Reflexión

Una congregación en salida

Escrito por en May 10, 2017 en Noticias, Reflexión | Comenta

Introducción

En este tiempo de Pascua, cada uno de nosotros experimenta el misterioso “paso” del Señor resucitado de la muerte a la vida. Vivimos este misterio pascual en nuestra vida diaria, personalmente y como comunidad. A la luz de esto, todos somos invitados a dar un “paso” de la muerte a la vida mientras vivimos, en nuestro día a día, nuestra vocación redentorista. Al dar este “paso”, el Señor nos abre la mente y el corazón, y nos inspira a comprender cada vez mejor el papel salvífico que lleva a cabo nuestra Congregación en el mundo de hoy.

En esta atmósfera de luz, y en espera de los dones del Espíritu, nos gustaría continuar nuestras reflexiones sobre el mensaje final del Capítulo General a la Congregación. En este número de un cuerpo, vamos a considerar el tercer párrafo, titulado: Una congregación en salida.

Durante el Capítulo ha resonado con fuerza la llamada del Papa Francisco a “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20), y a evaluar nuestras estructuras ya que en muchas ocasiones “pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador” (EG 26; Cf. Const. 15). Así, cobra renovado sentido y gran actualidad nuestra vocación misionera en la Iglesia.

Nuestras Constituciones nos recuerdan que “esto lo lleva a cabo acudiendo con dinamismo misionero y esforzándose por evangelizar en las urgencias pastorales a los más abandonados, especialmente a los pobres” (Const. 1). ¿Tendremos el coraje necesario para preguntarnos dónde se encuentran las periferias en nuestras Unidades? ¿Estaremos dispuestos a mostrar nuestra disponibilidad misionera? Cada Unidad deberá estar atenta a estas urgencias, teniendo muy en cuenta a los jóvenes, a los migrantes y a los más desfavorecidos.

El texto del mensaje nos exhorta a hacer dos cosas, ambas necesarias para la vitalidad de nuestra Congregación: ir hacia adelante y evaluar. A primera vista, la perspectiva de realizar estas acciones podría desanimarnos, porque tenemos la impresión de haberlo hecho ya muchas veces en el pasado. Pero si queremos estar en contacto con el mundo de hoy y con su realidad, si queremos seguir respondiendo fielmente a la compasión creativa, probablemente debamos repetir este modelo nuevamente: andar hacia adelante (actuar) y evaluar (un paso atrás para tomar finalmente la decisión de avanzar de nuevo en la esperanza).

Nuestra Congregación sigue adelante con su historia y con sus tradiciones, con sus fortalezas y debilidades, con sus esperanzas y sus desafíos. Lo importante es que somos conscientes de que el carisma dado por Dios y recibido por Alfonso y por sus primeros compañeros debe ser aplicado de manera concreta en la situación actual. El testimonio de los Redentoristas de las generaciones pasadas nos da ánimos y nos llena de gratitud, pero no podemos quedarnos ahí. No basta con copiar el pasado o seguir haciendo lo que hemos ” hecho siempre”. Debemos abrazar con gratitud el pasado, y después jugar nuestras cartas de cara al futuro. Incluso cuando parece que nuestra vitalidad y nuestro dinamismo son muy limitados, lo que nos invita a ir hacia adelante es la conciencia misionera de que existen zonas y territorios a nuestro alrededor que necesitan la luz del Evangelio (EG 20).

También somos invitados a evaluar nuestra misión y nuestro ministerio. En este paso, no somos invitados a impresionarnos mutuamente con nuestros pequeños o grandes éxitos, sino a ser fieles a la llamada que hemos recibido. El proceso de evaluación debe llevarse a cabo en un espíritu de sinceridad y verdad con respecto a la calidad de nuestra vida apostólica y de la eficiencia evangélica de nuestras estructuras. No se trata de demoler las estructuras, sino más bien de preguntarnos si todavía son “evangélicas” y, si no, cómo hacerlas “más evangélicas.” Las estructuras existen para hacer el trabajo más eficiente y organizado. Las estructuras están al servicio de la misión y del ministerio. A veces, si no sirven realmente para los fines apostólicos, las estructuras pueden hacernos menos generosos en la respuesta a los signos de los tiempos y a la hora de aceptar nuevos retos.

En este contexto, cómo responder a las preguntas planteadas en esta sección del mensaje del Capítulo general:

¿Tendremos el valor de preguntarnos dónde están, en nuestras Unidades, estas periferias que necesitan de nuestra presencia y de nuestro trabajo evangelizador?
¿Estamos preparados y dispuestos a mostrar nuestra disponibilidad misionera?

La palabra de Dios es mi luz

Leamos el pasaje del Evangelio según San Juan, capítulo 21, versículos 1-14. Cuenta cómo el Señor Resucitado se aparece a sus discípulos por tercera vez. La historia comienza con la decisión de Pedro de “volver a su vida anterior”, a su antigua profesión. Los otros lo siguen. Cuando aparece Jesús, sólo el discípulo amado es capaz de percibir la identidad de Jesús, quién es realmente. Esto es posible porque el discípulo amado no depende sólo de la lógica de la apariencia, sino que también utiliza la lógica del amor y del corazón. Después la historia continúa con la pesca abundante, y termina con la convicción: Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían bien que era el Señor.

Esta historia hace referencia a un paso o un camino de la duda y la decepción a la certeza y a la luz. Es un viaje pascual. En esta historia vemos a Pedro (el líder del grupo) que regresa a su antiguo modo de vida. Tal vez, en lo más profundo de su corazón, recordaba los días en los que dejó su trabajo como “pescador de peces” para convertirse en “pescador de hombres”. Fue Jesús el que lo llamó, y fue Jesús quien lo convirtió en pescador de hombres. Ahora Jesús ya no está en medio de ellos, y llega la tentación de volver a la vieja y “segura” tradición. Y los otros lo siguen. Regresan a sus antiguos puestos de trabajo. Ni siquiera reconocen a Jesús cuando aparece. Sólo el discípulo amado de Jesús, guiado por la lógica del corazón y del amor, es capaz de gritar: “¡Es el Señor!”. En la narración, los discípulos no dicen casi nada, pero al final se convencen de que realmente es el Señor. Su presencia los convierte ahora en creyentes. ¿Qué decir de nosotros?

