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278 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN
DE LA CONGREGACIÓN DEL SANTÍSIMO REDENTOR
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN
9 de noviembre de 2010
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Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante; el templo miraba a levante. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. Me dijo: 'Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas Salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales'.
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Sal 45
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe.
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1 Corintios 3, 9c-11. 16-17
Hermanos: sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
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Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: 'Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: '¿Qué signos nos muestras para obrar así?'. Jesús contestó: 'Destruid este templo, y en tres días lo levantaré'. Los judíos replicaron: 'Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?'. Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
EVANGELIO LEÍDO |
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[ Agradecemos a Arguments su generosidad ] |
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≡ La Dedicación de un templo ≡

1. La Dedicación del Templo está de moda: la Sagrada Familia
En las sociedades antiguas, el templo representaba el centro de todo el entramado de relaciones personas y comerciales, políticas y económicas, de una sociedad. A él se acudía a pedir consejo, protección o bendición. Y del templo fluían (como ríos) todos los valores de esa sociedad, y a través del templo se regulaban las relaciones entre las personas. La presencia de lo divino señalaba e indicaba el ritmo de la vida.
En las sociedades modernas, no es así. Los grupos religioso no son determinantes para el gobierno de las sociedades en todos los países. En algunos lugares se reclama la expulsión de lo religioso de la sociedad. Lo dijo el Papa en el avión y sus palabras levantaron ampollas.
No se pueden contar las personas que el pasado domingo vieron la Dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Este recuerdo nos ayuda a celebrar esta fiesta: la Dedicación de la primera Catedral del mundo, la Catedral del Papa. La liturgia nos recuerda la importancia de muchas personas para conseguir la construcción del edificio santo. También series como Los Pilares de la Tierra nos ayudan a reconstruir en nuestra mente este largo y laborioso proceso.
La Palabra de Dios reclama lo sagrado que es el hombre. Somos templos de Dios, consagrados a él para el encuentro con los demás. No podemos sucumbir a otras cosas que nos influyen hoy, y mañana no serán. No vivimos en el mercado, sino en el gran templo de Dios que es la creación. Y el encuentro entre personas es una realidad sagrada, mística, espiritual, que nos trasciende.
2. Un nuevo espacio en el edificio eclesial: los Redentoristas
También hoy es un día de aniversario para la Familia Redentorista. La Iglesia dio a luz a los Redentoristas en Scala el 9 de noviembre de 1732. Allí, en un pueblo pequeño del sur de Italia, nació una comunidad pequeña, llena de ilusión y energía, pero también de dudas y miedos. Scala, “la escalera”, el nombre del lugar, era un recuerdo constante para ellos: no solo hay que dar pasos hacia delante, sino también hacia arriba. Jesús es el Redentor, el camino y también la cima de nuestras esperanzas, la meta de nuestros proyectos.
Los Misioneros Redentoristas nacimos tal día como hoy para hacer realidad un sueño dentro del Edificio de Dios que es la Iglesia: responder a la llamada de Jesús de ofrecer a los más abandonados la Buena Noticia del amor de Dios. Este sueño fue compartido por tres personas originalmente: San Alfonso, la monja María Celeste Crostarosa y el obispo Tomás Falcoia. Los tres descubrieron que podían hacer realidad un único sueño. Los tres subieron los peldaños de una escalera que les condujo a su verdadera vocación. María Celeste fundó las monjas Redentoristas, y San Alfonso creó la comunidad de misioneros Redentoristas. El día que nació eran sólo 6 misioneros. Y todavía tendrían que pasar mil y un avatares hasta llegar a los más de 5.500 que hoy se extienden por todo el mundo.
“Los redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de San Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra, y por la abnegación de sí mismo se mantienen disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo” (Constitución 20).
Los Redentoristas vivimos en comunidades misioneras, abiertos a la acogida y a la oración, como María. Compartimos con toda la Iglesia un mismo empeño: anunciar el Evangelio. Sabemos que no es una tarea exclusiva nuestra, pero nosotros vivimos exclusivamente para ella.
Para llevar el Evangelio a todos, especialmente a los más abandonados, desarrollamos nuestro compromiso pastoral en las misiones, las parroquias, los santuarios, la enseñanza teológica y moral, en la pastoral juvenil, en el ecumenismo, etc. Ningún campo nos es ajeno, porque en todos los lugares tenemos la misión de proponer el Evangelio como un camino de felicidad. Por eso, en las manos de un redentorista siempre está el Evangelio.
Desde los primeros encuentros de los Redentoristas con los pobres de Scala, la historia de nuestra Congregación ha estado marcada por la valentía de muchos de sus miembros, entre los que se cuentan Gerardo Mayela, Gennaro Sarnelli, Clemente Hofbauer, el obispo Juan Neumann, Pedro Donders, etc. El ejemplo de compromiso con el pobre de muchos redentoristas en el pasado y en el presente, nos da el coraje necesario para hacer frente al futuro.
Sabemos que la transformación del mundo sólo es posible desde el cambio personal del corazón y la respuesta al plan de Dios, que nos ofrece colaborar con él, donando por completo nuestra vida. Nos sentimos con la misma energía que los 6 primeros redentoristas que dieron comienzo a nuestra congregación hace 278 años, pero hoy nuestra vida está junto a ti, aquí, y también junto a otros muchos, que son más pobres. Es una vida que tú también puedes vivir.
Laureano Del Otero Sevillano CSSR

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