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JUAN
MANUEL LASSO DE LA VEGA
Superior General
de los Redentoristas (1985-1997)
"Mi
vida como redentorista me ha dado muchas ocasiones de conocer
bien la Congregación: sus puntos fuertes y sus debilidades,
su carisma y su identidad en el mundo de hoy, sus aspiraciones
y sus imposibilidades. Para mí ser redentorista es el
tesoro más grande que tengo y quiero cuidarlo bien".
"Entré
en el seminario cuando tenía 13 años. En aquel
tiempo era normal.Vivía muy cerca de los Redentoristas
de Madrid. Toda mi familia visitaba a diario el Santuario del
Perpetuo Socorro. Un hermano coadjutor (H. Conrado) aprovechaba
siempre que me encontraba para hablarme de la misión
redentorista. Me atraía sobre todo predicar y celebrar
los sacramentos; pero era una atracción infantil, una
llamada que Cristo hacía a un niño. Los años
me convencieron de que él continuaba llamándome
cuando fui joven y continúa llamándome ahora...
Mi respuesta ha sido siempre alegre. He vivido como redentorista
lleno de esperanza e ilusión; mi esperanza ha sido siempre
mayor que el dolor o la angustia.
He
tratado de unir el seguimiento de Cristo con la disponibilidad
y el servicio de alos demás, que en mi caso se ha centrado
sobre todo en servir a los Redentoristas. Seguir a Cristo es
vivir como él vivió y hacer lo que él hizo,
aunque siempre con imperfecciones y debilidades humanas. Pienso
que mi vida ha tenido mucho sentido. Me siento feliz de ser
redentorista y lo volvería a ser si naciera de nuevo.
Sin ninguna duda.
Seguir
a Cristo no es difícil. No son los héroes los
únicos llamados a seguirle. Él transforma nuestra
debilidad en fuerza. Sabe que siempre seguiremos siendo débiles
y que él deberá transformarnos cada día.
Me preocupa seguirle lo mejor posible hoy; mañana será
otro día y, con su ayuda, continuaré siguiéndole.
Cada noche rezo a María por mi perseverancia. La vida
redentorista es fascinante: dar esperanza a quienes viven desesperados,
amar a quienes conocen poco sobre el AMOR, llevar alegría
a quienes están tristes. Hoy, cuando el mundo busca los
primeros puestos y el dinero, nosotros buscamos ser los últimos
y convertirnos en servidores de los pobres. Perce una locura,
pero es una locura que me ha hecho inmensamente feliz.
Para
no caer en el desaliento ni en el cansancio, recuerdo muchas
veces la frase de San Alfonso: 'Si Dios te pide algo, te da
la fuerza para realizarlo, basta que reces y se lo pidas'. Ahora
conozcola Congregación en todo el mundo, en los 73 países
en que está presente. Puedo decir con todo realismo que
vale la pena ser Misionero Redentorista".
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MIGUEL CASTRO
Redentorista estudiante de Teología
"Mi experiencia es la de un religioso joven, y no la de un joven religioso. Me llamo, mejor dicho, mellaman Miguel, y pertenezco a esa preciosa generación de “los hijos de la Constitución”, así que calculando cuento con 29 años. Soy de Fuerte del Rey, un pequeño pueblo 100% olivarero a 12 Km de Jaén. Hijo y nieto de agricultores, soy agricultor de nacimiento y de corazón, lo cual me hace seguir sembrando cada día las semillas del Evangelio, estando con los pies en la tierra y con los ojos puestos en el cielo.
Allí viví hasta que comencé a estudiar Arquitectura en la Universidad de Granada. Estos años fueron cruciales para madurar la fe y poner en práctica todo aquello que mis padres y catequistas me habían enseñado; pero ahora tendría que hacer mío todo lo recibido. Aunque los “reden” ya eran bien conocidos en casa por mi hermana desde hacía algunos años, fue en Granada donde conocí a los Misioneros Redentoristas. Acabé por incorporarme a los grupos de jóvenes del Santuario de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. ¿Por qué aquí y no en otras iglesias vecinas? Dos mujeres muy queridas influyeron: una mi hermana que ya estaba en los grupos, y la mucha gente que iba conociendo por medio de ella; la otra Santa María y el amor por la Madre de Dios que desde muy pequeño mis padres me inculcaron.
Allí fui dando pequeños pasos, en grupos de formación, de moral, de voluntariado, de oración de jóvenes, siendo catequista o participando en algunas misiones, una de ellas en mi pueblo por donde los misioneros redentoristas pasaron.
