Cristo, todo compasión, todo amor y todo bondad. Reconocerás la ternura sin medida de Dios, que toma sobre sí mismo, en esta compasión del Cristo, al hombre perdido para reencontrarlo, al hombre muerto para hacerle vivir, y tendrás ganas de seguir al Señor, que es Cristo, el Mesías sufriente, hasta su abandono, para que el hombre no sea abandonado.

Si Dios te llama, la cruz te parecerá un esplendor de vida, y no el fracaso supremo del mundo. Te aparecerá como el árbol de la Vida, y no el patíbulo de la muerte. La cruz te parecerá como la cifra y la clave que te permiten comprender este mundo. Si Dios te llama, tú querrás seguir a Cristo en su pasión por la redención de tus hermanos, y no tendrás miedo.

Si Dios te llama, no temerás. Si Dios te llama, de tus pobres labios mudos podrá brotar la voz de Cristo que los hombres reconocen. Si Dios te llama, serás perdonado de tus pecados y osarás dar el perdón de Dios, aunque tú te sientas indigno. Si Dios te llama, serás el ministro y el servidor de este Cuerpo quebrantado y entregado, pan de vida para que los hombres sean alimentados. Si Dios te llama, recibirás insultos, hablarán mal de ti, no serás comprendido, pero tú sabrás que compartes la suerte de Cristo. Si Dios te llama, no tendrás miedo de abandonar tu vida, pues tu vida perdida se une a la entregada por Cristo.

Si Dios te llama, tu corazón se abrirá a una dimensión de amor que tú ni sospechas. Amarás a este pueblo. No como el acompañamiento que todo hombre busca. Tú amarás a fondo perdido a todos los hombres. En cada hombre reconocerás al hermano que te es dado, una riqueza nueva e insospechada. Amarás este pueblo que el mismo cristo reúne y para el cual serás la figura del pastor. Amarás el pueblo que conduces, lo mismo si él te da golpes que si es tu sostén y tu fuerza: este pueblo, la Iglesia entera en su función maternal, que reza, da gracias y bendice a Dios; este pueblo a través del cuel viene la salvación del mundo.

Si Dios te llama, no tengas miedo: reconocerás su voz, que es él.

Si Dios te llama, no temas: el Espíritu es tu vida.

Cardenal J. M. Lustiger

 

¬ El Espíritu del Señor está sobre mí

¬ Me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena noticia a los pobres

¬ ¡Ay de mí si no dedico mi vida a anunciar el Evangelio!