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SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
Ciclo C - 1 de enero de 2010
 

Números 6, 22-27
El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz". Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré».

 
 

Sal 66, 2-8
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe.

 
 

Gálatas 4, 4-7
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abbá! (Padre)." Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

 
 

Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

≡ Santa María, Madre de Dios ≡

Si el 1 de enero da comienzo al Año Nuevo 2010 es porque María dio a luz en Belén a Jesucristo, el Hijo de Dios, la Palabra hecha carne. Si no hubiera ocurrido el nacimiento del Señor, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, la historia seguramente tendría otra referencia que la tradicional “a.C.” o “d.C.”. Hoy, la hoja del calendario no sólo da paso a un día/año nuevo, sino que nos revela que el tiempo tuvo su punto culminante en el nacimiento del Señor. La fiesta de la Navidad es el quicio sobre el que gira y se transforma la historia en un camino de amor y solidaridad universal.

María porta en sus manos al Señor de los años, de las estaciones, de los meses y los días, y al mostrar a Jesús a los pastores, les indica que Él es la plenitud de los tiempos. La bendición de Dios es el Hijo que sostiene entre sus brazos, el Hijo que Dios pone en brazos de mujer para que sea ella la que muestre a sus hermanos quién es su Dios. María entrelaza las manos para sostener, suspendido en el tiempo, al que trae la paz de parte de Dios Padre.

Y ésos son los motivos de alegría y de celebración en esta fiesta de la Maternidad divina: que Dios ha bendecido a su pueblo con la paz, que es Jesucristo, su Hijo amado. Con el apóstol Pablo podemos rezar: “¡Abba, Padre!” al contemplar el misterio de la Virgen Madre.

El relato del Evangelio nos tiende una invitación, un reto: contad lo que habéis visto y oído del Niño que nació en Belén. María fue testigo de lo que relataban estos pastores, maravillados por ser auténticos testigos de que la Palabra de Dios se cumple, se encarna. María llevó todas estas cosas en su corazón, y pudo tejer con ellas la voluntad de Dios sobre su vida y sobre la misión y destino de su Hijo.

Todo un año es una bendición de Dios para nosotros. Un regalo para contar las maravillas de Dios, alabarle y darle gloria, sentirnos responsables del “rebaño del Cristo que ha nacido” y nombrar a Jesús en cada rincón de la tierra: “conozca la tierra sus caminos, todos los pueblos su salvación”.

L. Del Otero CSsR

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