Hace ya bastantes años que en la Comunidad tenemos la gran alegría de poder acoger a los niños, una vez al mes (el 2º sábado), para orar juntos. Este grupo de oración surgió cuando varios niños del barrio llamaban a nuestra puerta para entrar a rezar a la Capilla. La comunidad quiso dar respuesta a ese deseo de los niños de orar.
Desde entonces, diversas hermanas se han ocupado de este ministerio de acompañar a los niños en la oración, de iniciarlos en la experiencia de Dios. Se trata de “provocar “el despertar religioso del niñ@, o de potenciar esa vivencia de la fe cristiana que ya recibe en su familia.
Al mismo tiempo, desde la Comunidad deseamos que los niños descubran aún más los valores que nos propone el evangelio: la fraternidad, la compasión, el perdón, la tolerancia, el compartir, etc. Valores cristianos que en nuestra sociedad muchas veces no son fácilmente perceptibles. ¡Queremos “educar el corazón de los niños y adolescentes” no sólo su cabeza! Deseamos transmitirles algo más que conocimientos, quisiéramos enseñarles a vivir de otra manera, desde la forma alternativa que nos ofrece la persona de Jesús y su evangelio. Para ello, les ofrecemos la oportunidad de tener momentos de oración en los que puedan descubrir la presencia amorosa de Dios en todo (especialmente en su corazón) y de entablar un diálogo amistoso con Jesús.
Creemos que hoy - más que nunca - los niños y adolescentes están necesitando personas que les quieran tal y como son, y que les ofrezcan respuestas positivas a sus deseos de ser felices. Para ello, intentamos potenciar la apertura del corazón del niñ@ a Dios, y que así puedan saciar totalmente su sed de ser amados, escuchados y tratados con respeto. Juntos oramos, también, para que todos los niños del mundo tengan lo necesario para ser felices: especialmente para que se sientan amados y cuidados.
También pretendemos que los niños adquieran “conciencia de grupo”. Frente al individualismo imperante, queremos que los niños descubran la belleza de compartir lo que son y lo que tienen. Son un grupo cristiano, que tiende a vivir como las primeras comunidades cristianas, como los primeros amigos de Jesús.
Como este grupo de oración fue creciendo se dividió en dos, con dinámicas diferentes adaptadas a las distintas edades: los pequeños, a partir de cuatro años, forman el grupo de Amigos de Jesús; y los mayores, de 8 a 13 años que son el grupo de Discípulos de Jesús.
La dinámica de nuestra oración es muy sencilla: creamos un ambiente en el que los niños puedan “ponerse en contacto” con Jesús Resucitado, presente en medio de ellos. Para ello, decoramos una Capilla pequeña con posters, velas, iconos, etc. y con música apropiada que les facilite la interiorización. También a lo largo de la oración cantamos cantos que nos ayuden a alabar al Señor y a expresar la alegría de sentirnos amados por El.
Comenzamos con un pequeño diálogo y compartir sobre un tema. A continuación, escuchamos algún texto bíblico, especialmente del evangelio (ilustrándolo con imágenes o dramatizándolo), lo comentamos, hacemos silencio y dejamos que el diálogo con nuestro Padre Dios o con Jesús brote espontáneamente. Después de unos breves momentos, compartimos con los demás lo que en ese día hemos sentido y pedimos también por toda la humanidad, especialmente por todos los niños del mundo. Después, los más pequeños expresan su experiencia con algún dibujo propio, o coloreando un dibujo relacionado con el tema; y los mayores escriben en su cuaderno de oración su vivencia, hacen algún gesto, elaboran un mural, etc. A todos se les entrega, al final, una hoja que hace referencia al tema sobre el cual hemos orado.
En estos años, han sido muchas las experiencias bonitas de las que hemos sido testigos. Cuando el niño o el adolescente se encuentra con el amor de Dios encarnado en la persona de Jesús, su vida cambia, sus rostros se llenan de paz y de alegría. ¡Cuántas cosas podemos aprender de la mirada de los niños!
Recuerdo que en una ocasión, en la oración habíamos escuchado y dramatizado la parábola del grano de mostaza. La hermana que estaba con los niños les dijo que cada uno de ellos era esa “tierra buena” en la que Jesús había sembrado la semilla de su amor y de su vida, y que este amor iba creciendo con ellos. Al llegar el momento de oración, a esta hermana le impresionó la mirada de Laura a una imagen de Jesús crucificado. Después, en el momento de compartir, le dijo que si quería expresar lo que había sentido, y Laura dijo: “Le he preguntado a Jesús que cuándo ha sembrado esa semilla en mí, y Él me ha contestado que desde que nací”.

¡OS INVITAMOS A PARTICIPAR EN EL GRUPO DE AMIGOS DE JESUS O DISCIPULOS DE JESUS EL SEGUNDO SABADO DE MES A LAS 12 H!