¿Reconocemos a Jesús, el Señor, en aquellos que viven en las periferias, lejos de la luz del Evangelio?
¿No sentimos la tentación de creer, en momentos de dificultad y de desilusión, que es más fácil o “mejor” elegir las antiguas y “seguras” opciones?

Bebiendo de nuestra fuente

Leemos unas palabras de una carta escrita por el P. Fabrizio Cimino en nombre de San Alfonso en julio de 1758. A pesar de que se han escrito en un estilo y en un lenguaje anticuado, podemos tomar el espíritu y la intención del autor. En estas palabras, podemos tocar y sentir el celo y la pasión de nuestros primeros cohermanos en el ir a llevar la luz del Evangelio a aquellos que han sido abandonados y olvidados:

Nocera, 18 de julio de 1.758

Mis queridos Padres y Hermanos en Jesucristo, se me ha pedido por nuestro Padre que os comunique la noticia de que se nos ha pedido enviar jóvenes a las misiones extranjeras en Asia. (…) He aquí un gran campo abierto ante nosotros en el que la cosecha está lista y en espera de ser cosechada por trabajadores animados de celo apostólico. Mirad esas desafortunadas naciones bañadas en lágrimas, levantando una voz suplicante al cielo, pidiendo al Señor que os envíe hasta ellos (…) En su extrema pobreza no piden nada más que ser devueltos al seno de la Iglesia. ¡Sois vosotros los que invocáis; vosotros, os digo, los que os habéis mostrado así de generosos con vuestros paisanos! Sois vosotros los llamados a no considerar sus almas inferiores a las de vuestro pueblo. Ellos tienen el mismo Creador, han sido formados de la misma sustancia, y tienen el mismo derecho que nosotros a la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Casi se podría decir que existe un deber de justicia que nos debería motivar a llevar la luz de la verdad al país desde el que la recibimos.

Si el viaje os asusta, ellos prometen recompensaros con una acogida más afectuosa; si los inconvenientes os hacen estar nerviosos, os aseguro una rica cosecha. Si el cansancio que deberéis soportar os asusta, deberéis animaros con la recompensa eterna que os espera. ¿Y qué razones podemos tener para no ir en su ayuda?

Mis Padres y Hermanos, estoy seguro de que algunos de vosotros no queréis perder la corona que el Señor se digna ofrecer con sus benditas manos, una corona con la que me gustaría ver la frente de cada uno de vosotros adornada en nuestra casa celeste.

En conclusión, me encomiendo a vuestras oraciones, y mientras humildemente beso vuestras manos, firmo,

Tu siervo y Hermano en Jesucristo,

Fabrizio Cimino

Del Santísimo Redentor

Para reflexionar y dialogar

Llamados a llevar la luz del Evangelio a los que lo necesitan, ¿podemos encontrar en esto una invitación a revisar nuestro espíritu y nuestras estructuras para responder más rápidamente a las necesidades apostólicas de quienes viven a nuestro alrededor?
¿Sentimos profundamente en nosotros mismos que somos responsables del mantenimiento del carisma de la Congregación que nos ha dado Dios?

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UN SOLO CUERPO es un texto de oración mensual propuesto por el Centro de Espiritualidad Redentorista. Para más información:

P. Piotr Chyla CSsR (Director del Centro de Espiritualidad, Roma) – fr.chyla@gmail.com. Traducción: Pedro Lopez CSsR

La renovación de nuestra vida consagrada

Escrito por en Mar 20, 2017 en Reflexión | Comenta

 

Después del Año de la Vida Consagrada

No hace mucho tiempo que concluyó el Año de la Vida Consagrada. Sería bueno preguntarse lo que, en concreto, ha quedado en nosotros y en nuestras comunidades después de este año tan especial.

Recordamos el lema del Año de la Vida Consagrada: ¡Despertad al mundo! “¡Despertad al mundo, iluminadlo con vuestro testimonio profético y contracorriente!” – nos dijo el Papa Francisco en el mensaje de apertura del Año de la Vida Consagrada. En el mismo mensaje el Papa nos ha indicado tres actitudes programáticas para implementar esta llamada a despertar al mundo: siendo alegres, siendo valientes y siendo hombres y mujeres de comunión. En su carta apostólica, dirigida a todas las personas consagradas, ha compartido la perspectiva con la que debemos caminar: mirar con gratitud el pasado, vivir el presente con pasión, y abrazar el futuro con esperanza.

Sería muy útil si pudiéramos pasar algún tiempo en nuestras comunidades llevando a cabo una reflexión sincera sobre lo que hemos recibido durante el Año de la Vida Consagrada como comunidad “concreta”. Este análisis en retrospectiva nos podría ayudar a entender e intuir tanto lo que se ha logrado como lo que queda por hacer, lo que nos ha dado nueva luz y nueva vida, y lo que se ha convertido en un obstáculo en el camino de nuestra la vida consagrada.

Mensaje del Capítulo

El último Capítulo General en su mensaje a la Congregación desarrolla temas ya propuestos durante el año de la vida consagrada; con las siguientes palabras se nos invita a una reflexión muy seria y sincera:

Cada cohermano analice en profundidad su vida consagrada y vea cuáles son los aspectos de su vida que es necesario convertir y revitalizar. Es fundamental una íntima comunión con Cristo Redentor que toque nuestras heridas personales y comunitarias, las cure, fortalezca nuestra vida espiritual y nos haga disponibles para la misión. Nuestra comprensión de la Comunidad Apostólica Redentorista estaría incompleta sin la promoción alegre de la vocación. Alentamos a todos los cohermanos a redescubrir la belleza de su vocación redentorista, y a convertirse en los primeros agentes de pastoral vocacional en sus Unidades, creando una cultura vocacional, para que muchas personas se incorporen a nuestra familia.

