Mª ÁNGELES TRABALÓN
Contemplativa redentorista del monasterio de Carabanchel

"La historia de mi llamada es bien sencilla, pero no por eso deja de ser una historia que a veces a mí misma me descoloca y es que el Señor también se vale de las cosas modernas para hacer las cosas a su manera. Navegando por Internet me tropecé con la página web de las Redentoristas y, sin saber muy bien el por qué, me lancé a contactar con ellas.

Primero fueron e-mails, llamadas telefónicas después y por fin: ¡la alegría del encuentro! Pero el Señor quería ir más lejos…así que pocos meses después de nuestro primer encuentro comencé mi experiencia en el Monasterio: aspirantazo, postulantado, noviciado y ahora...mi primera profesión religiosa.

El Señor me ha ido mostrando cada día la grandeza, la belleza de esta vocación tan maravillosa que es vivir escondida con Cristo en Dios, sin olvidarme del mundo sino presentándole cada día las necesidades de la humanidad a través de la oración, siendo a la vez una “memoria viva del Redentor” e irradiando a todos el Amor de Cristo."

 

 

 

 

 

MIGUEL CASTRO
Redentorista estudiante de Teología

"Mi experiencia es la de un religioso joven, y no la de un joven religioso. Me llamo, mejor dicho, mellaman Miguel, y pertenezco a esa preciosa generación de “los hijos de la Constitución”, así que calculando cuento con 29 años. Soy de Fuerte del Rey, un pequeño pueblo 100% olivarero a 12 Km de Jaén. Hijo y nieto de agricultores, soy agricultor de nacimiento y de corazón, lo cual me hace seguir sembrando cada día las semillas del Evangelio, estando con los pies en la tierra y con los ojos puestos en el cielo.

Allí viví hasta que comencé a estudiar Arquitectura en la Universidad de Granada. Estos años fueron cruciales para madurar la fe y poner en práctica todo aquello que mis padres y catequistas me habían enseñado; pero ahora tendría que hacer mío todo lo recibido. Aunque los “reden” ya eran bien conocidos en casa por mi hermana desde hacía algunos años, fue en Granada donde conocí a los Misioneros Redentoristas. Acabé por incorporarme a los grupos de jóvenes del Santuario de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. ¿Por qué aquí y no en otras iglesias vecinas? Dos mujeres muy queridas influyeron: una mi hermana que ya estaba en los grupos, y la mucha gente que iba conociendo por medio de ella; la otra Santa María y el amor por la Madre de Dios que desde muy pequeño mis padres me inculcaron.

Allí fui dando pequeños pasos, en grupos de formación, de moral, de voluntariado, de oración de jóvenes, siendo catequista o participando en algunas misiones, una de ellas en mi pueblo por donde los misioneros redentoristas pasaron.

Encuentros y convivencias, especialmente la Misión de los Jóvenes de El Espino (monasterio del S.XV. en Burgos), donde cada verano se reúne entorno a 200 jóvenes de toda España, fueron momentos para descubrir el amor de Dios en mi vida, la redención y el perdón. Entre los redentoristas se dice que el éxito de esta Misión Joven, es que los mismos jóvenes por su experiencia y testimonio, se convierten en misioneros y evangelizadores para los demás jóvenes. Esta vivencia de una Iglesia viva, misionera, joven, con ganas de seguir adelante y soñar con un mundo y una Iglesia diferente, donde todos tengamos cabida, fue y sigue siendo un estímulo en la vocación que se despertaba en mí.

Y digo “despertaba”, porque estoy convencido que Dios no dejó nunca de llamarme, desde mi más tierna infancia...

Años más tarde, tras una Pascua haciendo el Camino de Santiago, me decidí a dar respuesta a algo que hacía tiempo me inquietaba: ¿Dios me quería como Misionero en la Congregación del Santísimo Redentor fundada por San Alfonso para la Evangelización de los abandonados, de los pobres? ¿Sería posible que algún día se hiciese realidad esos sueños de niño, de ser sacerdote, de ser misionero construyendo casitas en algún país del tercer mundo? ¿Cómo sería la vida comunitaria desde dentro?

Por entonces tenía 25 años cuando comencé en la Congregación. Para algunos “vocación tardía”, para mí lo que llegó “tarde” sería más bien mi respuesta, aunque considero que fueron necesarias todas las experiencias anteriores para descubrir el valor de la vocación. Antes era feliz, y ahora lo sigo siendo. Antes tenía unas cosas que me hacían feliz y me realizaban en un proyecto profesional, ahora tengo otras cosas que me realizan en un proyecto de vida junto a Dios.

Cuando hablo con amigos de la vocación misionera, siempre les digo que no hay que tener prisa, que la paciencia todo lo alcanza, también la de Dios con nosotros, que Dios es muy pesado, y quiere lo mejor para cada uno de nosotros. Pero que es necesario responder, que también “este arroz se pasa”. Así que si alguien ve que ha llegado ese momento que lo haga, pues el proyecto de Dios, no se puede detener."

 

 

 



 

 

CARLOS SÁNCHEZ
Redentorista estudiante de Teología

"Fue mi experiencia personal con Dios la que dio comienzo a todo, cuando me topé con Él y sentí que me quería con locura; es más, que Él amaba a todos los hombres con locura y que me estaba llamando a mí para compartir esta Buena Noticia que yo había descubierto: ¡la mejor noticia de todos los tiempos! Esto fue precisamente lo que me lanzó a la misión, una realidad vivida auténticamente en la comunidad y testimoniada también en comunidad."

 

 

 

 

 

QUIQUE QUELLE
Laico redentorista

"Hace 30 años mis padres decidieron que debía nacer en Salamanca y el Señor quiso que fuera a dos calles de la parroquia de Santa Teresa, mi parroquia de referencia, y digo ‘de referencia’, pues son muchas las parroquias del mundo en las que he podido vivir y compartir mi fe. Todo comienza en 1997, cuando de nuevo el Señor, por medio de la Asociación para la Solidaridad, decide que debo ir a Perú y pasar casi un año de mi vida entre su gente…  no contento con eso, nada mas regresar, decide que el Equipo Misionero Redentorista CESPLAM podría ser bueno para mi proceso de fe y mi maduración personal… ¡que razón tenia! Si algo ha marcado mi vida son los años que he pasado por los pueblos de España, anunciando la Buena Noticia del Evangelio. Hoy después de todo esto, quiere que este en la Editorial del Perpetuo Socorro y en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, como catequista de confirmación y con mi grupo de música Blanco Gas… y como por ahora, en todo lo que él ha decido por mi, no se ha equivocado en nada… solo puedo darle gracias a él por mi vida.