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Tras las huellas de San Clemente
Crónica de la primera peregrinación de la Provincia Española
[ Del 5 al 12 de agosto de 2009 ]

Con el fin de celebrar el centenario de la canonización de San Clemente y conocer mejor el contexto en el que se desarrolló su impresionante acción evangelizadora, la Provincia ha organizado dos peregrinaciones a algunas naciones protagonistas de su vida: República Checa, Polonia y Austria. La primera peregrinación, dirigida fundamentalmente a laicos, se desarrolló entre el 5 y el 12 de agosto. Los peregrinos eran 48, tres de ellos misioneros redentoristas: PP. Damián (El Entrego), Marek y Laureano (Smo. Redentor de Madrid). Los laicos pertenecían a diversas comunidades: Asturias, Salamanca, Mérida, Granada, Madrid, Sevilla, etc., y destacamos la presencia de Misioneros Laicos del Santísimo Redentor y un Antiguo Alumno.

El camino por el centro de Europa tras las huellas de San Clemente comenzó por el final, es decir, se inauguró sobre las reliquias de nuestro protagonista. En la iglesia de Santa Maria am Gestade, sepulcro del santo patrón de Viena, celebramos la Eucaristía que daba paso a un recorrido intenso lleno de belleza, historia y espiritualidad. Así, el 5 de agosto visitamos la elegante ciudad de Viena, antigua capital del imperio austrohúngaro, con especial parada en la catedral de San Esteban –en la que se celebraron los concurridos funerales por el P. Hofbauer– y el convento de las Ursulinas. Al día siguiente la visita continuó por los bosques de Viena, el Palacio de Schonbrunn y el barrio Grinzing, entre otros lugares. Después de conocer la ciudad destino de la vida de Clemente, el 7 de agosto cruzamos la frontera y pusimos nuestros pies sobre la República Checa. Visitamos Tasowice, cuna de San Clemente, donde el párroco P. Tomás ilustró nuestra visita con explicaciones acerca del lugar y la situación actual de la Iglesia en su país. También lanzó la invitación a que más redentoristas se queden a vivir en ese pequeño lugar. En el vecino monasterio premostratense de Kloster Bruck (Znoimo), donde el futuro Clemente ejerció el oficio de panadero, nos deleitamos con una cata de vinos de la región. En varias ocasiones pudimos constatar la especial devoción que los panaderos tienen hacia Clemente como santo protector. Al anochecer llegamos a la capital del país, Praga, que visitamos en profundidad al día siguiente, atravesando en varias ocasiones su famoso Puente de Carlos.

El 9 de agosto pasamos al tercer y último país de nuestro peregrinaje, Polonia. Evocando la experiencia de Moisés, podríamos decir que lo primero que pisaron nuestros pies fue un lugar sagrado impresionante, el Santuario de Czestochowa. Celebramos una Eucaristía muy emocionante, asistidos por los cantos y las explicaciones del P. Marek Raczkiewizc, que nos transmitió la importancia de orar delante de la Reina de Polonia. Aquel Santuario, corazón de toda la nación, rebosaba fe y esperanza en la presencia de miles de peregrinos. Fue un gran contraste visitar a continuación el antiguo campo de concentración de Auschwitz, espacio que nos recuerda la mayor tragedia de la historia. Desde allí nos dirigimos a Cracovia, un lugar ocupado por muchos recuerdos del papa Juan Pablo II. Además de visitar los lugares más representativos, disfrutamos de una comida con la actuación de un grupo folclórico. Tampoco faltó en el programa la visita a las Minas de sal de Wieliczka, con casi mil años de historia. La meta de nuestra peregrinación fue la capital de Polonia, Varsovia, una ciudad cuya historia de destrucción y reconstrucción –tanto física como espiritual– impresionó mucho al grupo. Destacamos como muy especial la Eucaristía celebrada en San Bennon, el concierto de música de Chopín y la cena de gala en un restaurante invernadero, al lado de la residencia presidencial.

Conmueve la atención y cariño que han expresado las diferentes comunidades redentoristas en las que hemos hecho parada. A ellos estamos muy agradecidos. Además, hay que destacar la participación, durante la peregrinación, de las Misioneras Laicas del Santísimo Redentor Pili y Mª Ángeles, del Perpetuo Socorro de Madrid, que nos ofrecieron la biografía de San Clemente con gran erudición y claridad en diversas celebraciones. Y es necesario agradecer enormemente la atención del P. Marek en la preparación y desarrollo de la peregrinación. Visitar el corazón de Europa es una forma muy adecuada para reconocer que nuestro continente aún nos desafía con los mismos retos que afrontó San Clemente. Nuestra peregrinación, pues, ha sido un buen impulso para nuestra misión.

Laureano Del Otero CSsR