Encuentros y convivencias, especialmente la Misión de los Jóvenes de El Espino (monasterio del S.XV. en Burgos), donde cada verano se reúne entorno a 200 jóvenes de toda España, fueron momentos para descubrir el amor de Dios en mi vida, la redención y el perdón. Entre los redentoristas se dice que el éxito de esta Misión Joven, es que los mismos jóvenes por su experiencia y testimonio, se convierten en misioneros y evangelizadores para los demás jóvenes. Esta vivencia de una Iglesia viva, misionera, joven, con ganas de seguir adelante y soñar con un mundo y una Iglesia diferente, donde todos tengamos cabida, fue y sigue siendo un estímulo en la vocación que se despertaba en mí.
Y digo “despertaba”, porque estoy convencido que Dios no dejó nunca de llamarme, desde mi más tierna infancia...
Años más tarde, tras una Pascua haciendo el Camino de Santiago, me decidí a dar respuesta a algo que hacía tiempo me inquietaba: ¿Dios me quería como Misionero en la Congregación del Santísimo Redentor fundada por San Alfonso para la Evangelización de los abandonados, de los pobres? ¿Sería posible que algún día se hiciese realidad esos sueños de niño, de ser sacerdote, de ser misionero construyendo casitas en algún país del tercer mundo? ¿Cómo sería la vida comunitaria desde dentro?
Por entonces tenía 25 años cuando comencé en la Congregación. Para algunos “vocación tardía”, para mí lo que llegó “tarde” sería más bien mi respuesta, aunque considero que fueron necesarias todas las experiencias anteriores para descubrir el valor de la vocación. Antes era feliz, y ahora lo sigo siendo. Antes tenía unas cosas que me hacían feliz y me realizaban en un proyecto profesional, ahora tengo otras cosas que me realizan en un proyecto de vida junto a Dios.
Cuando hablo con amigos de la vocación misionera, siempre les digo que no hay que tener prisa, que la paciencia todo lo alcanza, también la de Dios con nosotros, que Dios es muy pesado, y quiere lo mejor para cada uno de nosotros. Pero que es necesario responder, que también “este arroz se pasa”. Así que si alguien ve que ha llegado ese momento que lo haga, pues el proyecto de Dios, no se puede detener."
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CARLOS SÁNCHEZ
Redentorista estudiante de Teología
"Fue mi experiencia personal con Dios la que dio comienzo a todo, cuando me topé con Él y sentí que me quería con locura; es más, que Él amaba a todos los hombres con locura y que me estaba llamando a mí para compartir esta Buena Noticia que yo había descubierto: ¡la mejor noticia de todos los tiempos! Esto fue precisamente lo que me lanzó a la misión, una realidad vivida auténticamente en la comunidad y testimoniada también en comunidad."
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BERNHARD
HÄRING
Moralista
"Siempre
me fascinó la vocación a la vida religiosa misionera...
Precisamente de la experiencia en las misiones parroquiales,
cuando era todavía joven sacerdote, nació en mí
la urgencia de preparar un nuevo texto de moral, que fue luego
la Ley de Cristo. Después de 60 años de profesión
en esta familia religiosa me atrevo a definirme como 'un redentorista
feliz'.
Nuestra
Congregación es heredera del carisma de la libertad de
espíritu de san Alfonso, nuestro fundador. Seguirá
siéndolo mientras
mantenga fielmente la opción por los pobres y oprimidos.
Tenemos que perseverar en esta espiritualidad de éxodo
de nuestro fundador, para poder recibir siempre de nuevo el
espíritu de la apertura valiente...
De
ningún modo podría yo imaginar mi actividad para
la renovación de la teología moral católica
sin el continuo voto de confianza de parte de mi Congregación
y de sus superiores. Donde se cepilla, cae viruta. Cierto que
no todas mis expresiones eran ponderadas...
La
libertad de espíritu y la transparencia van siempre entrelazadas
con el espíritu de corresponsabilidad. Se trata siempre
del servicio al evangelio y al anuncio de la 'copiosa redención'".
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FRANÇOIS-XAVIER
DURRWELL
Teólogo
"Yo
quería ser misionero y entré en la Congregación
del Santísimo Redentor sin conocerla... Descubrí
una misma unidad tanto en la misión de los Redentoristas,
como en el misterio de Cristo salvador. El misterio de la redención
es el mismo de Jesús que, en el poder del Espíritu,
llega a nosotros en
su propia plenitud filial, en su muerte y resurrección.
La misión de la Congregación, que es también
la de toda la Iglesia, es prolongar y difundir en el mundo este
único misterio de salvación. Santificación
personal y misión no son más que una cosa. Dios
nos ha escogido para ser los cooperadores de su Hijo en la salvación
de las almas. Esta vocación apostólica es un signo
evidente de nuestra predestinación”.