Si tomamos en serio esta invitación a llevar a cabo un examen profundo de nuestra vida consagrada, cada uno de nosotros podría identificar los “espacios interiores de misión” en los que se necesita conversión y renovación.

El Capítulo señala que, como base para este proceso de revisión, es necesario establecer una comunión íntima con Cristo Redentor. Sólo en unión con Él esta “operación a corazón abierto” puede tener éxito y convertirse en un proceso de curación. Tenemos que comenzar examinando el estado de nuestra relación con Cristo. Él es la fuente de mi vocación y Él es el que me envía en misión al mundo de hoy. ¿Leo mi vida en esta perspectiva?

En segundo lugar, el Capítulo nos invita a redescubrir la belleza de nuestra vocación. Vivimos una vocación común que es la “suma” de muchas vocaciones. En otras palabras, nuestras historias están ligadas: la historia de mi vocación desde el inicio hasta el momento presente se une a las historias de la vida de cada Redentorista, y éstas contribuyen a la forma actual de nuestra Congregación. La belleza de esto está en redescubrir “cómo” permanezco disponible para la misión de Cristo en el mundo de hoy, con todas las consecuencias de esa elección. He hecho mi elección, y no me arrepiento. Tengo la profunda convicción de que, a pesar de los mejores y perores momentos, a pesar de las muchas dificultades, he vivido una vida dedicada a Cristo, y puedo sentir todavía que Él camina a mi lado.

En tercer lugar, la certeza de que hoy en día vale la pena ser redentorista, me lleva a un modo de confianza que me permite promover este estilo de vida para los demás. A causa de lo que he experimentado, quiero compartir, quiero hacer a otros partícipes de esta historia que comenzó antes que yo, y que continúa en mi vida.

Algunas preguntas para la reflexión y el diálogo:

•         ¿Crees que la vida de tu comunidad puede atraer a alguien a unirse a nosotros?

•         ¿Aconsejarías este tipo de vida a los jóvenes que encuentras en tu actividad misionera?

•         ¿Crees que estás haciendo lo suficiente en este campo de tu vida como Redentorista?

Nuestras Constituciones

En nuestras Constituciones y Estatutos hay muchas referencias a nuestra vida consagrada, y a la vida dedicada al Santísimo Redentor. Tomamos aquí una sola referencia -Constitución 56- que dice: Bajo la acción del Espíritu Santo, los redentoristas se esfuerzan en llegar a la donación total de su ser para hacerse ellos mismos, por Cristo, respuesta de amor al Señor “que los amó primero (1 Jn 4, 10)”. Esta respuesta la expresan por la profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia.

Esta Constitución en particular, nos llama a ofrecer una entrega total de nosotros mismos. Darnos a nosotros mismos de esta manera es una decisión que sólo puede llevarse a cabo como fruto del Espíritu Santo que se mueve y nos fortalece en nuestra vocación. Se trata de una respuesta libre de nuestra parte al amor de Cristo, que nos amó primero.

Cada cambio y cada conversión comienza con la experiencia del amor de Dios. Nuestra respuesta puede ser total y completa sólo si hemos sido y somos tocados profundamente por Dios. Sólo entonces podemos encontrar un nuevo entusiasmo y nuevas habilidades para renovarnos. Nuestros votos de castidad, pobreza y obediencia son la expresión de nuestra clara elección y decisión. Esta es la razón por la que la Constitución 56 se describe como una respuesta de amor. Cada cambio debe llevarnos a la misión, a una actividad apostólica concreta que encuentra su origen en la misión de Cristo.

Algunas preguntas para la reflexión y el diálogo:

•         ¿De qué manera estas palabras “idealistas” resuenan en mis oídos?

•         ¿Encuentran en mi corazón una respuesta inmediata o tal vez, porque son demasiado “idealistas”, encuentran resistencia?

•         ¿Cómo podemos responder a esta invitación a nivel individual y comunitario?

•         ¿Hay, en nuestra vida comunitaria, “espacios interiores de misión” que deben ser renovados?

Bebiendo de nuestra fuente

Pronto nos disponemos a celebrar la fiesta de San Clemente Hofbauer. Este cohermano se presenta siempre como un ejemplo de dedicación y de celo apostólico. Su famoso dicho es: “¡El Evangelio debe ser predicado de una manera nueva!” Su tiempo no era muy diferente al nuestro, y ahora se presenta ante nosotros como un guía, ya que fue capaz de encontrar formas eficaces de llegar a los pobres y a los abandonados.

La figura de San Clemente Hofbauer nos inspira y a veces nos reta. Nos preguntamos: “¿Cómo fue posible trabajar de este modo?” Tuvo que pasar por muchas dificultades en su vida apostólica, y sin embargo se le llama “un místico en acción”. ¿Cómo es que este hombre, a veces descrito como un “fracaso total”, todavía puede inspirar y atraernos a todos nosotros?

He aquí algunos puntos de su fisonomía apostólica que tal vez nos puedan animar , tanto en nuestro ministerio en el mundo actual, como en la renovación de nuestra vida consagrada:

•         Clemente tenía una conciencia muy realista de su responsabilidad y de su especial misión  para su tiempo, para el particular período histórico en el que se encontraba el mundo, la Iglesia y la Congregación.

•         Tenía el sentido profético para entender la evangelización como un criterio normativo para la comunidad apostólica.

•         Clemente conocía el poder de la Encarnación en la periferia del mundo, de las naciones, y de la Iglesia, permitiendo que el evangelio fuese predicado a los más abandonados de una manera más relevante y significativa.

•         Sentía una gran urgencia de comunión en la comunidad apostólica redentorista, tanto en el apostolado como en la vida ordinaria.

•         Es un testigo de armonía entre la dimensión activa de la vida y la contemplativa.

•         Nos ofrece el testimonio de una actitud y una perspectiva de futuro.

