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SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO REDENTOR
Fiesta propia Redentorista - 18 de julio de 2010 |
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Isaías 55, 3-5
Escuchadme atentos. Prestad oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones. Tú llamarás a un pueblo desconocido; un pueblo que no te conocía correrá hacia ti: por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel que te honra. Buscad al Señor mientras podéis encontrarlo, invocadlo mientras está cerca.
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Isaías 12
El Señor es mi Dios y Salvador,
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación,
y diréis en aquel día:
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a todas la tierra.
Gritad jubilosos, habitantes de Sión:
¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel!
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Romanos 5, 12. 17-19
Hermanos: lo mismo que por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron... Si por la culpa de aquél, que era uno solo, la muerte inauguró su reino, mucho más los que reciben a raudales el don gratuito de la amnistía vivirán y reinarán gracias a uno solo, Jesucristo. En resumen, una sola culpa resultó condena de todos, y un acto de justicia resultó indulto y vida para todos. En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos.
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Juan 3, 13-18. 21
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En cambio, el que realiza la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
EVANGELIO LEÍDO |
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[ Agradecemos a Arguments su generosidad ] |
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≡ Santísimo Redentor ≡

1. La Misión anuncia la Redención
Hoy es un día de fiesta para la Familia Redentorista, que pone sus ojos en Cristo Redentor, el Hijo de Dios que ha completado su misión de anuncio y entrega, de muerte y resurrección, y ha confiado su misma misión a todos los que le siguen. Hoy nos sentimos felices de ser en la Iglesia Redentoristas: misioneros de la sobreabundante redención de Cristo.
2. La condena y la vida: ¿qué es la salvación?
Hablar de vida, condena y redención nos parece usar un lenguaje antiguo, un lenguaje religioso desfasado, arcaico y anticuado. Sin embargo, las condenas son actos habituales entre nosotros. Es más, hasta existe una diferenciación social muy clara, que delimita dos tipos de condenas: una negativa o jurídica, que es la que se aplica a los delincuentes; y otra positiva, social, que es la condena que significa rechazo y repulsa, un acto público para repudiar una situación.
Condenar es la palabra que utiliza San Pablo para hablarnos del misterio del mal y del pecado, en las lecturas de hoy: y habla de ‘condena’ porque descubre que el pecado y el mal es algo que nos viene dado, que nos pasa, que no sabemos porqué, y que algunos hasta se cree que les sucede porque lo tienen merecido. Por eso se habla de condena cuando nos referimos a enfermedad, a la muerte o a la injusticia.
3. La figura del Redentor
Redimir significa volver a comprar, pagar para adquirir algo que anteriormente era de nuestra propiedad. Va más allá de recuperar. En Cristo, Dios nos rescata, que es lo que quiere decir que Dios redime y que Cristo es el Redentor.
El Redentor es el que rescata: la salvación es amor que rescata, que restituye, que devuelve a la vida, que recupera para nosotros la libertad, la dignidad, la autonomía, la verdad. Dios nos rescata la vida. Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo: como rescate de las garras de la muerte, y como liberación por la palabra misionera de Vida.
L. Del Otero Sevillano CSsR

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