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«El Padre nos llama a se hoy para nuestro mundo una Memoria Viva, un recuerdo continuo de todo lo que el Hijo realizó por nuestra salvación. Así es como el Redentor puede continuar realizando hoy, en nosotras y por nosotras, su obra de salvación.»
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(CONST. OSSR, nº. 5) |
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Nuestro monasterio
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A principios del siglo XX corrían "malos vientos" en Francia para los institutos religiosos. Las hermanas Redentoristas de Grenoble pensaron en buscar otro lugar de mayor bonanza. Y dirigieron su mirada a España.
El 11 de mayo de 1904 viajaron a España el recién nombrado Provincial P. Allet, el P. Alphonse George, Rector de París, acompañando a la M. Mª Filomena de la Divina Providencia, redentorista del monasterio de Grenoble.
Después de un intento de fundar en la ciudad de Granada, M. Mª Filomena fijó la capital de España como el punto más adecuado para la primera fundación. Más adelante llegaron cinco monjas más. Algunos meses después de llegar a Madrid compraron las hermanas una finca en Carabanchel Alto, donde al fin se decidieron establecer el monasterio.
Las obras, comenzadas en 1905, quedaron casi completamente terminadas en 1908. Como responsable y animadora de la comunidad, quedó la M. Mª Filomena. No tardaron en afluir las primeras vocaciones españolas.
En 1914, la comunidad, rebosante de vida, decide comenzar la fundación de otro monasterio en Burlada (Navarra). En junio del año siguiente se destina para la realización del nuevo proyecto un grupo de hermanas dirigidas por la M. Mª Gabriela.
En 1952 la Comunidad entrega dos hermanas para la fundación conjunta de Quilmas (Argentina) a donde se dirigen acompañadas por otras dos hermanas de Burlada y una de Astorga (León).
Los años antes del Concilio entra en la comunidad un buen número de jóvenes que llenan de entusiasmo cada rincón del monasterio. Acogen el Concilio Vaticano II con gran alegría, como una ráfaga de aire fresco para la Iglesia y la Vida Religiosa, y comienzan las reformas litúrgicas, adaptaciones según los "signos del los tiempos"... La formación permanente de la Comunidad se convierte en una urgencia prioritaria. Se estudian a fondo los documentos conciliares, se mantienen cursos sobre Biblia, Teología, Espiritualidad, Liturgia..., incluso algunas hermanas siguen cursos sistemáticos fuera de la Comunidad.
Un estímulo extraordinario lo constituye el trabajo de revisión de las Constituciones y la preparación del nuevo texto. Son años de redescubrimiento del carisma, de la fundadora, de sus obras principales. Otro estímulo importante es el "encuentro" con los otros monasterios de la Orden establecidos en España: Burlada (Navarra) y Astorga (León). Desde 1967 comienzan las Asambleas de delegadas de las comunidades para el estudio de los textos para la revisión de las Constituciones es una experiencia riquísima la de poder intercambiar lo vivido en cada monasterio.
En el año 1972 la comunidad se traslada a un nuevo monasterio, situado en la misma finca, más funcional y adaptado a la época. Otro momento gozoso para este numeroso grupo de hermanas...
Por fin, el monasterio se va definiendo más y más como Casa de Oración, -"Dios en medio del pueblo" fue el nombre que le dieron los seminaristas- para jóvenes, adultos etc. Así pudimos hacer realidad la llamada que Juan Pablo II hizo a la vida contemplativa en Ávila:
Vuestros monasterios son comunidades de oración en medio de las comunidades cristianas, a las que prestan apoyo, aliento y esperanza. Son lugares sagrados y podrán ser también centros de acogida cristiana para aquellas personas, sobre todo jóvenes, que van buscando con frecuencia una vida sencilla y transparente, en contraste con la que les ofrece la sociedad de consumo". (J. PABLO II, Mensaje a las Contemplativas)
Hoy todo esto está establecido de un modo más permanente: La Fraternidad de Cristo Redentor -nuestro grupo de laicos asociados-, Talleres de Oración, Encuentros de formación en la fe, Retiros... La Pastoral Juvenil con encuentros de oración, Ejercicios Espirituales, Acompañamiento espiritual, Discernimiento vocacional... Los grupos de oración con niños y pre-adolescentes, etc
Para ello construimos un pequeño lugar con un sencillo oratorio, llamado Betel, donde acogemos a quienes desean ese encuentro profundo con Dios, o vienen a hacer retiro a la Hospedería, ofreciendo siempre la posibilidad de participar con la Comunidad en la Eucaristía, las celebraciones litúrgicas o la adoración en silencio...
Hoy somos un grupo de hermanas, de diversas edades, de distintos rincones, convocadas por Dios y llamadas por el Espíritu, a vivir un mismo Carisma, a ser ese anuncio, esa profecía, ese signo de la sobreabundancia del amor de Dios a todos los hombres y mujeres de la tierra, conscientes de nuestra pobreza personal, de la sencillez de nuestra vida, con la confianza que da el saber que Aquél que comenzó la obra, la llevará a cabo.
