Teniendo en cuenta los Documentos de la Iglesia y nuestras Constituciones -que en su renovación postconciliar se hicieron eco de los mismos- nuestro Monasterio llegó a ser una Casa de Oración teniendo en cuenta a las personas que buscan un lugar apropiado a fin de hacer días de retiro o desierto para un encuentro con Dios que habla en el “susurro de una brisa suave”…
El silencio, valor esencial en nuestra vida contemplativa, deja de ser un privilegio exclusivo, para convertirse en un don compartido.
La soledad la consideramos como un servicio eclesial que tiene como fin posibilitar también a otras personas el encuentro con Aquel que les invita a la soledad para hablarles al corazón.
Hace unos años, con el deseo de facilitar encuentros oracionales, se inauguró el salón Betel que consta de una sala para reuniones y un pequeño oratorio para encuentros programados de oración para niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas. No es infrecuente que venga alguna persona a orar en ese lugar, unas horas o uno o varios días de desierto.