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ANTONIO
HORTELANO
Moralista y Misionero
"Me
gusta no estar casado para ser itinerante, con la maleta en
la mano y ligero de equipaje; me gusta la vocación profética
de los redentoristas dentro de la nave central de la Iglesia
y no en una capilla lateral; me gusta el equilibrio de san Alfonso
entre la defensa de lo esencial y la relativización de
lo accidental; me gusta su apertura a los más necesitados,
a quienes nunca hemos de negar la absolución; me gusta
la sencillez de los redentoristas y su enganche con el pueblo;
me gusta el anuncio misional del evangelio a los más
abandonados; me gusta el lenguaje digno pero popular
de los redentoristas para que todos nos entiendan; me gusta
la moral alfonsiana como un columpio entre la utopía
y la realidad de los hombres de carne y hueso; me gusta el ecumenismo
como una apertura fraternal a nuestros hermanos mayores en la
fe, los judíos, y a nuestros hermanos separados: los
ortodoxos, anglicanos y evangelistas, seguidores todos del mismo
Cristo que recapitula en sí todas las cosas y todos los
hombres.
Me gusta la valentía respetuosa de San Alfonso
y sus hijos cuando con un gran respeto a la Iglesia, nuestra
madre, manifestamos nuestra tristeza ante los límites
eclesiales, como, por ejemplo, cuando san Alfonso insistió
al Papa Clemente XIV en que no suprimiera injustamente la Compañía
de Jesús, o como ahora, cuando algunos redentoristas
especializados en moral exponen valiente pero respetuosamente
sus puntos de vista a propósito de ciertos temas conflictivos
como la bioética, la paternidad responsable o la pastoral
de los divorciados.
Por todo esto, y a pesar de todos los pesares, otra vez me haría
redentorista si tuviera 25 años. Y desde aquí
animo a los jóvenes que se sienten llamados a ser redentoristas
a que den el paso sin miedo, seguros de que con la ayuda de
Cristo y de la comunidad podrán anunciar a trompetazo
limpio la liberación de los pobres en el mundo. ¡Ah!
Y que no olviden que para hacer algo grande por el Reino de
Dios hay que decidirse a columpiarse en el trapecio sin exigir
una red de seguridad debajo de nuestras cabezas”.
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Mª ÁNGELES TRABALÓN
Contemplativa redentorista del monasterio de Carabanchel
"La historia de mi llamada es bien sencilla, pero no por eso deja de ser una historia que a veces a mí misma me descoloca y es que el Señor también se vale de las cosas modernas para hacer las cosas a su manera. Navegando por Internet me tropecé con la página web de las Redentoristas y, sin saber muy bien el por qué, me lancé a contactar con ellas.
Primero fueron e-mails, llamadas telefónicas después y por fin: ¡la alegría del encuentro! Pero el Señor quería ir más lejos…así que pocos meses después de nuestro primer encuentro comencé mi experiencia en el Monasterio: aspirantazo, postulantado, y ahora el Noviciado.
El Señor me ha ido mostrando cada día la grandeza, la belleza de esta vocación tan maravillosa que es vivir escondida con Cristo en Dios, sin olvidarme del mundo sino presentándole cada día las necesidades de la humanidad a través de la oración, siendo a la vez una “memoria viva del Redentor” e irradiando a todos el amor de Cristo."
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QUIQUE QUELLE
Laico redentorista
"Hace 30 años mis padres decidieron que debía nacer en Salamanca y el Señor quiso que fuera a dos calles de la parroquia de Santa Teresa, mi parroquia de referencia, y digo ‘de referencia’, pues son muchas las parroquias del mundo en las que he podido vivir y compartir mi fe. Todo comienza en 1997, cuando de nuevo el Señor, por medio de la Asociación para la Solidaridad, decide que debo ir a Perú y pasar casi un año de mi vida entre su gente… no contento con eso, nada mas regresar, decide que el Equipo Misionero Redentorista CESPLAM podría ser bueno para mi proceso de fe y mi maduración personal… ¡que razón tenia! Si algo ha marcado mi vida son los años que he pasado por los pueblos de España, anunciando la Buena Noticia del Evangelio. Hoy después de todo esto, quiere que este en la Editorial del Perpetuo Socorro y en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, como catequista de confirmación y con mi grupo de música Blanco Gas… y como por ahora, en todo lo que él ha decido por mi, no se ha equivocado en nada… solo puedo darle gracias a él por mi vida.
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