"Ningún Cristo sin cruz, ninguna cruz sin Cristo" ¿Juego de palabras? ¿Trabalenguas? ¿Silogismo?... Nada de eso. Si sigues leyendo esta crónica descubrirás que es una de las grandes novedades de Aquel que hace todo nuevo. Lo hemos experimentado en Cercedilla las cerca de cincuenta personas que hemos compartido –de diferentes maneras a lo largo de estos días– esta Pascua del Señor. Novedosa, llena de Cruz “preñada de vida”, tocada por la Esperanza y vivida desde una inmensa y profunda Alegría.
Esta Pascua ha sido un auténtico regalo para quienes hemos podido vivirla. Una experiencia nueva que ha unido en la misma casa a Misioneros laicos, laicos, jóvenes y jóvenes adultos de la provincia. Cercedilla ha sido el punto de unión y la prueba evidente de que la riqueza está en el encuentro con los demás y que poco importan las edades o las situaciones personales cuando Quien nos convoca está en el centro de nuestra vida.
El miércoles comenzaron a llegar las primeras personas y, desde ese momento, el calor del encuentro y la alegría hicieron que el frío desapareciera, que el fuego de Dios nos fuera envolviendo y que comenzáramos a percibir que todo en Él se convierte en novedad.
El Jueves Santo sentimos el inmenso amor y el perdón del Señor, ese perdón que nos recuerda que Jesús quería darnos a conocer y vivir al Papá Dios todo cariñoso. Y lo experimentamos en un gesto precioso cargado de simbolismo: el lavatorio de los pies que el P. Pedro reprodujo en nosotros, tal y como Jesús lo hizo con sus discípulos. Una de las imágenes que se quedarán grabadas para siempre en nuestra memoria. Y un mensaje claro: “Haced vosotros lo mismo”. Celebramos todos juntos la cena del Señor y velamos y oramos junto a Jesús en el huerto de los Olivos.
El Viernes Santo nos adentramos en el misterio de la cruz. En el misterio del dolor que está presente en la vida de todo ser humano y en la novedad que Jesús trae, porque en Él, el sufrimiento cobra un nuevo sentido. Su cruz ya no es símbolo de sufrimiento inútil, sino de redención, de vida. A través de las figuras de Jesús, María, Verónica y Juan, nos situamos para vivir junto a Él el sufrimiento y el dolor; para descubrir que no todo el sufrimiento es en vano, para entender que no es posible “ningún Cristo sin cruz, y ninguna cruz sin Cristo”.
Jesús muere para ser fiel al plan de Dios y para que triunfen finalmente la resurrección y la vida.
La adoración de la Cruz fue otro de esos momentos emotivos de esta Pascua en los que arrodillados ante la cruz, quisimos estar junto a él, adorarlo, darle gracias, acompañarlo, como tantas veces hizo Él con quienes lo necesitaban… intentando ser como Juan, el discípulo fiel y como María que acepta todo lo que allí está ocurriendo, aunque su dolor es inmenso y tal vez no comprenda el por qué de tanto sufrimiento. Pero se fía de Dios y permanece al pie de la cruz.
El Sábado Santo explotó finalmente la alegría, el Señor resucitó en nuestros corazones y en nuestras vidas y esta alegría fue desbordante y plena.
La Vigilia Pascual preparada entre todos nos unió en la celebración de nuestra razón de ser: la vida y la resurrección de Jesús que nos invita a seguirle, a testimoniar su vida en nuestras obras, sin grandes alardes, con pequeños gestos que engendren vida y esperanza.
Han sido unos días muy especiales, en los que Jesús nos ha transformado, en los que hemos vuelto renovados y dispuestos a retomar nuestra vida cotidiana, pero por otro camino, una vía nueva cargada de retos.
Gracias a todos los que habéis hecho posible estos días: a los Misioneros laicos por su testimonio de compromiso en el servicio, a los laicos que han dado lo mejor de sí mismos, a los jóvenes adultos que han puesto toda la ilusión de su juventud, a los niños que nos han hecho comprender por qué Jesús nos recordó que para entrar en su Reino debíamos volvernos como ellos; gracias a Carlos Sánchez de la Cruz por la iniciativa al preparar esta Pascua compartida y su testimonio y al P. Pedro López que con su forma de ser ha sido el mejor ejemplo de cómo podemos seguir hoy a Jesús de Nazaret.
Que la novedad de Jesús nos acompañe todos los días y que nunca olvidemos amar al hermano, especialmente, a los desheredados de esta tierra porque en ellos está el Señor.
¡¡¡Cristo ha resucitado, resucitemos con Él!!!
Mamen Serrano Morales Parroquia del Santísimo Redentor (Madrid)