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SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA
Ciclo C - 15 de agosto de 2010 |
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Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: -«Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»
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Salmo 44
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
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1 Corintios 15, 20-27a
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.
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Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -«¡ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: -«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo habla prometido a nuestros padres - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
EVANGELIO LEÍDO |
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[ Agradecemos a Arguments su generosidad ] |
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≡ María y el futuro de liberación ≡

En el corazón de cada persona hay una intensa sed de amor y libertad. Todos los hombres deseamos encontrar un amor sin sombra, pero experimentamos muchas limitaciones a la hora de realizar nuestro anhelo. Porque a veces nuestro amor se convierte en posesión: y dejamos de querer a personas y cosas para poseerlas, hacerlas propiedad exclusiva.
Dentro de esas cosas que poseemos están, muchas veces, situaciones dolorosas de las cuales ya no sabemos liberarnos. Modifican nuestro carácter y nos hacen ser lo que no somos: egoístas, narcisistas, agresivos, etc. La liberación, para los cristianos, es saberse profundamente amados por Dios y vivir en confianza.
Para María, sin duda, libertad significaba Dios. Y cuando Dios le propuso entrar en su vida y darle una vocación concreta, ella aceptó con libertad ser la Madre de Jesús. En su corazón había una gran libertad, para desprenderse de sus proyectos y acoger el proyecto de Dios como el camino de su vida.
Santa María es signo de liberación para nosotros porque ella recorrió el camino hacia la libertad, que es seguir a Jesús. Quiso vivir las nuevas relaciones del Reino de Dios que Jesús nos ofrece: los pobres arriba, los ricos debajo. María habla de los soberbios de corazón y de los poderosos, que piensan que viven en libertad y son esclavos de las cosas. No reconocen a Dios porque su corazón está pegado a las cosas... y rechazan la presencia de Dios. María era plenamente consciente, al afirmar las maravillas de la liberación de Dios, de que Dios actúa en la vida de los hombres, y que su acción es eficaz.
No creemos en sentimientos espirituales, sino en experiencias reales de liberación. Y venerar a María es reconocer que Dios contó con ella y cuenta conmigo para liberar a mis hermanos. Y situarla en esta fiesta en lo alto del cielo es estar convencidos que el futuro siempre es de liberación, de resurrección, como el de Cristo. Ella es la garantía de que Dios actúa en la historia. Dios confía en el hombre, Dios confía en ti: ha asistido a los hombres para liberarse de los yugos opresores, y las palabras de María se han cumplido: “ha ensalzado a los humildes”, señalando la propuesta de Jesús: “quien quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor”.
Laureano Del Otero Sevillano CSSR

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