Felicitación Navidad del Superior Provincial

Feliz Navidad 2015

Estamos en el año de la Vida Religiosa, en el de la Misericordia y también en el año del Jubileo del Perpetuo Socorro. El Papa nos dice que Jesús es el rostro de la misericordia de Dios Padre. Lo es con sus palabras, con sus gestos, con toda su persona.  Nos preguntamos: ¿no podemos decir lo mismo de María? A Ella también la miró el Señor con misericordia y la eligió. La manifestación más grande de esta misericordia de Dios la celebramos en la Navidad. Dios, al encontrarse con nosotros, nos habla de ternura y de esperanza. No perdamos nunca estas dos actitudes tan navideñas en nuestras relaciones personales y en nuestro apostolado. Pensemos en la ternura y en la misericordia que Dios  ha tenido con nosotros.

Desde estas líneas de felicitación navideña os invito a vivir la misericordia. Ciertamente nos podemos preguntar por qué tenemos que vivirla. Yo diría que como redentoristas estamos llamados a ser signos visibles de lo que Dios es en sí mismo: Amor y Misericordia. Y también porque, como afirma el Papa, la misericordia es fuente de alegría, de serenidad y de paz. La misericordia sabe perdonarlo todo, va más allá de la mera justicia. El misericordioso trata a los demás como Dios nos trata a cada uno. Por todo ello nos deberíamos preguntar también: ¿cómo concretar la misericordia en nuestra vida cotidiana, en nuestras relaciones personales y comunitarias? El Papa nos invita a vivir las obras de misericordia. Todas ellas, las materiales y las espirituales, son un verdadero programa existencial.

Cuando contemplemos en estos días navideños el misterio de Belén pidamos llenarnos de  misericordia,  de ternura y de esperanza para llevarlas a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestros lugares de apostolado, de estudio, de relaciones… Que María, Perpetuo Socorro, nos ilumine y ayude en esta grandiosa tarea. Ella es la  estrella y el camino que nos enseña a salir de nosotros mismos y de nuestros intereses para ponernos en camino hacia la casa y la vida de los demás. Ella nos enseña a estar y a acompañar; a quedarnos junto a aquellos a quienes queremos ayudar y evangelizar. María acoge confundida la visita de los pastores y su noticia de que unos ángeles le han anunciado el nacimiento de su Hijo. Desde un principio reconoce en Jesús a alguien que trastoca sus planes, que la invita a dirigirse  por caminos insospechados.

A  todos los cohermanos, especialmente a los mayores y enfermos, a los de las Viceprovincias, a la misión de Albania, a las Madres Redentoristas, Oblatas y a todos los laicos asociados  que trabajan con nosotros, mi más sincero deseo de gozo y esperanza en el presente, y un tiempo de plena paz para el Nuevo Año 2016.

 

José Luis Bartolomé

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