•         Clemente nos lleva a vivir, como él mismo vivió, una auténtica creatividad y una fidelidad radical al mundo en el que vivimos y en el que hemos sido llamados a trabajar, a la Iglesia, al Espíritu, a Cristo, a la Congregación, al carisma fundacional encarnado por Alfonso, y a la llamada personal a través de la cual esta fidelidad nos invita a servir a los pobres.

Algunas preguntas para la reflexión y el diálogo:

•         ¿Qué debería significar para nosotros vivir en una Congregación que tiene como miembro a un apóstol de la talla de Clemente Hofbauer?

•         ¿Qué nos dice Clemente sobre el amor a la Congregación? … ¿qué sobre la fidelidad a la tradición? … ¿qué sobre la renovación?

•         ¿De qué manera Clemente nos puede inspirar en la renovación de nuestra vida consagrada?

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UN SOLO CUERPO es un texto de oración mensual propuesto por el Centro de Espiritualidad Redentorista. Para más información:

P. Piotr Chyla CSsR (Director del Centro de Espiritualidad,

Roma) – fr.chyla@gmail.com

Un solo cuerpo: atentos a las heridas del mundo

Escrito por en Ene 22, 2017 en Reflexión | Comenta

Introducción

El XXV Capitulo General ha tenido lugar en Pattaya (Tailandia) y ha concluido a finales de noviembre de 2016. Al comienzo del Mensaje del Capítulo a la Congregación leemos estas palabras: “no tenemos derecho a proclamar a Jesús como nuestro Dios y Señor si no tocamos sus heridas”. La cita está tomada de una de las conferencias que ofreció el Cardenal Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila, durante el retiro espiritual predicado al inicio del Capítulo.

El Mensaje del Capítulo está dividido en ocho secciones, cada una de ellas con su propio título. El Centro de Espiritualidad Redentorista propone que dichos títulos se conviertan en los temas para la edición 2017 de UN SÓLO CUERPO. La primera sección del Mensaje se titula: Atentos a las heridas del mundo.

Solidarios con un mundo herido

Un observador cuidadoso del mundo de hoy puede percatarse fácilmente de que, además de experimentar el tremendo progreso y avance de la tecnología, este mundo también está experimentando sufrimiento y dolor. Las heridas del mundo se pueden notar en diversas áreas: la política, la familia, la vida de las personas solas, el ecosistema… e incluso la misma Iglesia no está esenta de estas heridas.

Como misioneros, estamos invitados a responder al grito del mundo herido, partiendo de nuestra solidaridad con ese grito. Esta afirmación es muy estimulante, y al mismo tiempo ¡muy arriesgada! Para ser solidarios con el mundo sufriente, debemos evitar cualquier tipo de imaginación idílica que nos pueda llevar a conclusiones que serían irrealistas y patéticas. ¡Cuantas veces las grandes ideas terminan en ilusiones que, en lugar de ser fuente de inspiración, se convierten en trágicas desilusiones! La solidaridad debe ser real y tangible.

¿Cuántos de nosotros, cohermanos o laicos asociados, se sienten heridos por las dificultades que han tenido que afrontar, o simplemente por la insatisfacción y la conciencia de la propia pobreza? ¿Cómo pueden curarse estas heridas? ¿Es posible hacerlo? ¿Quién puede hacerlo?

En el capítulo 20 del Evangelio de Juan podemos leer la historia de Tomás, quien se curó de su incredulidad gracias a una terapía de choque: el Señor le hizo tocar sus propias heridas, causadas por la tortura de la cruciflixión. Seguramente no fue una terapia muy placentera, pero sí termina con una de las más hermosas confesiones que nos ofrece la Biblia: Señor mío y Dios mío.

¿Habria estado Tomás en condiciones de realizar tal confesión si no hubiera tocado las heridas del Señor? No lo sabemos. Pero en nuestra mente se atisba la convicción de que fue precisamente por haber tocado las heridas del Señor Resucitado, lo que ha hecho que Tomás se volviera creyente.

Hoy, el Señor está presente en todos los lugares y  personas que están heridas. Sólo si nosotros lo reconocemos allí presente, estaremos preparados para comprender la profundidad de aquel misterio: tocamos las llagas de Jesús en aquellos que sufren hoy. Y entonces será verdad que, de esta forma, encontraremos la curación de nuestras propias heridas (cf. 1 Pe 2, 24).

No existen ‘soluciones rápidas’ para el mundo herido. Algunas veces tenemos la tentación de aplicar nuestros métodos y nuestros medios a una realidad que no podemos curar. Antes de nada, debemos desarrollar una actitud de escucha atenta, sin interrupción. Nuestro primer compromiso es escuchar a Dios. Él es quien nos habla, y quien cura las heridas. Él nos puede ‘convertir’ en sus instrumentos para llevar curación a los que la necesitan, pero es Él quien cura. Habla a los corazones de aquellos que sufren y de aquellos a los que cura.

Escuchemos a nuestros conhermanos de comunidad, que son nuestros compañeros de viaje. En nosotros está la voluntad de tratar de llegar a las personas que están lejos, pero muy a menudo nos olvidamos de aquellos que quizás viven en nuestras comunidades y están heridos.

Escuchemos a los más abandonados, especialmente a los pobres a los que somos enviados. Tratemos de ser desafiados y curados por ellos. Tratemos de llevarles ayuda y consuelo, escuchando atentamente su historia. La mayor parte de las veces no podremos cambiar su vida desde el punto de vista material, pero a lo mejor con la escucha les restituimos algo que les curará, poniendo en valor su dignidad (Cf. Cons. 43).

Muchas veces hemos escuchado a nuestros misioneros o a otras personas de la Iglesia que no es fácil proclamar el Evangelio de Jesús. Si escucháramos las historias de nuestros misioneros ancianos y leyéramos las vidas de nuestros Santos y Beatos (en este mes, las de San Juan Neumann y el Beato Pedro Donders), nos daremos cuenta que nunca ha sido fácil predicar la Buena Noticia de Jesucristo.

