Ordenación sacerdotal de Pablo y Carlos

Ordenación sacerdotal de Pablo y Carlos

En torno a Pablo Jiménez Ruiz y Carlos Antonio Galán Moreu y sus familiares, la Parroquia del Santísimo Redentor de Madrid vivió, la tarde del sábado cinco de diciembre, unas horas, calificadas de mágicas por unos jóvenes. Cuanto rodeaba su ordenación sacerdotal la hizo más atractiva: una iglesia abarrotada, con presencia juvenil muy nutrida, quizás dominante, un público muy atento y participativo, la música, aliado imprescindible y acertado, la corona formada por los 41 concelebrantes y el saber estar, reconocido por unos y por otros, del arzobispo de Madrid, D. Carlos Osoro.

La primera parte de la celebración – liturgia del primer domingo de Adviento, ciclo C – con el núcleo fuerte de las tres lecturas bíblicas, leídas, proclamadas por dos hermanas de Pablo y Carlos y por un diácono mexicano, compañero de curso, estuvo enmarcada musicalmente por el Kyrie, el Aleluya y, sobre todo, por el salmo 125 “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”, precedido de la antífona cantada “La misericordia del Señor grande es”. Terminada la proclamación del Evangelio, llamada de los dos candidatos por el P. José Luis Bartolomé, provincial, y las formalidades rituales sobre su idoneidad y decisión de ordenarlos por parte del arzobispo.

Homilía de D. Carlos Osoro. Agradó mucho la buena forma de expresarse, nada habitual entre obispos y sacerdotes. Aun cuando parecía tener un guión o, quizás, una redacción completa, su intervención fue hablada no leída, con un lenguaje directo, personal, conjugando acertadamente palabras y pausas, con tonos diversos según los momentos. Un detalle muy señalado por los redentoristas fue el haber incorporado insistentemente la fibra alfonsiana y redentorista. Dio detalles sobre una misión de los redentoristas en su pueblo de Cantabria, y recordó su deseo de ser sacerdote, manifestado al responder a la pregunta de un misionero: “¿quién quiere ser sacerdote?”

Señaló con claridad las tres partes de su homilía, inspiradas, por su orden en cada una de las lecturas bíblicas de la misa. 1. Jesús sigue haciendo maravillas hoy, como las hizo Dios según la lectura del profeta Baruc y el salmo 125 y las hará por medio de Pablo y Carlos como sacerdotes. 2. Dios os ha elegido “para ser colaboradores en la obra del Evangelio” (carta a los Filipenses). A pesar de vuestras debilidades y limitaciones, Dios llevará adelante la obra inaugurada hoy en vosotros. 3. Jesús os envía para que seáis su voz (como Juan Bautista), siguiendo el carisma de Alfonso. Con aplicaciones muy concretas fue comentando las imágenes del Evangelio: allanar, elevar, bajar, enderezar, igualar. Los que vosotros encontréis en vuestro camino sacerdotal “verán la salvación de Dios”.

Al final de la homilía se retoman los elementos propios de una misa de ordenación. Diálogo ritual entre el arzobispo y los dos diáconos sobre su disponibilidad para ejercer las funciones sacerdotales en la palabra, los sacramentos, especialmente la Eucaristía y sobre su voluntad de respetar y obedecer al obispo y superiores legítimos. Y a continuación las letanías, un momento que en tiempos pasados era temido y aburrido. En este caso, los siete minutos que duró su canto, no se hicieron largos, gracias a la alternancia ágil entre dos solistas y el coro/público participante. En las invocaciones, diez correspondieron a santos y beatos redentoristas. También se introdujeron otras referidas a lugares relacionados con la vida de Pablo y Carlos (Madrid, Granada, Valencia, etc.).

