María Celeste vivió en Nápoles. Ella vio aquel sol de Nápoles que transforma todo en oro.

Su comparación de Cristo con el sol, le ayuda a expresar lo que ella siente en su, sobre todo a la hora de la Comunión oración:

 

 

 

“ Un día el Señor me llamó con voz interior y le dijo: Mira el sol material,

cómo ilumina, calienta y hacer crecer las plantas de la tierra

para que den flores y frutos y alegra todo el mundo con su claridad.

Mira cómo por todas partes resplandece y sólo los que cerrando

las ventanas no quieren recibir su luz, se ven privados de ella

por su culpa y porque no quieren ver su esplendor.

Este sol que ves en el mundo visible ha sido creado como símbolo

del sol divino que, con mi divinidad, de luz al mundo interior

del alma y causa los efectos que produce mi divina presencia en

las almas por mí creadas. Cada vez que veas el sol material

recordarás todo lo que te he dicho, y ésta será tu oración continua”

 

 

 

Mª Celeste propone primero contemplar a Dios Padre en su Hijo Jesús: El es un sol que ilumina y calienta. Sus palabras son un eco del Evangelio de Juan… “En el principio era el Verbo…. Era la luz de los hombres… la luzverdadera que ilumina a todoel mundo (Jn 1,1-4.9)

Para orar bien, como Mª Celeste, es preciso tomarse tiempo para admirar: admirar a Dios, admirar su obra, admirar su amor.

A menudo corremos el riesgo de fijar nuestra mirada sólo en lo negativo que ocurre en nuestro entorno, olvidándonos de ver lo mejor.

¿HEMOS COMPRENDIDO QUE EL SEÑOR PROYECTA SOBRE NUESTRA VIDA Y SOBRE LA VIDA DEL MUNDO UNA LUZ NO COMPARABLE CON NINGUA OTRA?

EL NOS INVITA A VER PRIMERO LO QUE HAY DE BELLEZA Y BONDAD EN EL MUNDO Y EN CADA UNO DE NOSOTROS.