Las personas heridas viven en nuestro mundo tal cual es, con sus luces y sun sombras. Podemos elegir entre pasar toda nuestra vida despreciando o criticando al mundo secularizado de hoy, o podemos acoger el reto y comenzar a sembrar las semillas de la Buena Noticia en este mundo aparentemente “malo”. Si pensamos que nosotros podemos llevar la salvación al mundo, fallaremos siempre, pero en cuanto dejemos que Jesús actúe a través de nosotros, la cosa comenzará a cambiar  (cf. Cons 51).

¡Qué importante es que todas nuestras reflexiones teológicas, en particular aquellas que tienen que ver con la teología moral, estén abiertas a un diálogo con este mundo en el que vivimos! Puede no ser fácil dar una solución inmediata a muchas de las preguntas éticas y morales, pero nuestra gente quizás espera de nosotros solamente ésto: que podamos darles una dirección, un apoyo, una ayuda en sus luchas, no sólo con nuestras predicaciones, sino involucrándonos en sus vidas (cf. Cons. 19; 023-024).

La Palabra de Dios

Volvamos al pasaje del Evangelio de Juan (20, 24-29). Es una historia muy commovedora y, como hemos visto, Tomás pasa de incrédulo a creyente. Y se convierte en creyente por Jesús lo ha transformado, permitiéndole tocar sus heridas. Como se ha dicho ya, el fragmento termina con una de las más hermosas confesiones de fe jamás realizadas: Señor mío y Dios mío.

¿Qué nos dice este texto, tanto a nivel personal como comunitario? ¿Pensamos, quizás, que como Redentoristas, necesitamos una experiencia como la de Tomás, es decir, la experiencia de todas las verdaderas llagas de Jesús? En caso de que así sea, ¿cuál es la forma realista de hacerlo en nuestra vida?

Bebiendo de nuestras fuentes 

En el último mes hemos recordado a dos de nuestros cohermanos: Juan N. Neumann y Pedro Dondres, que, con el testimonio de su vida, han llegado a ser ejemplos de como estar unidos a las heridas de Cristo en las personas que tenemos cerca. Han dado testimonio de forma diferente y en culturas completamente diversas, a pesar de pertenecer al mismo periodo histórico.

No obstante, ambos compartían una característica común: ambos han querido dar su vida a Dios de una forma tranquila y ordinaria. A lo mejor éste es el secreto de su “éxito”: el haber sido capaces de estar atentos a las heridas del mundo. Han dejado que Jesús obrase a través de su vida, permitiéndole que les hiciera instrumentos de su compasión. Escuchemos una breve descripción de su vida y su espiritualidad.

El primer fragmento está tomado del decreto sobre las virtudes de San Juan N. Neumann, proclamado por el Papa Benedicto XV: “Los méritos de un hombre activo se miden no tanto por el número de hechos realizados, cuanto por su minuciosidad y estabilidad. Porque la verdadera actividad no consiste en mero ruido; no es flor de un día, sino que se desarrolla en el presente, es el fruto del pasado y debe ser la buena semilla del futuro. ¿No son éstas las características que destacan en la actividad del Venerable Neumann? Teniendo todo esto en mente, ninguno dudará acerca del hecho de que la simplicidad de la obra desarrollada por nuestro Venerable Siervo de Dios no fue impedimento para convertirse en un maravilloso ejemplo de actividad”.

El segundo, acerca del Beato Pedro Donders, es una breve descripción de su vida ofrecida por el P.  Fabriciano Ferrero CSsR: “Sin embargo, nuestro Beato Pedro no es una persona extravagante. Pertenece, de hecho, a los misioneros sencillos y pacíficos que, con sus virtudes heróicas y sus humanas limitaciones, han ido a construir la comunidad cristiana en América Latina. El suyo no es un papel especial que impresiona hoy, sino que destaca como un auténtico representante de tantos hombres y mujeres que dieron lo mejor de sí mismos para edificar la Iglesia de Dios en las “periferias del catolicismo”. Su biografía es una auténtica tortura para quien desea continuar la línea clásica de escribir la historia, porque es difícil encontrar algo extraordinario en su personalidad y en su trabajo humilde. [Se escondía] en el anonimato de una colonia, junto a otros, construyendo comunidades cristianas a partir de una fidelidad simple y radical al Evangelio, en la vida cotidiana en los remansos del mundo, de la sociedad y de la Iglesia. Figuras como la de Donders merecen poca atención. En ellos, lo que es extraordinario radica en la perfección y heroicidad de la vida ordinaria, en la perfección de hacer todo bien.

Teniendo en mente el “testimonio silencioso” de nuestros cohermanos, confiamos nuestra vida y nuestra vocación misionera a María, la Madre de Jesús. Ella ha vivido una vida tranquila, y precisamente por ello ha podido reflexionar y meditar sobre la acción de Dios en su vida. Sobretodo, estaba atenta a las necesidades de los otros, pidiendo a su Hijo que ayudara a los que tenían necesidad: ¡Haced lo que él os diga!

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UN SOLO CUERPO es un texto de oración mensual propuesto por el Centro de Espiritualidad Redentorista. Para más información:

Piotr Chyla CSsR (Director del Centro de Espiritualidad,

Roma) – fr.chyla@gmail.com

Un Solo Cuerpo 2: Disponibilidad para la Misión

Escrito por en Jun 12, 2016 en Noticias, Reflexión | Comenta

Situación actual

Uno de los principales temas de reflexión durante el último sexenio en nuestra Congregación fue la disponibilidad para la misión. Nos dimos cuenta de que en el proceso de renovación de nuestras estructuras, resultaba muy fácil entrar en un debate teórico y una forma de pensar nada realista. He aquí la razón por la cual el tema del último sexenio termina con las -muy importantes- palabras: para la misión (cf. C 52-54).

Un observador atento a la situación del mundo y de la iglesia de hoy percibirá que en muchas zonas en las que el mundo y la iglesia deben hacer frente a existe una brecha significativa entre la teoría y la situación real. Uno puede tener la impresión de que estamos perdidos en un sinfín de reuniones y encuentros, y no encontramos el tiempo suficiente para leer cantidades de papeles llenos de análisis teóricos y modelos.

