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III DOMINGO DE ADVIENTO
Ciclo C - 13 de diciembre de 2009
 

Sofonías 3, 14-18a
Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta».

 
 

Is 12, 2-3. 4bed. 5-6
El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel».

 
 

Filipenses 4, 4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

 
 

Lucas 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: - «¿Entonces, qué hacemos?». Él contestó: - «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: - «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?». Él les contestó: - «No exijáis más de lo establecido». Unos militares le preguntaron: - «¿Qué hacemos nosotros?». Él les contestó: - «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga». El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: - «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

 

≡ Respuestas asequibles ≡

Parapetado tras la estética penitencial de la piel de un camello y situado en nuestra imaginación en un escenario siempre hostil como el desierto (aunque en realidad él estaba en la orilla de un río y no lo pasaba tan mal), Juan el Bautista no parece un modelo asequible para quien quiere colaborar con Jesús.

Y, sin embargo, el encuentro de varias personas con él que se narra en el Evangelio nos traslada ante la presencia de un hombre práctico con respuestas sencillas.

Ser profeta no es echar grandes discursos sobre orografía, árboles que surgen entre arenales y animales salvajes que conviven con los domésticos. Eso es más de los del Antiguo Testamento. Lo de Juan es el discurso breve y directo: “Dios viene, luego ¡cambia!”.

Los que le escuchan no saben muy bien cómo hacerlo (como nosotros): ¿qué tenemos que hacer? Pues muy sencillo, diría él: colaborar a que el mundo sea un poco mejor. Aplica un poquito de “justicia casera” y comparte al menos lo que te sobra, pues realmente no lo necesitas para vivir.

Luego vienen los ejemplos prácticos: que haces negocios con el dinero, pues no hagas de ello el centro de tu existencia; que trabajas para el estado, pues no extorsiones, no te aproveches de tu posición, no “saques tajada”. Vive la alegría de ser un colaborador de Jesús.

Juan nos ayuda hoy con palabras sencillas, fáciles, eficaces. Como él, nuestra forma de hablar, de tratar a los demás, de trabajar o estudiar, también manifiesta si el primer puesto de nuestra vida lo ocupa el amor servicial o nuestros propios intereses.

El cambio que Juan nos propone orientará nuestra esperanza hacia una colaboración más concreta y realista con Jesús. Dejemos paso al Señor, ocupando un discreto segundo plano que manifieste que Dios ya está con nosotros hace tiempo. Dios está con nosotros, y -como nos señalan Sofonías y Pablo- su presencia es nuestra alegría.

L. Del Otero CSsR

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