Misión Torre Pacheco

MISIÓN EN TORRE PACHECO (Murcia)- Parroquia Ntra. Sra del Rosario
 (14-30 de Noviembre de 2013)   

Unas 900 personas, a decir de los entendidos habría en la celebración que decimos, Asambleas de las Asambleas y otras tantas en la celebración final de la misión. El templo parroquial se nos quedó pequeño y acudimos al pabellón-frontón para estas dos celebraciones misioneras.

En la clausura, nos acompañó el vicario  de pastoral de la diócesis de Cartagena-Murcia, admirado y extrañado de tal fenómeno religioso. Dio las gracias a los misioneros redentoristas y felicitó a los asistentes por la misión  llevada a cabo. Todo era alegría, entusiasmo y fiesta. Dos horas duró la celebración festiva y misionera y porque el señor vicario tenía prisa… Después tuvo lugar un ágape fraterno, con el mismo ambiente de festivo, compartiendo los productos de la huerta murciana, y faltaría más, regados con vino de Jumilla.

He comenzado esta crónica misionera, por el final para dar un tono parecido a las antiguas misiones donde, según dicen, los asistentes a la misión se contaban por miles. Y ya de paso, digamos que todo este Campo de Cartagena, como el Campo de Lorca, ha sido misionado por los redentoristas  en repetidas ocasiones y casi siempre con mucho éxito. Murcia ha sido siempre un lugar muy apropiado para las misiones populares.

Desde el principio.

Torre-Pacheco es una población cercana a Cartagena. De los 15.000 habitantes que tiene, el treinta por ciento son extranjeros: pocos latinoamericanos y muchos norteafricanos. La mayoría sin trabajo estable, con lo cual los robos son habituales. El clima de recelo y desconfianza frente a estos grupos étnicos va en aumento.  Y respecto a los cristianos, lo que ya conocemos de toda España: muchos bautizados y pocos evangelizados. Este era el panorama que nos encontramos los misioneros.

La Premisión duró seis meses y cumplió sobradamente los objetivos previstos. De modo que al llegar nosotros el ambiente de misión ya estaba logrado. Se llenó la iglesia para recibir a los misioneros, otro dato inusual. No obstante, como ocurre siempre, el miedo inicial tocaba a partes iguales a curas, laicos y misioneros. Pero los futuros animadores y dueños de hogar, nunca faltaron a los actos de preparación. Todos los animadores de las asambleas, ochenta y ocho, estaban presentes en la celebración de envío, con igual proporción de hombres y mujeres. Así es que con estos precedentes, la misión forzosamente debía salir bien.

Desarrollo de la misión.

Las dos semanas de misión fueron muy intensas y agotadoras:

– Te salen 16 horas en la calle, me decía Pepe Cervera, el señor que me acogió en su casa.

– Claro, para eso hemos venido, para estar en la calle, donde está la gente…

Atendimos a los niños de tres colegios, a los jóvenes del instituto, a los 75 enfermos que no podían acudir al templo, a los matrimonios,  a las 200 personas que acudían a las eucaristías misioneras de la mañana, a los cerca de 500 que acudían a las celebraciones misioneras, a las 1000 personas que todas las noches se reunían en las 56 asambleas familiares. ¿Quién da más?

Quienes lean esta crónica deben entender que son pocas las veces que podemos airear números. Y dados los tiempos que corren, tiempos difíciles para la fe, ésta es una excepción y una ocasión  propicia para echar las campanas al vuelo. Las más de las veces tenemos que salir humildicos y encogidos. Así es que por una vez…

En general, todo salió bien o muy bien, tanto las eucaristías, las celebraciones misioneras como la atención a los distintos sectores, de niños, jóvenes y adultos. Pero, lo mejor de todo esto es sin duda el método de las Asambleas, que funciona  bien siempre o casi siempre, tanto en el pueblo como en la ciudad. Las asambleas son la gran novedad en cada misión, pero también lo que hace posible el protagonismo de los laicos, la presencia de la parroquia en todos los rincones del pueblo y la puesta en marcha de la formación o catecumenados de adultos. Lo bueno de las asambleas es que convierten a la parroquia en misionera y perduran durante años.

Antes de firmar esta crónica, quiero mencionar la celebración penitencial, aunque es más apropiado decir la fiesta del encuentro con Dios, que es amor y perdón. Una fiesta, sí señor, a la que acudieron más de 500 personas y nueve confesores.

– Os voy a copiar este sistema, decía don David el párroco, al terminar el acto.

– No es invento nuestro, señor cura, contesté en plan de broma. Es el segundo modo del ritual de la Penitencia, que no has leído el ritual…

Todas las mañanas, de las dos semanas que duró la misión, estuvimos los tres misioneros, PP. Juan Bautista, Victor y Arsenio atendiendo personas que, desde muchos años atrás, no se acercaban a este sacramento. Ójala lean esto algunos incrédulos redentoristas, que piensan que la confesión pasó a mejor vida.

Me queda decir que al menos 50 grupos seguirán todo el proceso de Postmisión y me queda dar las gracias por su colaboración a Antonio  Fuertes e Inma Huertas que atendieron a las parejas más jóvenes de la parroquia Ntra. Sra. Del Rosario de Torre-Pacheco.

Y para los que lean estas líneas, un abrazo en Cristo Redentor

P. Arsenio Díez Alonso. CSsR

Responder