Antonio Puerto, ¡diácono por la gracias de Dios!

¡Diácono por la gracia de Dios!
A las cinco de la tarde del pasado sábado 30 de abril daba comienzo la celebración de la eucaristía en la que fui ordenado diácono en la Parroquia-Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid por la imposición de manos de Don Carlos Osoro Sierra, arzobispo de esta ciudad.
Tengo la impresión de que fue una celebración no sólo estéticamente hermosa sino también muy vivida por todos los participantes. El templo estaba bien engalanado, el coro puso lo mejor de sí y sonó precioso, Don Carlos se mostró como es, un hombre cercano al pueblo, entendible y agradable, los cohermanos redentoristas no menos cercanos y gozosos y toda la asamblea profundamente implicada en la celebración.
Tras la celebración de la eucaristía y ordenación diaconal pasamos al patio de la casa donde compartimos un pequeño refrigerio y un agradable momento para la convivencia. Ayudó el buen día, agradable y soleado tras las lluvias de los días previos.
Todo esto fue posible gracias a la comunidad redentorista, algunos laicos y miembros de la comunidad parroquial que se encargaron de cuidar cada uno de estos momentos: la decoración de la iglesia, la minuciosa preparación de la celebración, la instalación de las mesas y su recogida tras la celebración…
El día previo a la ordenación, viernes 29, tuvo lugar una vigilia de oración preparada por los estudiantes redentoristas de la comunidad de San Gerardo. En este año jubilar del Perpetuo Socorro me pusieron en las manos de María para que ella me vaya acompañando y guiando en este ministerio diaconal.
Ha sido una gran suerte poder contar con la cercanía de mi familia, de toda mi comunidad redentorista del Perpetuo Socorro, de la comunidad parroquial y de numerosos cohermanos redentoristas de otras comunidades que se hicieron presentes desplazándose a la celebración o con sus oraciones. A todos: ¡gracias!

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