Los Redentoristas en España

150 aniversario (1863-2013)

En 1732, en una pequeña aldea del sur de Italia llamada Scala, San Alfonso Mª de Ligorio fundaba la Congregación del Santísimo Redentor, popularmente conocida como Misioneros Redentoristas. Eran un puñado de misioneros que se dedicaban a anunciar el Evangelio a los más abandonados, a través de las misiones populares. Aquel pequeño grupo, que nació con no pocas dificultades, no se imaginaba que acabaría siendo muy numeroso y extendido por todo el mundo, también en España. Pero los caminos del Señor no son nuestros caminos, y ahora nos toca narrar y celebrar esta historia para mostrar cuál fue el camino que condujo a los Redentoristas a establecerse en España.

Llegada a la Península Ibérica y viaje a Madrid

Toda historia tiene su prehistoria, y ésta comienza en Portugal. Los Redentoristas se establecieron por primera vez en la Península Ibérica en 1826. El Rey Juan VI deseaba que una comunidad religiosa atendiera a los alemanes y austriacos de  Lisboa, y el P. Passerat, responsable de los redentoristas centroeuropeos, envió un grupo de austriacos.

En 1830 el rey de España, Fernando VII, va a contraer matrimonio con su cuarta esposa, María Cristiana de Borbón. Era hija de los reyes de Nápoles y su confesor era el P. Cocle, Superior General de los Redentoristas. El P. Cocle pidió al P. Weidlich, uno de los redentoristas austriacos de Lisboa, que hiciera una visita a los reyes de Nápoles y a la nueva reina de España, con la esperanza de que consiguiese la ansiada fundación en España.

El P. Weidlich fue a Madrid y expresó a Dª María Cristina el deseo de fundar en España. Con el favor real, parecía seguro que en poco tiempo se fundaría una comunidad en España, hasta el punto de que el P. Weidlich fue nombrado, en 1830, superior de la futura comunidad en Madrid. Pero en 1833 el proyecto se ve frustrado. La revolución portuguesa expulsa al Rey D. Miguel, y con él se exilian también los Redentoristas.

Diez años después, en 1843, Isidoro Antoñanzas, un sacerdote de Calahorra se presenta en el noviciado de Finale (Italia) para ser misionero. Por su afinidad con los carlistas había tenido que abandonar España. En Friburgo conoce a los Redentoristas e inició amistad con Susana Schönthal, madre de Antonia de Oviedo, Fundadora de las Oblatas del Santísimo Redentor. Profesó como misionero redentorista en 1843 pero en 1845 falleció como consecuencia de una grave neumonía.

 

El intento definitivo: Andrés Martinez de Novoa

Al final, quien hizo realidad la llegada de los Redentoristas a España fue un sacerdote español Andrés Martínez de Noboa, nacido en Madrid en 1805. En 1835 comparte con los hermanos Vicuña la creación de la Casa de Caridad para jóvenes huérfanas y sirvientas, germen de la futura obra de las Religiosas de María Inmaculada. En una conversación con una señora que conocía a los Redentoristas de Bélgica, D. Andrés descubre, con asombro, que San Alfonso, al que conocía a través de sus libros de teología y moral, también había fundado una congregación de misioneros. Y surgió la idea de solicitar que vinieran a España.

En 1854, D. Andrés escribió una carta a Roma, dirigida al superior general de los Redentoristas, P. Nicolás Maurón. En ella se le exponía su deseo de llevar a España la Congregación fundada por San Alfonso. Aunque al P. Maurón le gustó mucho la idea, no disponía de ningún redentorista que hablara español, por lo que la respuesta fue una reliquia de San Alfonso y la promesa de atender esta petición más adelante.

Ocho años después, en 1862, aprovechando que varios sacerdotes iban a Roma en peregrinación, D. Andrés envió una nueva carta para el P. Maurón por medio de su amigo D. José Pascual García. Le recordaba la promesa y le preguntaba si podría ya cumplir ahora lo prometido. Y podía, porque precisamente se encontraba en Roma un redentorista que sabía español, el P. Víctor Loyódice. Era napolitano, tenía 29 años y acababa de regresar de Colombia, donde había estado dos años. El mismo P. Loyódice hizo de intérprete en la entrevista y se comprometió a participar en el proyecto de fundación.


