Testimonios


ALBERTO Y MARÍA JESÚS


Somos Alberto y María Jesús y queremos compartir con vosotros nuestra experiencia desde la Comunidad Redentorista.

Nos conocimos hace algunos años en este monasterio; por entonces participábamos en el taller de oración para jóvenes; nos entusiasmaba compartir la experiencia de la fe en un grupo repleto de gente joven. Comenzábamos nuestra reunión con un tema formativo y un rato de puesta en común y, posteriormente, con toda la comunidad, compartíamos la oración y el rezo de Vísperas. Los cantos, la oración y la presencia de toda la comunidad eran el hilo conductor de los talleres. La comunidad nos infundió desde el principio el gusto por el rezo de la Liturgia de las Horas.

Pasaron los años, y cada uno teníamos nuestras tareas y obligaciones, pero el Señor tenía preparada la unión de nuestros caminos.

Hace dos años nos casamos. La celebración de nuestro matrimonio se inició con el rezo de Sexta como presencia viva de la comunidad entre nosotros en el día más importante de nuestra vida.

Y ahora estamos viviendo un precioso adviento, porque esperamos que pronto nazca nuestro primer hijo.

Nos sentimos parte de la Familia Redentorista, compartimos las ilusiones, las preocupaciones y las celebraciones, como cualquier familia. Juntos hemos vivido momentos muy importantes, como el Tricentenario de la Congregación, el Centenario de la fundación del monasterio de Madrid, la elaboración de la primera página web del monasterio… pero recordamos con especial cariño el día que estrenamos Betel, el lugar del monasterio en el que celebramos los encuentros y convivencias.

Os animamos a acercaros al monasterio y vivir la fe desde la contemplación.

 
AURORA: La fraternidad, mi otra familia

 

Brevemente comparto con todos vosotros lo que supuso para mi vida conocer a la familia Redentorista, en concreto a esta Comunidad.

Como en todas las cosas importantes, este camino fue transcurriendo lentamente. Cada día iba conociendo más a Jesús, la oración contemplativa de la Comunidad - que me maravilló-,… Aquí he aprendido a leer la Palabra de Dios, algo que ha transformado mi vida.

Pertenezco a la Fraternidad de Cristo Redentor, la cual considero mi familia espiritual, mi punto de referencia; la siento cercana para todo lo que necesito. Mis mejores amigos y amigas las he encontrado aquí.

Llevo desde hace algunos años la cruz redentorista, cruz que también llevan las hermanas. El día de la imposición de la cruz fue un día maravilloso, un día que marcó mi vida. En todo momento me sentí arropada por la Comunidad.

Soy madre de familia y abuela de una nieta y próximamente también de un nieto, pero os puedo asegurar que nada en el mundo me ha dado tanta felicidad como conocer a Jesús.

 

 
MARISOL: La Comunidad Contemplativa Redentorista...

 

Le doy muchas vueltas a como hablar de este monasterio... y se las doy porque no es fácil poder expresar las cosas que se sienten con mucha intensidad... las cosas que se sienten muy muy dentro... Por otra parte ¿cómo hablar de mi casa? ¿cómo hablar de mis hermanas? Porque desde luego cuando voy al monasterio siento que entro dentro de un lugar cálido y amable, un lugar de descanso... como en casa. Después de una larga y cansada jornada, es como un auténtico oasis de paz.


En un mundo como el que vivimos se necesita un lugar como este donde frenar y descansar...donde buscar y encontrar el hermoso silencio de Dios. Me sorprendió siempre y me sigue sorprendiendo cómo una comunidad contemplativa abre sus puertas y su corazón a todo el que se acerca allí. Es una delicia compartir con ellas su deseo de agradar a Dios, la oración y los cantos...


Cuando deseo orar en silencio, allí lo encuentro... si necesito hablar, soy escuchada... si es compartir, comparten... Para mí son un ejemplo de sencillez y de amor. Su silencio y oración se contagia. Siento una inmensa felicidad al notar su amorosa relación con Dios.


Siempre que he tenido una preocupación, siempre que alguien de mi entorno ha estado enfermo o necesitado, ellas han compartido ese dolor conmigo... allí se siente y se respira una soledad sonora, una soledad habitada... En cuanto a la liturgia, es otra forma de vivirla... gente de la Fraternidad acuden asiduamente con una fidelidad encomiable... allí se sienten bien... nos sentimos bien... podemos orar... podemos relacionarnos con quien sabemos nos ama... ¡qué regalo! ¡BENDITO SEA DIOS !