A continuación, los ritos centrales de la ordenación: imposición de manos por el obispo y plegaria de ordenación. Sin caer en el instantaneismo y colocando cada rito en el conjunto de la celebración, permítaseme la “curiosidad” del momento de la imposición de manos del arzobispo a Pablo a las 17.43 y a Carlos a las 17.44. Inmediatamente, imposición de manos a ambos por los 41 concelebrantes. Estos minutos transcurrieron en completo silencio, con la música callada, queriendo respetar el misterio y con la atención contenida y silente del público. Y acto seguido, la plegaria de ordenación cuya parte central cantada para mostrar su relevancia por D. Carlos, son las palabras “Te pedimos… que confieras a estos siervos tuyos la dignidad del presbiterado”… Con otros tres ritos se cierra lo propio de una misa de ordenación. En primer lugar, el gesto emotivo de la imposición de la casulla a Pablo y Carlos por sus padres, también en silencio. Y finalmente, mientras el coro canta: “Te alabaré, Señor… yo seré tu voz”…el arzobispo unge las manos de los nuevos sacerdotes y les entrega el cáliz y la patena. Quizás hubiera sido oportuna en estos instantes, una monición señalando al público los gestos que se realizaban y su significado. Esta pequeña observación no empaña en nada el acierto generalizado en las moniciones.

Desde el Ofertorio hasta casi el final de la Misa, se siguió el ritual habitual, con la participación de los dos nuevos sacerdotes, mientras el coro y el público acompañaban en tres momentos: presentación de las ofrendas, santo y, sobre todo, durante la comunión que duró bastantes minutos, a pesar de ser distribuida por cinco sacerdotes, entre ellos el obispo y Pablo y Carlos. A las 18.30 el Provincial, José Luis Bartolomé dijo una palabras de felicitación y de agradecimiento, seguido por el P. Octavio Hidalgo, superior de la casa, invitando al lunch ofrecido por la comunidad a todos los presentes en los locales de la planta inferior a la iglesia. Desde las 18.33 hasta las 18.37 Pablo y Carlos dieron las gracias emocionados y manifestaron sentirse en una nube como en el Tabor, con ganas de quedarse aquí, pero sabiendo que es necesario bajar y salir a donde está la gente para anunciar el Evangelio de la misericordia. Con la bendición del arzobispo y los nuevos sacerdotes se concluyó la celebración en la Iglesia. Como coda, el besamanos para todos los que desearon acercarse. El acto había durado una hora y cincuenta y dos minutos pero la buena disposición del público y la excelente realización por parte de todos los intervinientes logró recortar el tiempo del reloj. Fueron unas horas de felicidad para Pablo y Carlos, sus familias y amigos, para la comunidad de Félix Boix y para la Provincia redentorista de España. Laus Deo!!!

Quisiera completar esta reseña con varios añadidos. Los concelebrantes, como antes dije, fueron 41. La mayor parte de ellos, redentoristas, todos españoles menos un padre argentino que estudia en Madrid y el Padre Maurizio, italiano, maestro de novicios de Pablo y Carlos en Ciorani. Entre los pocos no redentoristas, menciono al jesuita P. Elías Royón, Vicario de la diócesis para la vida religiosa. En el público, muy destacada la presencia de jóvenes, sobre todo de Madrid, Sevilla, Granada, Valencia, etc. y nombrar también la de cinco jóvenes italianos de Ciorani. Y una mención especial para la presencia de nuestras queridas Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, muy bien representadas por el Gobierno General en pleno, con la ausencia obligada de la Madre General, y por otras de varias comunidades. Merece un recuerdo particular el coro, que canta habitualmente en nuestra parroquia, en la misa de nueve de la noche de los domingos y también la pequeña orquesta integrada por violín, violonchelo, oboe, clarinete y batería, en su mayor parte compuesta por jóvenes de nuestra parroquia de Sevilla. A ellos se debe, en no pequeña parte, el clima religioso y animado de la celebración, muy digno de agradecer.

En el lunch, ofrecido por la comunidad, participaron varios cientos de personas. El menú, abundantísimo – sobró bastante como en la multiplicación de los panes – y muy sabroso, había sido preparado con todo esmero durante horas por un grupo de laicos de nuestra parroquia de Félix Boix. Gracias a todos. El domingo día 6, Pablo, madrileño, celebró su primera misa en nuestra parroquia a las 13.00 horas y el martes 8, fiesta de la Inmaculada, también a las 13.00, Carlos lo hizo en nuestro santuario del Perpetuo Socorro de Granada, su tierra natal.

Javier Elizari

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