Los tres fundadores fueron sacerdotes Victor Loyódice y Gil Zanoni, y el hermano Zanichelli

 

D. Andrés se dispuso a preparar la fundación, tratando de resolver las dos dificultades más inmediatas: el dinero para el viaje de los tres fundadores, y la casa para que pudiesen vivir en comunidad y predicar. El dinero no era un problema para el ilusionado sacerdote, que se comprometió, no sólo a pagar el viaje, sino a pagarles también la vuelta y los gastos que hubieran hecho en el supuesto de que la fundación fracasara. La cuestión de la casa e iglesia era más difícil de solucionar, pues en la España de entonces, todas las Órdenes religiosas estaban disueltas desde 1835. D. Andrés propuso que los primeros redentoristas se hicieran pasar por sacerdotes seculares, y desde su puesto de Madrid podrían conseguir alguna fundación.

Por su parte, en Roma se reunieron los tres fundadores: los sacerdotes Víctor Loyódice y Gil Zanoni, y el hermano Luis Zanichelli. Los tres salieron de Roma, camino de Madrid, el 8 de febrero de 1863. El día 15 llegaron a la capital de España y en la estación les recibió con un abrazo D. Andrés, el auténtico padre de la fundación, que veía por fin cumplido el sueño de que los Redentoristas estuvieran en España.

La Comunidad de casa en casa

D. Andrés estuvo encargado de la parroquia de San Sebastián de la capital hasta junio de 1863, lo que provocó que su domicilio se trasladara de la casa rectoral al deshabitado Hospital de italianos (actualmente ocupa el solar la ampliación del Congreso de los Diputados) cuatro meses después, ya que sus huéspedes necesitaban más espacio. Los sacerdotes redentoristas ayudaban a D. Andrés en la parroquia o en conventos de religiosas, y el hermano Luis trataba de colaborar en las tareas cotidianas. Pero esta vida no era muy apasionante para los redentoristas, que ansiaban dedicarse cuanto antes a las misiones y poder establecer la vida comunitaria. Además, se veía a kilómetros que eran extranjeros y necesitaban conocer mejor el idioma para poder predicar. Había que esperar la ocasión propicia, con el fin de hallar un lugar adecuado para establecer la primera comunidad.

El P. Loyódice creía que viviendo fuera de Madrid sería más fácil poder dedicarse a las misiones y ser conocidos. Precisamente D. Andrés era amigo del Vicario de Alcalá de Henares, y éste se ofreció a ayudar a los redentoristas en todo lo que pudiera. El 11 de octubre salieron de Madrid los tres fundadores y ocuparon en Alcalá una casa bastante amplia, cuyo alquiler corría a cuenta de D. Andrés. Los sacerdotes celebraban en la vecina iglesia de Santiago, y frecuentemente les llamaba D. Andrés a Madrid para ayudarle. Ahora, establecidos en Alcalá, vendrían las misiones.

 

Las primeras misiones

Instalados en la casa, los sacerdotes preparaban los sermones para las misiones que esperaban predicar. Las expectativas son tan buenas que solicitan a Roma dos redentoristas más para la nueva fundación. Como eran extranjeros, D. Andrés escogió a un sacerdote amigo para que les acompañara, D. Atanasio López. El 26 de enero de 1864 comenzó la primera misión de los misioneros Redentoristas en España. El pueblo misionado fue Auñón (Guadalajara), que contaba unos dos mil habitantes y la misión duró once días. En esta primera campaña predicaron seis misiones (Alocén, Berniches, Yélamos de Arriba y Yélamos de Abajo, Olivar, Budía) y volvieron a casa el 14 de abril. El éxito de estas primeras misiones fue consolador, y cuando volvieron a Alcalá llevaban la petición de una serie interminable de misiones para el año siguiente.

El 30 de enero de 1864 llegaron los refuerzos, los padres Joaquín Pasquali y José Bivona, que pasaron una temporada en Madrid para aprender bien el español. Regresaron a Alcalá al terminar la campaña misionera, felices por ver la comunidad al completo. La idea de fundar una comunidad estable seguía rondando la cabeza del P. Loyódice, y se estudiaron algunos proyectos en Oviedo, Os, Medina del Campo, Écija y varios lugares de Cuenca. D. Andrés trabajó por la fundación en la diócesis de Cuenca, valiéndose de buenos amigos suyos que hablaron al obispo Miguel Payá y Rico en favor de sus Redentoristas.

