«Nuestros hermanos y hermanas que quieren meditar, orar y renovarse espiritualmente, en un ambiente de silencio y de recogimiento, deben poder encontrar en nuestros monasterios la casa de oración y de paz que necesitan.»

(Const. OSSR, nº 47)

Betel
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Betel: Casa de Dios, Morada de la Luz. Este es el nombre que recibe este rinconcito precioso y sencillo de nuestro Monasterio.

Como su nombre indica, este espacio quiere ser la "Casa" donde todos -de manera individual o en pequeños grupos- puedan acercarse a la Luz, pues Jesús nos dice: «Yo soy la Luz del mundo» (Jn 8,12) .

Nuestro deseo es facilitar que todo aquel que busque el encuentro con el Señor lo pueda experimentarr en esta casa.

Para ello contamos con una sala para reuniones de grupo, un pequeño oratorio con la presencia del Santísimo Sacramento y una parte considerable de huerta para orar, pasear, reflexionar, leer...

Aquellas personas que estén interesadas deben ponerse previamente en contacto con la Comunidad.

Oratorio de Betel (detalle)

 

 

Hospedería
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La hospedería de nuestro monasterio es un lugar de acogida, una Casa de Oración. Con ella queremos realizar también un servicio a la Iglesia, a todas las personas que deseen orar y profundizar en su experiencia de Dios. Nuestra Casa de Oración no es una “residencia”, ni propiamente una “Casa de ejercicios”. Está dedicada a retiros individuales, a jornadas de desierto y de encuentro con el Dios vivo.

Muchas personas nos dicen que en nuestra Casa de Oración, y especialmente en la capilla de Betel, sienten algo especial: la cercanía del amor de Dios. A veces, las personas que pasan unos días de oración en nuestro monasterio nos dejan un testimonio escrito con frases muy expresivas: “aquí huele a Dios”, “aquí he descubierto a María”, “se nota mucho vuestra presencia orante, hay una densidad especial en esta Casa”, etc. 

Nuestra comunidad contemplativa desea ofrecer un ambiente de silencio, soledad y sosiego a los sacerdotes, religiosos o religiosas y laicos que se acercan al monasterio. Además tienen la oportunidad de participar en nuestra oración litúrgica y adoración eucarística.

Las personas que lo solicitan también pueden compartir su experiencia con una hermana de la comunidad. Hay algunas hermanas encargadas de ofrecer la tradicional hospitalidad monástica, viendo en la persona del huésped al mismo Cristo, atendiéndole y escuchándole si así lo requiere. Aunque ellas son las que “ponen rostro” a la acogida comunitaria, son todas las hermanas las que en esos días especialmente oran por las personas que buscan renovar su experiencia de Dios en la paz del monasterio.

Casi todos los  que vienen coinciden en decirnos: “¡Gracias por estar ahí!”, “siento la fuerza de vuestra oración cuando tengo dificultades”, “cuento con vuestra oración”…Nosotras sentimos que ésta es también nuestra misión: como comunidad contemplativa ser ese pozo profundo al cual se va a beber - de vez en cuando - el Agua Viva que apaga la sed de Dios de todo ser humano.

Al  mismo tiempo, tratamos de responder a la invitación que nos hacía el Papa Juan Pablo II de que nuestros monasterios sean casas y escuelas de oración, especialmente para los jóvenes que buscan experiencias fuertes de Dios y dar un sentido auténtico a sus vidas.

Comedor de la Hospedería (detalle)

 

 

 

Horarios Misa
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EUCARISTÍA

LUNES A SÁBADO: 8:15 h.

DOMINGOS Y FESTIVOS: 10:00 h.

* Todos los días ofrecemos la posibilidad de participar en la ADORACIÓN EUCARÍSTICA a las 8 de la tarde.

 

 

 

Liturgia
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«De acuerdo con nuestra vocación específica en la Iglesia, en nuestras celebraciones litúrgicas nos uniremos a los sentimientos de Cristo Jesús, viviendo así, en el amor y el abandono, el Misterio de la Redención .»

(Const. OSSR. nº 36 )

«...Nuestra oración litúrgica, manantial de piedad y alimento de nuestra oración personal con Dios y entrar plenamente en el plan de la Redención.

(Const. OSSR. cfr. nº 40 )

 

 

 

CELEBRACIONES LITURGICAS

LAUDES

DIARIO: 7:30 h.

DOMINGOS Y FESTIVOS: 8:15 h.

VISPERAS

DIARIO Y FESTIVOS: 19:25 h.

