Nuestra historia...

 

En el vasto mosaico de las familias de Vida Contemplativa, una pequeña piedra viva viene a unirse a la composición del rostro de la Iglesia: es la Orden del Santísimo Redentor -las Redentoristas- nacida en Scala (Italia), ciudad perteneciente al Reino de Nápoles, el 13 de mayo de 1731, solemnidad de Pentecostés, bajo la influencia de la Venerable Madre María Celeste Crostarosa, que fue quien redactó las Reglas, y a quien se puede dar el título de fundadora, y bajo la dirección de Monseñor Tomás Falcoia, obispo de Castellamare, con la colaboración decisiva de San Alfonso Mª De Ligorio. María Celeste, habiendo tenido que dejar Scala, fundó en 1738 en Foggia, el Monasterio del Santísimo Salvador, en el que se vivió la Regla primitiva.

María Celeste Crostarosa, mujer de cabeza y corazón, una mística sobre todo, fue designada por Dios para dar al mundo esta nueva familia religiosa.

En 1730 tiene lugar el encuentro de Alfonso Mª de Liguori con Mª Celeste. Los dos, napolitanos, los dos nacidos en el mismo año, con diferencia de unas semanas.

En Scala descubren -cada uno en su momento- la vocación a la que han sido llamados: dar a la Iglesia una familia religiosa que, siguiendo al Redentor, se convierta en Memoria Viva de su vida y de su obra durante los años que quiso hacerse un peregrino más por los caminos del mundo.

Paralelamente a la Orden de las Monjas -con la ayuda del Monasterio de Scala y de María Celeste-, San Alfonso fundó en 1732 la Congregación del Santísimo Redentor. También la Orden de las Monjas recibió el nombre de Santísimo Redentor en el momento de su aprobación pontificia en 1750, por la comunión de origen y de fin que unía a ambos Institutos.

Nombrado obispo, San Alfonso favoreció la difusión de la Orden llamando a las hermanas, en 1766, a su ciudad episcopal, Santa Águeda de los Godos.

En el siglo XIX la Orden se propagó primero hasta Viena, en Austria (1831), donde, con el apoyo del venerable P. Passerat, dos hermanas, después de una estancia en Santa Águeda para empaparse del auténtico espíritu de la Orden, fundaron el primer monasterio más allá de los Alpes. A partir de Austria, las fundaciones se fueron multiplicando: Bélgica, Holanda, Irlanda, Francia, Inglaterra... En el siglo XX la Orden se extiende por los cinco continentes.

Para responder a los deseos del Vaticano II, toda la Orden se dedicó a una importante puesta al día de las Constituciones y Estatutos que se aprobó provisionalmente el 24 de marzo de 1975. Después de un periodo de prueba de varios años y de una nueva revisión que tuvo en cuenta las experiencias realizadas en los diversos monasterios y el nuevo Código de Derecho Canónico, fueron aprobadas las nuevas Constituciones el 6 de marzo de 1985.

El porqué de este proyecto religioso, sobre todo en lo referente a la rama femenina contemplativa, María Celeste lo expresa haciéndose eco de la voz que en su interior percibe con claridad:

"He querido escoger este Instituto a fin de que sea para el mundo entero un recuerdo vivo de todo lo que mi Hijo quiso obrar por su salvación". (Designio del Padre)

Para responder a este fin, María Celeste, le dio forma en una comunidad que se esfuerza por vivir plenamente el Evangelio en todas las dimensiones de su vida humana y religiosa, para ser en la Iglesia y en el mundo un testigo visible y una Viva Memoria del Misterio Pascual de la Redención, en el que el Padre realizó su designio de amor por Cristo y en el Espíritu.

"El Padre nos llama en Cristo y en el Espíritu, a ser hoy una Memoria Viva de Cristo Redentor. Nuestra comunidad responde a esa llamada comprometiéndose a caminar fiel y generosamente tras sus huellas.
Provistas de una sólida formación de base...
... y sostenidas por una estructura que orienta y unifica nuestros esfuerzos, vivimos en la contemplación de las maravillas del Señor."
(Const. 2)


¿Cuál es nuestro papel específico dentro de la Iglesia?

"El Padre ha querido que la misión de la OSSR en la Iglesia sea la de ser un testigo claro e irradiante del amor que él nos tiene en Cristo". (Const. 5)

"Nuestro apostolado específico en la Iglesia es nuestra vida misma...
... En cada momento, por nuestra unión al Redentor... damos testimonio del Misterio de la Iglesia, Esposa de Cristo, y anunciamos el Reino que viene".
(Const. 74)

"... Estaremos especialmente unidas a la Iglesia diocesana. Con ella compartiremos en la fe, el amor, la esperanza, las alegrías y penas de los que viven en esa región.
... Cada monasterio está llamado a ser en la Iglesia local, un centro de oración y de apostolado contemplativo".
(Const. 75)

"La OSSR lleva a cabo su misión en la Iglesia en comunión profunda con toda la familia redentorista. La Orden está, desde sus orígenes, íntimamente unida a la Congregación. El doble Instituto está llamado a realizar un fin común de manera complementaria... Unos y otras tienen como misión ser testigos fieles del amor del Padre y continuar así, con la gracia del Espíritu Santo, el Misterio de Cristo Jesús, nacido de la Virgen María para la salvación de la Humanidad". (Const. 13)


Extendida por los cinco continentes, la Orden continúa irradiando desde la oración y la fraternidad el sobreabundante amor de Cristo...


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