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PASCUA DE RESURRECCIÓN
Ciclo C - 4 de abril de 2010 |
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Todas las lecturas para este día pueden verse aquí.
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≡ ¿Dónde han puesto al Señor?
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1. Jesús ha resucitado: ésta es la fe de la Iglesia
La mañana de Pascua, María Magdalena estaba junto al sepulcro, sorprendida porque estaba vacío. A su cabeza acudió de repente una lógica explicación, que le tenía desconsolada: “Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto” (Jn 20, 13). La Pascua, la Resurrección del Señor, nos invita a buscar el rostro de Dios, movidos por ese sentimiento doloroso que es no saber dónde se le puede ver, dónde le podemos encontrar, en una palabra “dónde lo han puesto”.
La fe de la Iglesia nos transmite la certeza de que en la muerte no acabó todo. De los primeros creyentes tenemos el testimonio concorde de que Jesús está vivo para siempre. Su muerte se transformó en un paso (pascua). En esta verdad de fe se basa nuestra creencia en una vida eterna, para siempre, inmortal.
2. El entusiasmo de los que vieron su rostro
La resurrección constituyó, desde el primer momento, el fundamento de la predicación de los apóstoles. Los primeros cristianos hablaban de ella con emoción, y nunca con distancia, sino participando de ella. Era, por tanto, el elemento esencial del kerygma o primer anuncio de la Buena Noticia.
Pablo consideraba la resurrección como la piedra angular del misterio de Cristo, y así lo escribe a los creyentes de Corinto: “Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos ser unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho si es verdad que los muertos no resucitan...” (1 Cor 15, 14-16). Para justificar la realidad de este acontecimiento, Pablo remite al fragmento más antiguo de la catequesis cristiana: “Porque lo primero que yo os transmití, y que a su vez yo había recibido, fue esto: que Jesucristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras, que se apareció a Cefas y, más tarde, a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales todavía viven, otros han muerto; después se apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último a mí, como a un aborto, se me apareció” (1 Cor, 15, 3-8).
3. Hoy comienza la misión de la Iglesia
Que Jesús ha resucitado es tan novedoso que sus seguidores comenzaron a anunciarlo sin perder tiempo. La Iglesia surge de este acontecimiento. No creemos en Jesús porque fuera bueno, predicara principios éticos útiles o hiciera milagros. Eso lo han hecho otros también. Creemos en él porque está vivo, y podemos ver su rostro.
Mientras Jesús vivió, no fundó ninguna Iglesia ni comunidad. Lo que había era un grupo de seguidores que le acompañaban por los caminos de Galilea y Judea. Por eso no hablamos de Iglesia hasta la resurrección, porque en ese momento surge una comunidad diferente a la de Israel, con la Buena Noticia del Señor vivo y resucitado. Y es una comunidad distinta, sin cultos ni ritos: sólo les une anunciar lo que han visto y oído, que Jesús está vivo.
Desde aquella mañana de Pascua, la Iglesia existe con el único cometido de anunciar la resurrección del Señor y su presencia en el mundo como Vida. Todo lo demás surge de esta misión: el bautismo para participar de su muerte y resurrección, la acción de gracias o eucaristía en su memoria, la concesión del perdón de los pecados y el servicio al prójimo y a los más necesitados de la tierra.
Todos los cristianos del mundo nos sentimos unidos por participar del mismo Espíritu de este Señor que está vivo para siempre y que nos habla, nos mira, nos ayuda, nos fortalece, nos ama, nos perdona, nos llama. La Pascua es nuestra razón de ser: estamos vivos en la vida de Dios, que nos amó y se entregó por nosotros.
L. Del Otero CSsR

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