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XVIIIº DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B - 2 de agosto de 2009 |
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Éxodo 16, 2-4.12-15
La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto,diciendo: "¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad". El Señor dijo a Moisés: "Yo os haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi ley o no. He oído las protestas de los israelitas. Diles: Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan, para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios". Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas preguntaron: "¿Qué es esto?" -pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Es el pan que el Señor os da para comer". |
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Salmo 77
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder,
las maravillas que realizó.
Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio pan del cielo.
El hombre comió pan de ángeles,
el Señor les mandó provisiones
hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras
hasta el monte que su diestra había adquirido.
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Efesios 4, 17.20-24
Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente. Pero no es este el Cristo que vosotros habéis aprendido, si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme la verdad de Jesús a despojarnos, en cuanto a nuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias, a renovar el espíritu de vuestra mente, y revestios del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.
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Juan 6, 24-35
Cuando vio la gente que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: "Rabí, ¿Cuándo has llegado aquí?" Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello." Ellos le dijeron: "¿Que debemos hacer para actuar como Dios quiere?" Jesús les respondió: "Lo que Dios espera de vosotros es que creías en quien él ha enviado." Ellos entonces le dijeron: ¿Qué señales haces para que viéndola creamos en ti? ¿Que obras realizas? Nuestros padres comieron maná en el desierto, según esta escrito: Pan del cielo les dio de comer." Jesús les respondió: "En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el pan que baja del cielo y da la vida al mundo." Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan." Les dijo Jesús: "Yo soy el pan de la vida. El venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed."
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¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?
Esta pregunta del Evangelio nos sirve para reflexionar en este domingo veraniego. La pregunta enlaza todas las lecturas, ofreciéndonos de nuevo la Buena Noticia que salva nuestras vidas y las llena de paz. San Pablo, en la Segunda Lectura, nos invita a renovar nuestra mente y nuestro espíritu, desechando el hombre viejo que vive en nosotros. El hombre viejo es la caricatura de lo que "nos dejamos ser" cuando vivimos instalados en el conformismo y solamente buscamos seguridades personales. El hombre viejo es la persona que se deja llevar por la corriente, que no cuestiona su modo de vida, aceptando que las cosas son como son y no hay más remedio que resignarse.
El Hombre Nuevo es la persona que crece y madura a imagen de Jesús de Nazaret. Dos cualidades le identifican: la justicia y la santidad. Justicia -que en la Palabra de Dios tiene que ver con la salvación- que es dar a cada cosa su importancia, valorando siempre el plan de Dios por encima del egoísmo que inunda muchos rincones de nuestra vida. La santidad es la capacidad de reconocerse hijos de Dios, santos porque Dios nos hace santos al ofrecernos otra forma de vida y la construcción de otro mundo.
La señal de este Hombre Nuevo es el mismo Pan de la Eucaristía. Cada vez que celebramos la Cena del Señor, se anuncia que otro tipo de personas es posible, y que Dios nos convoca a contemplar las señales de una nueva humanidad, que vive el mandamiento del amor. Porque la vida eterna es un amor incondicional entregado por y para nosotros.

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