María la Virgen de la escucha y la contemplación

UN CUERPO – 06:  MARÍA

“Encomiendo a María, la Virgen de la escucha y la contemplación, la primera discípula de su amado Hijo, este Año de la Vida Consagrada. A ella, hija predilecta del Padre y revestida de todos los dones de la gracia, nos dirigimos como modelo incomparable de seguimiento en el amor a Dios y en el servicio al prójimo”.  Son palabras del Papa Francisco en su Carta Apostólica “A todos los Consagrados”, con motivo del Año de la Vida Consagrada (21 de Noviembre, 2014).

Al celebrar el Jubileo de nuestro icono, recordemos que éste es el Año dedicado a la Vida Consagrada en la Iglesia. En esta edición del Boletín “UN CUERPO” reflexionamos sobre María. Nos preguntamos: ¿qué papel juega María en nuestra vida, nuestra misión, nuestra espiritualidad? ¿Cuál es nuestra relación personal con ella? Jesús preguntó a sus discípulos: ¿quién decís que soy yo?  Podríamos también, quizá, hacernos una pregunta similar: ¿Quién es María y qué significa ella para nosotros?  ¿Es alguien a quien intelectualmente reconocemos y loamos, pero que permanece personalmente distante? ¿Es nuestra relación con ella basada principalmente en los sentimientos? ¿Es ella simplemente un accesorio espiritual, una “opción extra”, un añadido, o María constituye realmente una parte esencial en la vivencia de nuestra espiritualidad?
Maria
Elizabeth Johnson dice que hoy en día afrontamos el reto de desarrollar y promover una interpretación del papel de María, para el siglo XXI, que sea teológicamente sólida, fecunda desde el punto de vista ecuménico, espiritualmente auténtica, éticamente desafiante y socialmente liberadora.  ¿Cuál es entonces su importancia en el misterio de la bondadosa gracia de Dios? ¿El hecho de recordar a María marca alguna diferencia, en la vida de la Iglesia y la sociedad? ¿Qué diferencia?
Los Redentoristas hemos recibido de nuestro fundador San Alfonso y los primeros cohermanos una gran tradición y un fuerte amor a María. Ellos han subrayado el papel y la importancia de María en nuestra vida y misión. En esto se destaca que, para nosotros, María es nuestra esperanza y modelo de vida.
Algunos de los primeros escritos de Alfonso fueron dedicados a la Santísima Virgen María. Sus “Visitas al Santísimo Sacramento” (1748), incluían también una breve visita a María. Una de las principales obras de Alfonso fue “Las Glorias de María” (1750). Como él mismo lo indica, la primera parte de “Las Glorias de María” está organizada como un comentario sobre la  “Salve Regina” o “Dios te salve, Reina.” En la segunda parte, trata las principales fiestas de María, sus dolores, sus virtudes heroicas y las tradicionales devociones en su honor. Incluye también, finalmente, algunos relatos seleccionados para servir como ejemplos.
El Papa Francisco, dejando de lado su texto y hablando libremente al clero y religiosos consagrados de Nápoles el 21 de marzo de 2015, comentó improvisadamente:  “El Cardenal (Crescenzio Sepe) me dio un libro de San Alfonso María de Ligorio, llamado “Las Glorias de María” …. De este libro, me gusta leer las historias, los relatos sobre nuestra Señora, que se encuentran al final de cada uno de los capítulos: los casos narrados muestran cómo nuestra Señora siempre nos lleva a Jesús. Ella es la madre. Su maternidad, el hecho de ser madre, constituye el centro de su ser, y ella es la que da a luz a Jesús”.
Detrás de las obras de Alfonso, hay toda una vida de relación personal con María. Al elegir establecer una Mariología a partir de la “Salve Regina”, Alfonso hace una clara opción teológica contra el pesimismo Jansenista sobre la salvación, contra una actitud elitista hacia la piedad popular, contra el individualismo espiritual. Alfonso destaca el papel de María como “Spes Nostra” (Esperanza nuestra). El núcleo teológico de “Las Glorias de María” reside en la frecuente afirmación de Alfonso que, en la Santísima Virgen María, el poder de Dios se encuentra con la compasión de Dios; que María no sólo siente una gran ternura hacia nosotros, sino que por voluntad de Dios ella también tiene el poder de ayudarnos. Éste es un mensaje especialmente liberador y lleno de esperanza para los pobres ya que, según su experiencia, en general los que los aman pueden hacer muy poco por ellos, y los que tienen el poder de ayudarlos no están realmente interesados en hacerlo.
El genio apostólico de Alfonso consistió en su habilidad para usar la piedad popular de los pobres de Nápoles, del siglo XVIII, incorporándolos así más plenamente a la vida de la Iglesia y enseñándoles una espiritualidad más integral. Alfonso proclamó la bondad de Dios que se manifiesta a través del testimonio y el ejemplo de María, señal de esperanza.
Luz para mis pasos es Tu Palabra
El Papa Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica “Vita Consecrata” (1996), presenta a la Virgen María como modelo de consagración y seguimiento. El párrafo N. 28 afirma: “En efecto, María es ejemplo sublime de perfecta consagración, por su pertenencia plena y entrega total a Dios”. La vida consagrada la considera “sublime modelo de consagración” al Padre, de unión con el Hijo y apertura al Espíritu, consciente de que aceptar el estilo de vida “virginal y humilde” de Cristo también significa imitar el estilo de vida de María.