Durante el S.XX se establecen misiones en Máxico, Colombia, Cuba, China, Venezuela, Perú y Costa de Marfil

 

La primera Fundación: Huete (Cuenca)

El obispo Payá recibió el 17 de abril de 1864 a los padres Loyódice y Pasquali, y les ofreció instalarse en San Clemente, en Fuensanta y en dos monasterios de Huete. Tantas fueron las puertas abiertas que el P. Loyódice no sabía cuál escoger. Finalmente, en un arrebato de pasión napolitana, el P. Loyódice aceptó sin contar con la aprobación de los superiores el convento del Cristo, en Huete. Y así, contando con la comprensión del superior general y el apoyo incondicional del obispo de Cuenca, el 25 de junio de 1864 se funda la primera comunidad redentorista de España en Huete (Cuenca). La vida de los Redentoristas en España irá creciendo, y se fundará una segunda comunidad en Alhama de Granada en 1867. En ese mismo año llegan a nuestro país las dos primeras copias auténticas del icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, y serán expuestas al culto en cada una de las comunidades. En Huete, la llegada del icono viene acompañada por un milagro: la curación del niño ciego Lucas Cañada Calle.

El 25 de junio de 1864 se funda la primera comunidad de España en Huete (Cuenca)

 

La revolución y posterior restauración

Pero esta historia no tuvo un final feliz: las dos fundaciones redentoristas fueron barridas por la Revolución de 1868. Los redentoristas se dispersaron fuera de España, a excepción del P. Víctor Loyódice y alguno más, que de incógnito se trasladaron a Madrid, actuando sacerdotalmente primero en la Capilla del Obispo de 1869 a 1870, y después como capellanes de las religiosas franciscanas de San Pascual, de 1870 a 1879. En 1874, el incansable P. Loyódice publica una biografía en español de San Alfonso, fundador de los Redentoristas y declarado en 1870 doctor de la Iglesia.

 

Nuestro carisma es el anuncio de la Buena Noticia del Evangelio

Con el cambio de la situación política en España, se produce también la restauración de la Congregación, en esta ocasión con redentoristas franceses y suizos. La primera fundación de la restauración será Nava del Rey (Valladolid) en 1879, seguida de Granada (1879), El Espino en Burgos (1879), Villarejo de Salvanés en Madrid (1879) y Las Salseas en la capital, a donde se trasladan desde San Pascual el 25 diciembre 1879. En 1883 se funda Astorga (León), se deja Villarejo, y posteriormente nacerán otras tres: Pamplona (1891), Basílica Pontificia de San Miguel en Madrid (1892) y Cuenca (1895).

El primer pueblo misionado fué Auñón

 

En la actualidad

Con el inicio del siglo XX, la fundación de los Redentoristas en España se ha consolidado, y nuestro país contaba con 8 comunidades. A lo largo del siglo XX el número de redentoristas españoles crece tanto que se fundan no sólo más comunidades en España, sino que se establecen misiones en México, Colombia, Cuba, China, Venezuela, Perú y Costa de Marfil.

Los Redentoristas españoles estamos repartidos en 18 comunidades en nuestro país, con misiones permanentes en Perú y Venezuela. Nuestro carisma es el anuncio de la Buena Noticia del Evangelio especialmente a los más pobres y abandonados. Estamos presentes en parroquias y santuarios, celebrando la fe, acompañando la formación de todo tipo de personas y esforzándonos por estar al lado de los jóvenes y de los marginados. Nuestro equipo misionero, el CESPLAM,

ha recorrido toda la geografía nacional renovando las comunidades cristianas a través de las misiones parroquiales. Continuamos el estudio y la difusión de la teología moral, según el carisma de San Alfonso, a través del Instituto Superior de Ciencias Morales. Y nos identifica el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la Virgen que siempre nos acompaña en nuestras misiones, haciendo realidad el mandato del Señor: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio» (Mc 16,15).

 

Comisión del 150 aniversario

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