Esto nos puede dar la impresión de que están ocurriendo muchas cosas sobre la solución a los problemas a los que nos enfrentamos: reuniones, documentos, estrategias, acuerdos…, esfuerzos que realmente cansan a la gente. Pero la cuestión es: ¿Alguna vez llegaremos a una solución real, que afecta a la vida real de las personas, en el mundo real? Es muy fácil perderse en las nubes, dándonos una buena excusa: “¡pues se ha hecho mucho!”. Viviendo en las nubes, es muy fácil justificarse: ¡al menos lo intentamos!

yhfEl lugar privilegiado en el que la teoría y la práctica se encuentran, impactando en la vida real, soy yo mismo. Las soluciones reales y tangibles aparecen cuando estoy disponible y preparado para ser parte de la vida real de aquellos a los que he sido enviado.

Si ardemos en el amor y la misericordia de Dios, que es siempre concreta, debemos estar disponibles para ir allí donde el amor y la misericordia son necesarios en el mundo de hoy. Como Redentoristas, estamos llamados a ser personas preparadas y dispuestas a acudir donde hay más necesidad (cf. C 15). Pero… ¿esto es realmente verdad en nosotros? ¿No estamos, a menudo, más preocupados por proteger de nuestra propia comodidad y seguridad?

La palabra Autonomía viene del griego y se puede traducir como: “mi propia ley”. Todos estamos involucrados en nuestro propio “pequeño mundo”, que forma parte del gran mundo. Sin embargo, en nuestro ministerio cotidiano y en nuestra forma habitual de hacer las cosas, a menudo nos olvidamos de “la foto más grande”. Es aquí donde tenemos la tentación de crear nuestras propias “leyes”, de ser autónomos. Con el fin de ser eficientes y conseguir nuestros objetivos, habitualmente protegemos nuestra autonomía. Siempre existirá una tensión entre salvaguardar “mi propia ley” y dejar que Jesús sea mi ley o, mejor dicho, permitirle que use “mi propia ley” en Su proyecto evangélico.

Si bien no sería prudente abandonar todas estructuras y seguridad para caer en una actividad puramente espontánea, también sería un error llegar a apegarse tanto a la forma habitual de hacer las cosas que por ello estuviéramos seguros del éxito.

Es un desafío discernir entre lo que es una carga y debe ser abandonado, y lo que es valioso y necesita que se continúe a pesar de sus muchos riesgos. Este desafío sólo puede aceptarse a la luz del Evangelio, ya que sólo a la luz del misterio del Verbo encarnado se esclarece realmente el  misterio del hombre y el sentido auténtico de su vocación integral (cf. C 19).

Durante muchos años, hemos hecho referencia a la Constitución 20 como nuestra “tarjeta de identidad”. Muchas veces citamos esta Constitución en nuestras asambleas y la indicamos cada vez que se nos pregunta qué somos nosotros como Redentoristas. Pero muy a menudo limitamos nuestra cita a la primera parte de esta Constitución y quizás olvidamos un poco la segunda parte. Vamos a leerlo todo: Los redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de san Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra, y por la abnegación de sí mismos se mantienen disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo.

¿Estamos dispuestos a ser hombres que no tienen un lugar al que llamar hogar, sino más bien encontramos nuestro hogar entre los más necesitados? ¿Es realmente la Constitución 20 nuestro distintivo de fidelidad?

Palabra que nos ilumina

 Podemos leer detenidamente el pasaje del Evangelio de Lucas, en el que Simón se convierte en “el pescador” (cfr. Lc 5, 1-11).

jesusDesde una perspectiva humana y racional, Simón nunca debería haber obedecido la petición de Jesús. Era u pescador profesional y llevaba toda su vida pescando. Pescar era toda su vida. Conocía mar, conocía los tiempos y las épocas en los que se podía pescar. Al igual que cualquier otro pescador, Simón tenía sus propias reglas y normas, y sabía cómo ponerlas en práctica con el fin de tener éxito en su trabajo. Una de esas normas era que los peces pueden sólo se pueden pescar a determinadas horas del día. Cuando Jesús le dice que eche las redes, le está pidiendo que actúe en contra de las reglas y normas de todo pescador, siguiendo su propia ley.

Cuando Jesús se acerca a Simón y sus compañeros, los encuentra en una situación muy difícil. Estaban lavando sus redes vacías. Probablemente no era la primera vez que tenían que lavar las redes vacías, pero esta experiencia siempre es dura para todo pescador. Habían hecho todo correctamente. Comenzaron a pescar en el momento adecuado, siguieron con todas las normas y leyes que conocen de sobra, dedicaron muchas horas de la noche a esta tarea, llegaron al agotamiento y… para qué: redes vacías.

Así era la vida de Simón: pescar. Sabía que a veces se termina con las redes vacías, aunque también era obvio que tras un momento de decepción,  debía empezar de nuevo – tal vez la siguiente noche – la pesca. Porque ésta era su vida: el mar, la barca, las redes y de nuevo al mar, la barca y las redes y otra vez… La vida de Simón hubiera continuado así si Jesús no lo hubiera invitado a algo más grande, nuevo y desconocido. Él permite a Simón dar este paso.

Obedeciendo a Jesús, Simón quiebra su propia autonomía: “su propia ley”. Este es quizás el momento más difícil de la historia. Simón actúa en contra de sus propias convicciones y, en cierto modo, en contra de su propia reputación como pescador profesional. Pero el mayor cambio que se observa en la historia narrada por Lucas, es que Simón cambia su mentalidad. Se pone de manifiesto en la forma en que se dirige a Jesús. Primero, le llama “maestro”, tal vez por el respeto que Jesús merecía. Después de la pesca abundante le llama “Señor”, llevado por su propia experiencia. Esto es justamente el comienzo del proyecto que Jesús tenía en mente para Simón cuando lo conoció: hacerlo “renunciar a su autonomía” y, en lugar de seguir su ley, convertirse él mismo en disponible para la misión.

