BAUTISMO DEL SEÑOR
Ciclo C - 10 de enero de 2010
 

Isaías 42, 1-4.6-7
Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas».

 
 

Salmo 28, 1a.2-3ac-4.3b.9b-10
Hijos de Dios,
aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!».
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.

 
 

Hechos de los Apóstoles 10, 34-38
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: - «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

 
 

Lucas 3, 15-16.21-22
En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: - «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino un voz del cielo: - «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».

 

≡ Un bautismo distinto ≡

El Tiempo de Navidad concluye con la entrañable fiesta del Bautismo del Señor, que abre la puerta de nuevo al Tiempo Ordinario. Esta fiesta del Bautismo está unida a la Epifanía, y son ambos un mismo misterio: la manifestación del Hijo de Dios. En el día de la Epifanía, Jesús se manifestaba como Rey de los pueblos ante los Magos, venidos desde Oriente siguiendo una estrella. Ahora Jesús se muestra como Mesías y Salvador ante el pueblo de la promesa, ante los judíos, el pueblo que esperaba un Mesías liberador.

El libro de la Consolación de Isaías es un buen resumen de todas las esperanzas que ha ido almacenando Israel en años de opresión y destierro. Porque si hay algo genial en la experiencia del Pueblo de Dios es que ninguna catástrofe o dificultad ha minado su esperanza. Al final del túnel siempre hay una gran luz. Esta esperanza basta para llenarles de entusiasmo y hacerles poner en camino. No vemos aquí rastro del proceder de Herodes hace unos días; es la forma de ser y de actuar del auténtico creyente, el pobre de espíritu y corazón orante, la que aparece aquí reflejada. Vendrá el Mesías y habitará junto a nosotros.

El Mesías no es Juan, porque él mismo reconoce que su bautismo es sólo un bautismo de conversión. Pero Dios propone al hombre no sólo cambiar de vida y convertirse, sino participar de su misma vida en Jesús. Por eso el Bautismo de Jesús es distinto: en él, Dios revela la identidad y misión de Jesús, y nos ofrece a todos el participar de esa identidad y misión.

En el episodio del Bautismo, Jesús escucha la voz del Padre que le revela (a él y a los que asisten al Bautismo) quién es: "Tú eres mi hijo, el amado, el predilecto". Así, el Padre revela a los hombres que Jesús es el Mesías que liberará a todos los hombres a través de este mismo bautismo que él ha recibido. Y su misión será la liberación y el consuelo del pueblo, como profetiza la primera lectura.

Apenas llevamos unos días del Año Nuevo, y éste puede ser un buen comienzo para nosotros: renovar el bautismo que recibimos. En este domingo, hacemos memoria de nuestro "segundo nacimiento" a través del agua y del Espíritu. Sabemos que en nosotros se derramó la gracia de Dios que nos hace participar en esta dinámica de crecimiento que llamamos fe. Sabemos que en nosotros habita el Espíritu de Dios, su Fuerza y su Amor, que va desarrollando en nosotros los mismos sentimientos de Cristo.

Una invitación para todos a renovar el bautismo: que en este año dejemos que el Espíritu de Dios nos mueva, nos guíe, nos haga semejantes a Jesús. Que la Iglesia escuche con valentía la voz del Espíritu derramado sobre Cristo en este día. Que todos los pueblos reconozcan que Jesús es el Mesías que necesitamos: hombre para los demás, amor de todo amor.

L. Del Otero CSsR

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