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XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo
Ciclo B - 22 de noviembre de 2009 |
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Daniel 7, 13-14
Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.
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Sal 92
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa, Señor,
por días sin término.
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Apocalipsis 1, 5-8
Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso».
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Juan 18, 33b-37
En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: - «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: - «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: -«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». Jesús le contestó: - «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: - «Conque, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: - «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
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≡ Su reino no tendrá fin ≡
Éste es uno de esos domingos en los que las tres lecturas se unen hábilmente al significado de toda una fiesta. Que Cristo es Rey, no queda ninguna duda. En todas las iglesias del mundo hay una imagen de nuestro Redentor sobre el trono de amor que es la cruz. Su cabeza sigue circundada por las espinas que en la burla le colocaron los soldados del imperio del momento.
La profecía apocalíptica de Daniel nos habla de una ‘especie de hombre’ que recibe el poder, el honor, el reino, y al que todos sirven. Un ser desconocido, quizás ‘un hombre cualquiera’, recibe el poder. Sin embargo, el Apocalipsis describe a Jesucristo como el ‘testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra’. Un rey poderoso sobre la muerte, fuerte en fidelidad, que ha establecido su reino por el vínculo del amor que se ha derramado en el mundo con su sangre. No es desconocido, pues tras su muerte y resurrección se ha manifestado su auténtica identidad y misión: la salvación.
Finalmente, un diálogo íntimo entre el “poderoso” y el Dios no-poderoso nos lleva de nuevo a sondear el verdadero significado de esta celebración: el mundo camina hacia el establecimiento del Reino. Un reino de amor, verdad, libertad, justicia, amor, etc.
Jesús es Rey. Es Rey y así lo celebramos porque él mismo lo dijo de sí mismo: “Tú lo dices, soy Rey”. Celebrar esta fiesta es creer en sus palabras. Pero su reino no es de este mundo, ni siquiera es un despacho importante en uno de los palacios presidenciales de los estados modernos. Su reino es un reino de verdad, donde el poder es el poder hacer algo y transformar la realidad.
En este último domingo del año litúrgico, echamos la vista hacia atrás (¡ha pasado un año!), y nos preguntamos: ¿qué hemos descubierto de Cristo después de recorrer, una vez más, toda su vida, pasión, muerte y resurrección? ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida?
Rey es una palabra fuerte, que nos habla de poder, de honor, de respeto, de adoración. Sentimientos que tienen las personas ante alguien que ostenta una dignidad elevada. La dignidad de Jesús está elevada sobre la tierra por los palmos que le separan del suelo, colgado en la cruz. Jesús es Rey, y sólo él tiene el poder de dar sentido a todo, y de lanzarnos por encima de todo, hacia la eternidad.
L. Del Otero CSsR

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