¿Cómo hubiera sido la vida de Simón si no hubiera seguido la invitación de Jesús y hubiera seguido haciendo “su propia voluntad”? ¿Encontramos en esta historia algunas características que se parezcan a nuestra propia vida a nivel personal y comunitario? ¿Nos damos cuenta de que tal vez “nuestras propias leyes” – autonomía- nos esclavizan y nos hacen incapaces de asumir el riesgo de seguir a Jesús hasta el final?

Meditación

  • Para hacernos disponibles para la misión, decidimos, primero de todo, que no queremos hacer nuestra propia voluntad y seguir nuestras propias leyes sino que, después de un verdadero discernimiento, queremos cumplir la voluntad de Dios. Haciéndonos disponibles, nos ponemos a disposición de Dios. San Alfonso escribió en su obra “La uniformidad con la voluntad de Dios” que “toda nuestra perfección consiste en el amor. Pero toda la perfección de amor consiste en el cumplimiento de la voluntad de Dios“.
  • San Alfonso prefiere la palabra “uniformidad” más que la palabra “conformidad”. Conformidad significa que adaptamos nuestra voluntad a la de Dios. Pero la uniformidad significa más. Significa hacer de la voluntad de Dios y la nuestra una sola entidad, por lo que no queremos nada más que lo que Dios quiere, y que sólo la voluntad de Dios será nuestra.
  • Alfonso contempla la cumbre de la perfección en el cumplimiento perfecto de la voluntad de Dios. “Para dar complacer al Amado” es una de sus expresiones favoritas.
  • El Espíritu abre nuestros corazones al cumplimiento de la voluntad de Dios, como lo hizo en la vida de San Alfonso. El Padre Tannoia escribe: “Convencido de la voluntad de Dios, Alfonso se animó y se armó de valor y, haciendo a Jesucristo el sacrificio total de la ciudad de Nápoles, se decidió a vivir el resto de sus días entre chozas y tugurios, y morir entre campesinos y pastores”.
  • Uno que se muestre disponible para la misión ha de recorrer el camino de la renuncia y el desprendimiento. Con el fin de decir “sí” a Dios, tenemos que decir “no” muchas veces a muchas cosas. A veces, al decir Amén al “no”, decimos “sí” a Dios.
  • Pero no sólo renuncia y desprendimiento son muy importantes. Más importante es estar disponible. El don de uno mismo consiste realmente en esto. Alfonso dice que Cristo se nos ha entregado “por la pérdida de su vida en la cruz“. Las palabras “por la pérdida de su vida” no significan que la pérdida de su vida fue el regalo perfecto de Cristo, sino más bien que al renunciar a su vida se puso a nuestra disposición, para que podamos recibir los beneficios de su sacrificio, ofreciendo también nuestra vida a Él.

San Alfonso afirma claramente esto en una frase de una de sus oraciones más hermosas:

Oh Amor de mi alma, me ofrezco a mí mismo y me abandono por completo a Ti, satisfaciendo el deseo que tienes de unirte Tú mismo enteramente a mí, con el propósito de unirme totalmente a Ti, mi Dios y mi todo. Ven, Jesús, y posee todo mi ser; atrae a todos mis pensamientos y todos mis afectos a ti.

 Madre del Perpetuo Socorro y Madre de Misericordia

En la Congregación, estamos casi al final del Año Jubilar del Icono de la Madre del Perpetuo Socorro. Participando en muchos eventos durante toda la Congregación, hemos crecido en la convicción de que en verdad Ella es nuestra Madre.

MPH designed 1Nos hemos dado cuenta de lo providencial que fue que el Icono nos haya sido entregado a nosotros y lo bien que encaja con nuestro carisma. Nuestra Madre del Perpetuo Socorro nos enseña cómo permanecer fieles y perseverantes a la voluntad de Dios, a pesar de las preguntas y las dudas. Ella nos señala a Jesús que, con su presencia en medio de nosotros, ilumina nuestro camino cuando tenemos que discernir cuál es la ruta que tenemos que seguir.

Por último, Nuestra Madre del Perpetuo Socorro nos da ejemplo de lo que significa estar disponibles para los planes y los proyectos de Dios. Ella supo cómo abandonar su propia autonomía y hacerse disponible para algo desconocido y nuevo.

Al celebrar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, leamos las palabras del Papa Francisco durante su homilía en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, este año. Que sus palabras se conviertan en nuestro deseo y convicción como preparación para el XXV Capítulo General:

Atravesemos, por tanto, la Puerta Santa de la Misericordia con la certeza de que la Virgen Madre nos acompaña, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros. Dejémonos acompañar por ella para redescubrir la belleza del encuentro con su Hijo Jesús. Abramos nuestro corazón de par en par a la alegría del perdón, conscientes de la esperanza cierta que se nos restituye, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios.

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UN SOLO CUERPO: LA ORACIÓN Y EL ICONO DEL PERPETUO SOCORRO

Escrito por en Ago 22, 2015 en Reflexión | Comenta

UN SOLO CUERPO: LA ORACIÓN Y EL ICONO DEL PERPETUO SOCORRO

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Apóstol  de Oración constante

San Alfonso Mª de Liguori en su libro “Visitas al Santísimo”, en la primera reflexión, “Jesús, fuente de todo bien”, dice: “¡Santo Dios! Preguntan, Jesús Sacramentado, qué se hace en tu presencia o qué no se hace. Mas yo digo: y ¿qué clase de bien deja de hacerse? Se ama, se alaba, se agradece, se piden gracias. ¿Qué hace un pobre en presencia de un rico? ¿Qué un enfermo delante del médico? ¿Qué un sediento a la vista de una fuente cristalina? ¿Qué un hambriento, en fin, ante un espléndido banquete?”

Enumera diversas formas de hablar con Dios: Oración amorosa, oración de alabanza, oración de agradecimiento, oración de acción de gracias. Todas  parten de dos presupuestos: De un Dios poderoso y  misericordioso y de la limitación y pobreza del ser humano. Por condescendencia de Dios se entabla una amistad entre el Creador y la criatura. Santa Teresa de Jesús decía: “A mi parecer no es otra cosa la oración sino tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama” (Vida Cap. 8, nº 5).

