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XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B - 11 de octubre de 2009
 

Sabiduría 7, 7-11
Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espirítu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

 
 

Sal 89, 12-13. 14-15. 16-17

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.

Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

 
 

Hebreos 4, 12-13
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos, juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

 
 

Marcos 10, 17-30
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre». Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño». Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego síguerne». A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!». Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios». Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo». Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna».

 

≡ Después de hablar con Jesús... ≡

¿Cómo te sientes cada domingo cuando termina la misa y sales fuera de la Iglesia? ¿Cómo te sientes cada vez que rezas o te pones a hablar con Dios? Algunos días salimos con la sensación de que nada nuevo ha pasado. Otros, nos ha nacido un pequeño interrogante en el corazón y nos está dando vueltas durante toda la semana.

Un joven se acercó a hablar con Jesús. Siempre que hablamos con Jesús, él nos ofrece una Buena Noticia. Para salvarte y vivir para siempre has de respetar tu entorno: no mates, no mientas, honra a tu familia, etc. Pero escucha: si quieres conseguir algo más, si deseas ser feliz desde ahora, participa en el Reino de Dios. Déjalo todo, entrégaselo a quien lo necesite, y tú, sin nada, desnudo y vacío, vente conmigo.

Aquel que se acercó a Jesús se fue triste. Se fue muy triste. El encuentro con Jesús, que nosotros siempre calificamos de bueno y provechoso, para él fue triste. Un desastre. Se fue triste “porque era muy rico”.

¿Qué efecto tiene el encuentro con Jesús? Para nosotros, Jesús se revela como la Sabiduría de Dios, la Palabra de Dios viva y eficaz, más tajante que una espada de doble filo. En la primera lectura, el que pide la Sabiduría, nos dice que la prefiere más que la salud, la belleza y la luz. Para nosotros, la salud es lo último que deseamos perder. Decimos: “Bueno, que tengamos salud al menos…” ¿Qué tiene Dios para que este hombre lo prefiera más que la salud?

Dios es bueno. Pero no solo es bueno para nosotros, sino que es nuestra mayor riqueza. Si no fuera por Dios, ¿quién podría salvarse? Los discípulos, después de ver la tristeza de aquel que preguntó a Jesús, tienen dos reacciones. La primera, se extrañaron. Parecía que Jesús hacía muy difícil la felicidad. La explicación de Jesús sobre lo destructivas que son las riquezas les calma. La segunda reacción de los discípulos es manifestar a Jesús que ellos han dejado todo por el Señor. Y Jesús les promete que todo lo que se deja se recibe multiplicado cuando uno se entrega por entero a la construcción del Reino.

Hoy se está produciendo un encuentro con Jesús. Él nos mira con cariño. Él nos ofrece un mínimo para alcanzar paz, seguridad y salvación: lo que en la Ley judía son los mandamientos. Pero nos ofrece disfrutar de la salvación desde ahora mismo. Nada es más importante que él, por eso conviene que nada ocupe el primer lugar, por muy bueno que sea. Si nuestra riqueza es la familia, lo que hemos conseguido, el puesto de trabajo, etc… Jesús nos reclama seguirle. Sólo así se llega a la felicidad hoy mismo, y no se deja para el futuro.

L. Del Otero CSsR

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