La espiritualidad de la Fraternidad se expresa en una comunión con todo el misterio de Cristo.
La meta del miembro de la Fraternidad es dejarse transformar por Jesús, de tal modo, que pueda llegar a decir con el apóstol Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo; es Cristo quien vive en mí” (Gal.2,20)
Para ello se esfuerza en vivir plenamente el Evangelio , en todas las dimensiones de la vida.
Para progresar en el amor, tendrá en cuenta que Jesús instituyó la Eucaristía como sacramento de caridad y signo de unidad. Alimentado frecuentemente por la Palabra y, comulgando el Cuerpo de Cristo, recibe luz y fuerza para hacer de su vida un sacrificio de alabanza para gloria del Padre, hasta llegar a ser Eucaristía Viva para la Iglesia y para el mundo
Vivirá su dimensión orante en espíritu eclesial. En unión con María, a ejemplo de los Apóstoles que en torno a Ella esperaban la venida del Espíritu en Pentecostés.