 

 

 

Oración con niños
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Nuestra comunidad lleva ya un largo camino de oración con niños. Este grupo de oración – al que llamamos “Amigos de Jesús” – surgió de una convicción profunda: los niños también pueden orar y, sobre todo, los niños nos enseñan a orar.

En la comunidad vivimos como un regalo el que siempre haya una hermana que ora con los más pequeños. Hacerse pequeño como un niño es la mejor manera de disponerse para orar. Los niños nos enseñan a descubrir la ternura de Dios y a contar con Jesús como el mejor de los amigos.

La hermana que acompaña en la oración a los niños hace presente a toda la comunidad orante y es testigo de las maravillas que Dios va haciendo en el corazón de los niños.    

Como contemplativas queremos iniciar a los niños en el camino de la oración y contribuir a su despertar religioso. Deseamos que la huella de Dios quede imborrable en su corazón y que ellos mismos lleguen a ser testigos de ese amor de Dios.          

Los más pequeños son muy receptivos a todo lo positivo que les aporta el grupo: los demás niños también son compañeros en el camino de Jesús. Juntos aprendemos a ser agradecidos, a ver todos los dones que Dios nos regala, a valorar nuestra familia y a todas las personas y  a querer a todos los niños del mundo, especialmente a los que sufren más.

Mirando a Jesús y escuchando su Evangelio aprendemos valores humanos y cristianos. Descubrimos la alegría del compartir, del servicio, del perdón. Percibiendo la bondad del corazón de Dios deseamos acoger a todos, querer a todos.

El grupo de Amigos de Jesús quiere mostrar a los niños la alegría de la fe, despertar el gusto por la oración e iniciar un camino apasionante en el que seguir a Jesús y compartir su vida y sus sueños.

 

CUÁNDO NOS REUNIMOS Y CÓMO LO HACEMOS…

La oración suele ser el primer sábado de cada mes a las 12 de la mañana, y dura hasta la 1.       

Comenzamos saludándonos y poniéndonos en presencia de Jesús. Cuidamos que la disposición y el decorado de la Capilla ayuden a los niños a “entrar” en la oración. Colocamos algún símbolo, un póster, flores y velas que nos motiven, y los niños se disponen alrededor del Sagrario, sentándose en banquitos o cojines.

En la oración hay un primer momento de ambientación y diálogo, en el que comentamos el tema sobre el cual vamos a orar. Suele servirnos de apoyo el póster o alguna imagen que despierte el interés de los niños.      

Para romper un poco la quietud - para niños tan pequeños es importante cambiar mucho de actividad - nos levantamos y aprendemos un canto relacionado con el tema y que sea una forma de expresar también con el cuerpo (con gestos, palmas, etc.) la alegría de la fe.

A continuación pasamos al momento de oración propiamente dicho, que para niños pequeños tiene que ser muy breve. Partimos de la escucha del Evangelio adaptando un poco el lenguaje a la comprensión de los niños. Después recomponemos juntos lo leído o dramatizado, comentamos el mensaje, reflexionamos sobre el contenido del evangelio con preguntas que les hagan pensar. Después ponemos música para orar, apagamos luces, encendemos velas y nos disponemos a escuchar lo que nos quiere decir hoy Jesús a cada uno. Contemplamos a Jesús y dialogamos con Él: éste es el momento central de la oración. Los niños saben que vienen al monasterio a “hablar con Dios”; en el cole, en la catequesis les suelen hablar de Dios, pero es muy importante que ellos hablen con Jesús, tengan una experiencia personal de encuentro con Él.

Cuando ya hemos tenido unos momentos de silencio para interiorizar lo que hemos escuchado, podemos orar juntos sirviéndonos de alguna pequeña oración apropiada, pidiendo por las necesidades personales, de otros niños o de nuestro mundo y compartiendo libremente aquello que brota del corazón con algunas palabras o con un gesto. Éste momento de oración termina con el canto que hemos ensayado anteriormente y que nos sirve de alabanza al Señor.

Para favorecer también el compartir, solemos terminar haciendo un dibujo y escribiendo alguna frase si lo desean (y saben escribir), o coloreando un dibujo relacionado con el tema de la oración. A veces, en lugar de esto, utilizamos otros recursos: diapositivas, montaje, puzzle, etc.         

Al final de la oración se les entrega una hoja de color en la que hay dibujos y pequeños textos sobre el tema de la oración. Los niños van guardando estas hojas en una carpeta o en un cuaderno y así van confeccionando su propio cuaderno de oración. Los padres pueden implicarse también en la elaboración del cuaderno o en el comentario de aquello que los niños van descubriendo y tener materiales para orar en casa. Así la familia puede ser una Iglesia doméstica: la primera comunidad de fe y de amor para los niños.

 

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