“Ahí tienes a tu madre!” (Jn 19,27): esas palabras de Jesús al discípulo “a quien amaba” (Jn 19,26) son particularmente significativas para las personas consagradas. Al igual que Juan, nosotros también estamos llamados a llevar a la Santísima Virgen María con nosotros (cf. Jn 19,27), amándola e imitándola en la forma radical que nuestra vocación exige.  A su vez, ¿cómo experimentamos su especial amor materno? ¿De qué manera ella es, para nosotros, modelo y testigo?  Además, siguiendo las palabras de la “Salve Regina”, ¿De qué manera experimentamos a María como “dulzura y esperanza nuestra”?
Ante el Icono  
Se suele decir: “Cuando un niño tiene miedo, el niño corre hacia la madre. Cuando un niño está en peligro, la madre corre hacia el niño”. Ver que una madre corre a ayudar a su hijo, que se encuentra en peligro y golpeado por el miedo, es siempre motivo de amparo y esperanza.
El rostro del Niño Jesús en los brazos de su madre se vuelve y mira hacia arriba. La voluntad del Padre se Le revela por medio de los ángeles, quienes Le presentan los instrumentos de su pasión. En esto, Jesús compartió nuestras luchas humanas. Sus ojos miran hacia arriba, a lo lejos, hacia el Padre Celestial, de donde proviene el mensaje. Jesús tiene miedo, se asusta ante esta visión de la Pasión. Pero acepta la propuesta del Padre y busca ayuda en los brazos de su Madre.
María está al lado de su Hijo cuando lo ve frente a un peligro mortal. Ella no lo abandona. Se queda con Él hasta el final, cuando Él ya está en la Cruz. Su presencia silenciosa transmite ayuda y esperanza. María, nuestra Madre del Perpetuo Socorro, es alguien en quien podemos confiar.
Bebiendo de nuestro pozo
Alfonso dejó a la Congregación Redentorista una fuerte tradición de devoción Mariana. María fue designada patrona oficial del Instituto, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. En las misiones populares, los Redentoristas nunca omitieron el sermón sobre la Virgen María. La idea era anunciar la confianza y la esperanza que tenemos en la protección de nuestra Madre. Además, en sus Iglesias, todos los sábados, los Redentoristas tenían que predicar en honor de María. La formación de Cofradías Marianas era un elemento importante en la actividad pastoral redentorista. Alfonso permaneció fiel al rezo del rosario hasta el final de su vida. También usó su considerable habilidad musical y artística para propagar la devoción a María.
Una de las imágenes de María que Alfonso poseía y veneraba era titulada “La Divina Pastora”, obra de un artista desconocido. En esa imagen, María se muestra con el niño Jesús en su regazo. Ambos están vestidos con ropa de campesinos, inclusive con sombreros de paja. Al fondo, se ve la choza de un pastor y el niño Jesús se inclina del regazo de su madre para jugar con las ovejas. La pintura es una representación elocuente de la teología mariana de Alfonso. Un modo de mostrar que María era cercana a los pobres y a sus luchas. Y algo muy importante: Alfonso quería dejar a la gente una práctica devocional que les ayudara  a profundizar su conversión radical a Jesús Redentor.
El Icono de nuestra Madre del Perpetuo Socorro fue recibido en ese contexto y dentro de esa tradición. No fue un accidente sino, más bien, un acto de la Providencia. Podemos decir que María, bajo esta advocación, ha encontrado un hogar entre nosotros. El Icono y sus diversos elementos reafirman el carisma con el cual hemos sido bendecidos y resalta la “abundancia” (copiosa y perpetua) que nos ofrecen el Redentor y la intercesión de María.
Los Redentoristas somos llamados “cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la redención” (Const. 3). Esto es más evidente en María, la Madre del Redentor, nuestra Madre del Perpetuo Socorro. Ella es señal de consuelo, apoyo y esperanza.
Para concluir
Una de las canciones más populares compuestas por San Alfonso es “O Bella Mia Speranza”. Fue traducida a varios idiomas y es cantada en todo el mundo. Cantemos también nosotros:
OMPH
DULCISIMA ESPERANZA
Dulcísima esperanza, celeste amor, María.
Eres la vida mía, mi paz en la aflicción.
Cuando te llamo o pienso en ti mi gozo es tanto
que un amoroso encanto me roba el corazón.
 
Si una densa nube viene a turbar mi mente
se aleja apenas siente tu nombre pronunciar.
En este mar del mundo, eres un claro lucero
que a mi frágil velero, al puerto ha de guiar.
 
Bajo tu hermoso manto, Amada mía, Señora,
quiero pasar la vida, quiero morir al fin.
Que si logro la suerte, de abandonar el suelo,
amándote en el cielo, seré feliz por ti.
 
Extiende tus cadenas y mi corazón cautiva
que ha de ser mientras viva, tu prisionero fiel.
Por tanto, dulce reina, tuyo es mi amor, no mío,
mas a tu Jesús, confío, harás ofrenda de él.

Esta edición fue preparada por Juventius Andrade, CSsR – jandradecssr@gmail.com

Traducción: Enrique López CSsR

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