olonia. Aquel Santuario, corazón de toda la nación, rebosaba fe y esperanza en la presencia de miles de peregrinos. Fue un gran contraste visitar a continuación el antiguo campo de concentración de Auschwitz, espacio que nos recuerda la mayor tragedia de la historia. Desde allí nos dirigimos a Cracovia, un lugar ocupado por muchos recuerdos del papa Juan Pablo II. Además de visitar los lugares más representativos, disfrutamos de una comida con la actuación de un grupo folclórico. Tampoco faltó en el programa la visita a las Minas de sal de Wieliczka, con casi mil años de historia. La meta de nuestra peregrinación fue la capital de Polonia, Varsovia, una ciudad cuya historia de destrucción y reconstrucción –tanto física como espiritual– impresionó mucho al grupo. Destacamos como muy especial la Eucaristía celebrada en San Bennon, el concierto de música de Chopín y la cena de gala en un restaurante invernadero, al lado de la residencia presidencial.
Conmueve la atención y cariño que han expresado las diferentes comunidades redentoristas en las que hemos hecho parada. A ellos estamos muy agradecidos. Además, hay que destacar la participación, durante la peregrinación, de las Misioneras Laicas del Santísimo Redentor Pili y Mª Ángeles, del Perpetuo Socorro de Madrid, que nos ofrecieron la biografía de San Clemente con gran erudición y claridad en diversas celebraciones. Y es necesario agradecer enormemente la atención del P. Marek en la preparación y desarrollo de la peregrinación. Visitar el corazón de Europa es una forma muy adecuada para reconocer que nuestro continente aún nos desafía con los mismos retos que afrontó San Clemente. Nuestra peregrinación, pues, ha sido un buen impulso para nuestra misión.
Laureano Del Otero CSsR
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