Testigos de ayer y de hoy

 
MARÍA LUISA SÁENZ OIZA

 

«Estoy como viviendo lo que sería la experiencia de la muerte si los hombres no hubiéramos pecado. Una muerte vivida sin temor, como un paso a la vida, como si la vida brotara de las propias entrañas.»

Mª Luisa

 

 

MARIA LUISA SAENZ OIZA, nació en Madrid el día 1 de enero de 1934. Sus padres, Vicente Sáenz Vallejo, natural de Talavera de la Reina, y María Oíza Sagüés, natural de Cáseda (Navarra).

A los cinco años fue llevada al internado que las Hijas de la Caridad tienen en Oviedo, donde permaneció hasta 1948.

Estudió Filosofía y Letras en la rama de Pedagogía y ejerció como profesora adjunta en el Instituto Lope de Vega.

Ingresó en el Monasterio el 15 de enero de 1961. Hizo su Profesión temporal por tres años el 16 de enero de 1963. Y su Profesión Solemne el 16 de enero de 1966.

Ejerció los empleos de encargada del jardín y de la huerta, enfermera y portera.

Desempeñó los cargos consecutivamente de Subpriora; Maestra de Novicias y, posteriormente, Priora cinco años en esta Comunidad (Carabanchel) y un año en la Comunidad de Chulucanas (Perú) de donde regresó el 5 de noviembre de 1982, enferma de cáncer incurable.

         Descansó en el Señor el 20 de septiembre de 1983.


 
CECILIA PUERTAS MARÍN

Si crees, verás la gloria de Dios. (Jn 11, 40)

“Es necesaria la fe para ver la gloria de Dios. Pero la fe es un don. Todo don necesita un recipiente donde ser depositado. Si el recipiente está lleno no cabe nada.
Es preciso estar vacíos de nosotros mismos para que Dios deposite su don: la fe.
El mismo…y veremos su gloria”.

Cecilia

 

CECILIA PUERTAS MARÍN, nació el 16 de marzo de 1953 en Torquemada (Palencia). Sus padres, José Puertas Alcalde, natural de Baltanás (Palencia) y Faustina arín Rodríguez, natural de Quintana del Puente (Palencia).

Ingresó en el Monasterio el 29 de septiembre de 1981. Hizo su Profesión temporal el 25 de marzo de 1984. y su Profesión Solemne el 29 de marzo de 1987.

            «Sólo hacía un año y medio que había profesado. Mi corazón estaba lleno de ilusión y grandes deseos de una entrega generosa, de ser toda entera, totalmente de Aquel que un día me miró con Amor. De pronto, un día me levanté con un dolor impresionante en un brazo que, en pocos días se extendió a todas las extremidades.

            Cuando el médico me vio, fue duro escuchar el diagnóstico: esclerodermia. Se hicieron todos los intentos para llevarlo a cabo, pero no entraba yo dentro de esas posibilidades. Se disparó enseguida, y a los pocos meses estaba extendida por todo el cuerpo y adueñándose también poco a poco del corazón, pulmones, esófago, riñones…

            …Entre mejorías y recaídas el cuerpo se iba “rompiendo”. La fe me ayudaba a creer que dentro estaba la Vida. La Vida de Dios que me habitaba en Cristo Jesús por el Espíritu Santo.

            …Yo vivo el dolor como una fiesta: LA FIESTA DEL AMOR DE DIOS que se ha crucificado conmigo por amor para decirme que también así me ama. Jesús me llamó a vivir en su amor, y en ese camino me encontré con el dolor. Pero el amor de Jesús es más fuerte, y no lo puede ahogar el dolor por muy fuerte, por muy agudo que sea. Por eso el dolor se viste de fiesta.»

       Cecilia descansó en el Señor el 21 de octubre de 1992 al mediodía, a los  39 años de edad.

 

 
Mª MAGDALENA BURGOS SALAVERRI

 

Mª MAGDALENA BURGOS SALAVERRI, nació el 21 de enero de 1924 en Villanueva del Arzobispo (Jaén). Sus padres, Tomás Burgos Muñoz, natural de Villanueva del Arzobispo (Jaén), y Joaquina Salaverri Martín, natural de Lanjarón (Granada).

Ingresó en el Monasterio el 12 de octubre de 1947. Hizo su Profesión temporal el 17 de octubre de 1949. Y su Profesión Solemne el 17 de octubre de 1952.

Desde que hizo su primera profesión en 1949 fue alcanzada por la participación en la cruz de Jesús. La enfermedad le acompañó toda su vida y fue transformándola plenamente en Cristo, haciéndole vivir su vocación de Redentorista, en Él, desde la Cruz. A pesar de su delicada salud, se entregó al trabajo cotidiano como una más, y aunque se le decía que estuviera el tiempo que pudiera, ella se quedaba hasta que no podía más.

Su criterio fue sano y clarificante tomando parte en el Consejo de la Comunidad en varias ocasiones y actuando como Subpriora. Fue muy responsable en los oficios que se le confiaron, destacando de modo especial los pocos años que pudo estar de enfermera, por su caridad y comprensión.

Partió para la Casa del Padre el 7 de marzo de 1998, sábado, a las 4.30 de la madrugada a la edad de 74 años.

Entre sus notas hemos encontrado esta que os compartimos y que ya será en ella una realidad:

«PADRE: que no sufran aún mis ojos el hambre de tu Rostro.
Cúbreme con tu Misericordia.
Haz descender sobre mí tu Amor.
Ponme a la Sombra de tu NOMBRE el día AQUEL,
en que ya no haya más Sombra que la tuya.»

Mª Magdalena