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EPIFANÍA DEL SEÑOR
Ciclo C - 6 de enero de 2010
 

Isaías 60, 1-6
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

 
 

Salmo 71, 1-2.7-8.10-11.12-13
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenla protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

 
 

Efesios 3, 2-3a.5-6
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

 
 

Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: -«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y , venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: -«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel"». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: -«ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

 

≡ La estrella: un nuevo referente ≡

Hace unos días se ha inaugurado en Dubai el (por ahora) edificio más grande del mundo. Dicen todos los medios de comunicación que puede verse desde noventa kilómetros. Tiene más de 800 metros de altura. Es un prodigio del progreso humano, sin duda alguna. Pero la verdad es que recuerda mucho a esa historia ya antigua de una torre que construyeron buscadores de fama y de prestigio, que se vieron derrumbados por la fuerza de la naturaleza y del Dios que enseña humildad y solidaridad como camino de encuentro con la felicidad.

El ingeniero que la ha construido declara en los medios que esta Torre Dubai será “un nuevo referente…” ¿de qué? ¿De poder, del dinero y del lujo que se instala en un rinconcito de la zona más conflictiva del mundo? Esta torre, construida para ser vista desde el desierto y el mar (y nadie vive en el desierto ni en el mar) no eclipsará los problemas y proyectos de nuestro mundo. Lamentablemente, no será un referente de fraternidad universal o de un avance de la cooperación de las naciones en la construcción de una sociedad más justa y pacífica.

Esta torre no eclipsará la estrella que este día cruza millones de hogares, en un intercambio de obsequios que nació cuando el Hijo de Dios recibió una visita extraordinaria. Ninguna torre impedirá que observemos las estrellas y busquemos un destino común nuevo y feliz para todos.

Es verdad que tantas luces y prisas han creado espacios cotidianos en los que parece imposible ver las estrellas. La simple contemplación del universo ha pasado a ser un objeto de lujo (que pasar unos días en la Torre Dubai) que sólo se puede hacer a través de preciosos power points que nos envían, o saliendo unos días al campo. Sin embargo, mirar a las estrellas es el secreto del misterioso y gozoso hallazgo de tres hombres dedicados a la astrología y la magia y que se han convertido en más populares que Barack Obama.

Los magos no tienen nombre, pero tienen corazón y ojos. Herodes, conocemos su nombre de sobra, no siente ningún interés por dar crédito a la Palabra de Dios, en contraposición de aquellos paganos que sí dan crédito a la estrella que brilla con un brillo nuevo. ¿Es más fácil creer o no creer?

Lo que está claro es que si no miramos a las estrellas, no podremos encontrar a Dios. La estrella sí es un nuevo referente. Dios se manifiesta en la naturaleza, en las personas, en la mirada brillante de los niños rebosantes de alegría en esta noche de ilusiones y regalos. Regalar, porque Dios nos ha regalado infinitamente más que lo que nosotros le entregamos a él.

Los dones de aquellos Magos nos enseñan el significado de la acción de regalar: el regalo expresa que conocemos a esa persona. Los Magos le ofrecen: oro, porque saben que él tiene el poder; incienso, porque es el único Dios; mirra, pues morirá y su cuerpo ungido resucitará de entre los muertos.

¿Qué hemos regalado? ¿A quién hemos regalado? El sentido del regalo es la adoración. Nosotros ofrecemos a alguien lo que sabemos que puede formar parte de sus ilusiones o necesidades. Los Reyes, en cambio, ofrecen dones que representan el valor de la persona a la que adoran. ¿Cómo, entonces, podemos adorar a Cristo? Ofreciéndole nuestros dones: no hay mejor acto de adoración que entregar los dones que de él recibimos convertidos en frutos, en hechos, en buenas obras, en talentos explotados hasta conseguir diez veces más. Ahí está el brillo de la estrella que nos guía a compartir: un nuevo referente en la humanidad. No somos Herodes, rey satisfecho que ni siquiera va a ver el prodigio anunciado por los magos y su estrella. Él confía en “su” buena estrella, no en la de Dios. Nosotros, en cambio, nos dejamos guiar. Volvemos mañana a la vida diaria, con nuevos dones que podemos compartir, y ese será nuestro mejor regalo.

L. Del Otero CSsR

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