«Nuestra vocación de orantes en la Iglesia consiste en actualizar la oración incesante de Cristo y, de acuerdo con la característica propia de nuestra vida contemplativa, hacer nuestro este elemneto esencial de su misión redentora.»

(Const. OSSR, nº 41)

Nuestra misión
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DAR LA VIDA POR LA ABUNDANTE REDENCION

“He querido escoger este Instituto a fin de que sea un recuerdo vivo para todos los hombres del mundo de todo cuanto mi Hijo quiso obrar por su salvación” (Mª Celeste presenta así en la Regla de vida nuestra misión: hacer realidad el sueño del Padre de que toda la humanidad descubra el amor de Jesucristo)

 

LLAMADAS A ESTAR CON EL

Nuestra vida contemplativa es una respuesta a Aquel que nos amó primero. En el “campo” de nuestra vida hemos encontrado un tesoro, una perla preciosa y de pura alegría hemos “vendido todo” para poseer el tesoro (Mt 13,44). Este tesoro es Cristo Jesús,y todo lo demás ha quedado en un segundo plano.

A Mª Celeste, nuestra fundadora, le gustaba repetir las palabras de San Pablo: “Para mí, la vida es Cristo” (Flp 1,21). Como él también nosotras podemos decir: “Todo lo estimo pérdida comparado con  el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por nada con tal de ganar a Cristo (…) y CONOCERLE A ÉL, el poder de su resurrección y la comunión con sus padecimientos hasta HACERME SEMEJANTE A ÉL”. Esto es lo que buscamos también las redentoristas: Hacernos semejantes a Cristo, ser para todos una imagen viva del amor de Cristo, y especialmente para aquellos que más lo necesitan.

 

SIGUIENDO LAS HUELLAS DE JESÚS

Nuestro camino contemplativo es dejar vivir a Jesús en nosotras: que sea Él quien ore en nosotras y quien irradie su amor a todos. Revivimos la vida de Jesús en Nazaret. Él quiso anunciar el amor del Padre pasando la mayor parte de su vida en el anonimato, dedicando sólo varios años al anuncio del Reino con su Palabra y con los signos que le acompañaban. Nosotras hemos sido llamadas a gritar con nuestra vida escondida que sólo Dios es capaz de llenar el corazón humano de una felicidad plena, que su Amor nos basta.

 

COMO MARÍA Y CON MARÍA

Colaboramos en la obra de la Redención dando nuestro SI al Plan de Dios para nosotras, viviendo íntimamente unidas a Cristo, aprendiendo de María a escuchar su Palabra y darle vueltas en el corazón. “Como María también estamos atentas a la acción del Espíritu, que quiere realizar en nosotras las mismas obras del Redentor. Este Espíritu hace de nosotras signos, testigos y, desde ahora, constructoras de este cielo nuevo y esa tierra nueva, hacia los que caminamos con confianza” (Const. l6).

 

DESDE LA CONTEMPLACIÓN, LA ALABANZA Y LA INTERCESIÓN

Buscamos el Rostro de Dios escuchando su Palabra en el silencio del corazón, en un ambiente que favorece el recogimiento y la unión con Dios.

Cuidamos especialmente las celebraciones litúrgicas para que sean una alabanza al Señor y ayuden a los demás a descubrir la belleza de la vida en Cristo.     

Oramos por toda la humanidad: queremos ser no solamente el corazón de la Iglesia, sino el corazón que irradia el Amor de Dios a todos los hombres y mujeres de cualquier raza  o religión, especialmente a los más pobres.           

Con la acogida a todos aquellos que buscan a Dios, deseamos que nuestro monasterio sea una casa y escuela de oración. Ofrecemos espacios en los que poder orar en soledad y participar en nuestras celebraciones litúrgicas.           

Prestamos nuestra voz a los que no oran, a los que no tienen voz en nuestro mundo: nuestra oración es un gemido ante de Dios en favor de todos aquellos seres humanos que viven en la marginación, el abandono y la miseria. 

      

SOMOS UNA COMUNIDAD VIVA MEMORIA DE JESÚS

Nuestra espiritualidad es muy comunitaria: la caridad es la primera regla de vida. Juntas buscamos vivir el Evangelio con radicalidad, agradeciendo al Señor el regalo que supone tener hermanas con las que compartir la vida y el camino de fe.          

Como comunidad optamos por un estilo de vida sencillo que muestre los valores del Reino, otra forma alternativa de ser y de estar en el mundo. Vivimos desde la gratuidad, el compartir fraterno y la solidaridad. Nuestra alegría compartida quiere dar testimonio de la presencia de Cristo Resucitado entre nosotras.            

El Señor nos ha elegido para formar una comunidad orante que ofrezca a nuestra Iglesia diocesana y a toda la Iglesia la fecundidad de unas vidas que permanecen unidas en su amor: “El que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto” ( Jn l5,5). Nuestra comunidad quiere ser como un pozo profundo que ofrece Agua Viva a quien se acerca con sed de encontrar a Dios en su camino.

          

SER EL CORAZÓN DE LA MISIÓN

La redentorista es una contemplativa con corazón misionero que tiene la inquietud apostólica de San Alfonso.  Sabe que para evangelizar no sólo se necesitan misioneros y misioneras: también son necesarias personas contemplativas que sean testigos elocuentes de la primacía de Dios y de su Reino, que hagan nacer y madurar la cosecha de una nueva humanidad, más semejante a la de Cristo.        

La Orden del Santísimo Redentor lleva a cabo su misión en la Iglesia en comunión profunda con toda la familia redentorista. El apostolado de los religiosos y laic@s redentoristas está sostenido por la vida contemplativa de las hermanas, y la tarea evangelizadora de ellos es un estímulo para las monjas en su vida de oración y contemplación” (Const. 13).           

Como Santa Teresa de Lisieux, patrona de las misiones, queremos ser el Amor que necesitan los misioneros para entregarse del todo a los hermanos: hemos sido llamadas a ser el corazón de la misión.

 

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