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INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
8 de diciembre de 2010 |
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Génesis 3, 9-15.20
Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: -«¿Dónde estás?». Él contestó: -«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí». El Señor le replicó: -«¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?». Adán respondió: -«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí». El Señor dijo a la mujer: -«¿Qué es lo que has hecho?». Ella respondió: -«La serpiente me engañó, y comí». El Señor Dios dijo a la serpiente: -«Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la el talón». El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
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Sal 97, 1.2-3ab.3c-4
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.
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Efesios 1, 3-6.11-12
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.
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Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: -«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: -«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: -«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: -«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra». Y la dejó el ángel.
EVANGELIO LEÍDO |
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[ Agradecemos a Arguments su generosidad ] |
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≡ Hágase en mí ≡

1. Inmaculada Concepción
La Inmaculada Concepción de la Virgen María es un título demasiado largo y pomposo para esta gran Mujer, testigo privilegiado de nuestra fe. Quizás el haber usado palabras tan "altas" con María ha hecho que ella forme parte de esas personas a las que sólo cabe admirar, porque es tan sublime su vida, que ninguno de nosotros podría conseguir algo semejante en su existencia.
Palabras tan potentes como Inmaculada, Purísima, Santísima, quieren poner de relieve un cariño muy grande del Pueblo de Dios a la Madre del Señor, pero al mismo tiempo, en este día de fiesta en su honor, deberíamos dejar claro que pueden conducirnos a "separar" a María de nosotros.
Y sin embargo, lo mejor de María es su "normalidad", ser alguien corriente, ser "una más", o en lenguaje paulino, si se quiere, "una de tantas y tantos". Porque María, si está lejos, no nos sirve de nada. Es más, María no puede hacer nada por nosotros si aumentamos la distancia entre ella y nosotros, ya sea con títulos, con flores y velas, que rellenan el espacio que hay -insistimos- entre ella y nosotros.
2. María, signo de la ausencia de distancia entre Dios y nosotros
Dios Padre, al elegirla para ser la Madre del Señor, hizo todo lo contrario. Eliminó la distancia entre ella y Él, y ése es el misterio que celebramos en el día de hoy. Dios se acerca a nosotros.
El Adviento nos recuerda que no somos nosotros los que vamos hacia Dios: es Él quien viene a nuestro encuentro. Dios siempre nos busca, nos une a él, nos incluye en su plan de salvación. Las velas y las flores, signo de amor y devoción, son nuestras. Dios ha eliminado lo que separa a las personas de Él.
La primera lectura es un claro ejemplo de esta manía nuestra de separarnos de Dios y de los demás. El fruto del paraíso creo miedo, vergüenza, recelo, y el espacio entre las personas se hizo más grande, y se rellenó de este miedo. Adán toma distancia de Eva, Eva de Adán, y ambos de Dios, al acercarse y asociarse con la serpiente. Pero las serpientes no hablan, ni son socios de nadie; a lo más, pican y envenenan. Existe una distancia entre personas cuando el miedo desplaza al amor.
La Inmaculada Concepción de María es un cambio en la historia: desparece la distancia entre las personas y Dios. El miedo es sustituido por el amor, que es la sombra de Dios que nos cubre, el Espíritu que nos inunda desde dentro.
El Padre Dios envió a su Hijo para destruir la distancia entre nosotros y Dios, y María es la primera que acoge este misterio de asociación, de unión, de participación. Menos títulos, menos velas y menos flores, y más cercanía a Dios, y a María también. Somos "socios" del Señor, y la Inmaculada Concepción es la expresión que recoge la decisión de tomar distancia de la serpiente (el mal en todas sus dimensiones) y asociarse con Dios y la fuerza poderosa de su amor. Quien está cerca de Dios, está lejos del pecado, del sufrimiento y de la violencia.
L. Del Otero Sevillano CSsR

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