Nuestra historia
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En el vasto mosaico de las familias de Vida Contemplativa, una pequeña piedra viva viene a unirse a la composición del rostro de la Iglesia: es la Orden del Santísimo Redentor -las Redentoristas- nacida en Scala (Italia), ciudad perteneciente al Reino de Nápoles, el 13 de mayo de 1731, solemnidad de Pentecostés, bajo la influencia de la Venerable Madre María Celeste Crostarosa, que fue quien redactó las Reglas, y a quien se puede dar el título de fundadora, y bajo la dirección de Monseñor Tomás Falcoia, obispo de Castellamare, con la colaboración decisiva de San Alfonso Mª De Ligorio. María Celeste, habiendo tenido que dejar Scala, fundó en 1738 en Foggia, el Monasterio del Santísimo Salvador, en el que se vivió la Regla primitiva.
María Celeste Crostarosa, mujer de cabeza y corazón, una mística sobre todo, fue designada por Dios para dar al mundo esta nueva familia religiosa.
En 1730 tiene lugar el encuentro de Alfonso Mª de Liguori con Mª Celeste. Los dos, napolitanos, los dos nacidos en el mismo año, con diferencia de unas semanas.
En Scala descubren -cada uno en su momento- la vocación a la que han sido llamados: dar a la Iglesia una familia religiosa que, siguiendo al Redentor, se convierta en Memoria Viva de su vida y de su obra durante los años que quiso hacerse un peregrino más por los caminos del mundo.
Paralelamente a la Orden de las Monjas -con la ayuda del Monasterio de Scala y de María Celeste-, San Alfonso fundó en 1732 la Congregación del Santísimo Redentor. También la Orden de las Monjas recibió el nombre de Santísimo Redentor en el momento de su aprobación pontificia en 1750, por la comunión de origen y de fin que unía a ambos Institutos.
Nombrado obispo, San Alfonso favoreció la difusión de la Orden llamando a las hermanas, en 1766, a su ciudad episcopal, Santa Águeda de los Godos.
En el siglo XIX la Orden se propagó primero hasta Viena, en Austria (1831), donde, con el apoyo del venerable P. Passerat, dos hermanas, después de una estancia en Santa Águeda para empaparse del auténtico espíritu de la Orden, fundaron el primer monasterio más allá de los Alpes. A partir de Austria, las fundaciones se fueron multiplicando: Bélgica, Holanda, Irlanda, Francia, Inglaterra... En el siglo XX la Orden se extiende por los cinco continentes.
Para responder a los deseos del Vaticano II, toda la Orden se dedicó a una importante puesta al día de las Constituciones y Estatutos que se aprobó provisionalmente el 24 de marzo de 1975. Después de un periodo de prueba de varios años y de una nueva revisión que tuvo en cuenta las experiencias realizadas en los diversos monasterios y el nuevo Código de Derecho Canónico, fueron aprobadas las nuevas Constituciones el 6 de marzo de 1985.
El porqué de este proyecto religioso, sobre todo en lo referente a la rama femenina contemplativa, María Celeste lo expresa haciéndose eco de la voz que en su interior percibe con claridad:
"He querido escoger este Instituto a fin de que sea para el mundo entero un recuerdo vivo de todo lo que mi Hijo quiso obrar por su salvación". (Designio del Padre)
Para responder a este fin, María Celeste, le dio forma en una comunidad que se esfuerza por vivir plenamente el Evangelio en todas las dimensiones de su vida humana y religiosa, para ser en la Iglesia y en el mundo un testigo visible y una Viva Memoria del Misterio Pascual de la Redención, en el que el Padre realizó su designio de amor por Cristo y en el Espíritu.
"El Padre nos llama en Cristo y en el Espíritu, a ser hoy una Memoria Viva de Cristo Redentor. Nuestra comunidad responde a esa llamada comprometiéndose a caminar fiel y generosamente tras sus huellas.
Provistas de una sólida formación de base...
... y sostenidas por una estructura que orienta y unifica nuestros esfuerzos, vivimos en la contemplación de las maravillas del Señor." (Const. 2)
¿Cuál es nuestro papel específico dentro de la Iglesia?
"El Padre ha querido que la misión de la OSSR en la Iglesia sea la de ser un testigo claro e irradiante del amor que él nos tiene en Cristo". (Const. 5)
"Nuestro apostolado específico en la Iglesia es nuestra vida misma...
... En cada momento, por nuestra unión al Redentor... damos testimonio del Misterio de la Iglesia, Esposa de Cristo, y anunciamos el Reino que viene". (Const. 74)
"... Estaremos especialmente unidas a la Iglesia diocesana. Con ella compartiremos en la fe, el amor, la esperanza, las alegrías y penas de los que viven en esa región.
... Cada monasterio está llamado a ser en la Iglesia local, un centro de oración y de apostolado contemplativo". (Const. 75)
"La OSSR lleva a cabo su misión en la Iglesia en comunión profunda con toda la familia redentorista. La Orden está, desde sus orígenes, íntimamente unida a la Congregación. El doble Instituto está llamado a realizar un fin común de manera complementaria... Unos y otras tienen como misión ser testigos fieles del amor del Padre y continuar así, con la gracia del Espíritu Santo, el Misterio de Cristo Jesús, nacido de la Virgen María para la salvación de la Humanidad". (Const. 13)
Extendida por los cinco continentes, la Orden continúa irradiando desde la oración y la fraternidad el sobreabundante amor de Cristo...
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