La oración es, ante todo, un don de Dios misericordioso que nos trata como amigos, sin que nosotros hayamos puesto nada de nuestra parte para merecerlo. Se pone a nuestra disposición, pierde su tiempo para atendernos en nuestras necesidades, e incluso, en nuestros caprichos y escuchar nuestras quejas y desahogos.

La oración no se limita a hablar con Dios, es silencio para escuchar a Dios.  Y hay muchos intereses materiales en nuestro corazón que obstaculizan la escucha. Para que la voz de Dios llegue nítida debemos limpiar nuestra  casa de preocupaciones y sentimientos egoístas. Nuestra oración puede falsificarse por ambiciones y apetencias personales y, entonces, no estamos hablando y escuchando a Dios, nos estamos hablando y escuchando a nosotros mismos.  Nos parecemos  a aquel “Lord”, acusado ante un tribunal de tenerse por Dios. Interrogado  qué razones  aducía para proclamarse Dios, contestó: “Porque cuando rezo a Dios e intento escucharlo, la voz que escucho es la mía”. ¿No nos sucede a nosotros algo parecido cuando acudimos a Dios, sin estar enteramente dispuestos a aceptar su  voluntad?

Mientras en nuestra oración no nos adentremos en la escucha de Dios  y nos limitemos sólo a exponerle un elenco de peticiones y necesidades, no estaremos preparados para escuchar al hermano. No pasaremos de contemplar su físico exterior, a contemplar lo que hay detrás de esa cara, en el interior,  donde viven los sentimientos.

Luz para mis pasos es tu Palabra

Es el momento de leer Lucas  18, 9-14: Una disposición imprescindible para  la oración  es la humildad de corazón: “¡Oh Dios ten compasión de mí, que soy un pecador!” Dedicar un tiempo  para el silencio, la reflexión y la comunicación.

Meditamos a partir de los dos protagonistas de la parábola:

El fariseo tenía muchos rincones oscuros en su vida de relación con Dios. Él solo es quien habla sin darle oportunidad a Dios. También es él mismo quien pretende ser la voz de Dios, esa voz que no puede llegar hasta su corazón, porque sus oídos están taponados por su autosuficiencia y su orgullo. La propia voz del fariseo es la que resuena en su interior.

El publicano parte del reconocimiento de su indigencia. La mirada de Dios  puede penetrar hasta su interior e iluminar los rincones oscuros. La sinceridad es quien abre el oído a la voz del Señor. No emplea muchas palabras para reconocer su situación de pecado. Son suficientes para manifestar la humildad de corazón: “Un corazón contrito y humillado Dios no lo desprecia” (Sal 51, 19).

¿Has cerrado tus  oídos con los tapones de la autosuficiencia del fariseo?   Destapónalos con la humildad del publicano.

Ante el Icono

Contempla el Icono y pregúntate: “¿Qué  mensaje me transmite el icono de parte de Dios?”

Basta con colocarse delante de la Virgen del Perpetuo Socorro, mirarle a los ojos para sentirse atraído por su mirada.  Una mirada que inspira confianza para desahogar los sentimientos, ya sean de alegría o de angustia. Es una  invitación a pedir su ayuda y protección. Ante esta imagen sucede lo mismo  que a los leprosos cuando Jesús pasaba cerca.  Aunque tenían prohibido acercarse a las personas sanas, la figura del maestro les arrastraba como la fuente a un sediento. Sabían que no los rechazaba, que los miraría con confianza, que se atrevería a tocarles y a devolverles la salud.

Algo parecido acontece ante el Icono. Se dan las condiciones necesarias para prorrumpir en una sincera plegaria. Es la Madre de Dios, tiene a Jesús en sus brazos: “Si quieres puedes…” ¿Tienes necesidad de curación, de un remedio para tus males? Confía en su ternura, pues Ella misma la expresa con su mirada. Con sencillez, sin necesidad de palabras, le puedes abrir el corazón. Este socorro que brinda a quien se acerca se manifiesta con tal claridad que, aún aquellos  que no son creyentes, acuden a Ella implorando su protección. Es un Icono que rebosa humanidad y consuela a cualquier hombre o mujer.

El Icono proyecta la imagen de Dios. Es el espejo donde mejor se refleja el rostro materno de Dios: Los rasgos femeninos de Dios, presentes ya en el Antiguo Testamento, aparecen en la delicadeza y dulzura  del Icono. En el profeta Oseas Dios se expresa así: “Fui para ellos como quien alza una criatura a las mejillas; me inclinaba y les daba de comer” (11,4). Isaías dice: “Como un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo” (66,13). Este es el gesto de María agarrando las manos de su Hijo, asustado ante los instrumentos de la Pasión que le presentan los ángeles. María dice a los huérfanos y personas solas y abandonadas: “Acércate,  que te ponga en mis brazos, como tengo a mi hijo”.

Si en tu interior existe inquietud por la belleza y conservas  el gusto artístico propio de la persona humana, sentirás, al fijar tu mirada en el Icono, que de él fluye una hermosura sobrenatural. Brotan destellos de luz. Si esta mirada la potencias con la Fe, entonces percibirás que las palabras del Arcángel Gabriel, en el momento de la Anunciación: “El Señor está contigo”, son una realidad casi palpable. En María estás viendo a Dios, irradia la ternura del Padre Celestial.

Bebiendo de nuestro pozo

El carisma de la Congregación es el manantial donde los redentoristas  bebemos el agua de la oración. Fundados para acudir con el alimento evangélico a los necesitados de la Palabra de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, que se retiraba a orar, a hablar con Dios, buscamos en la oración nuestro propio sustento y el pan que compartimos.

El redentorista, ya desde el comienzo del Instituto, dedica parte de su vida a la contemplación de los Misterios de Salvación. Aquellos, cuya forma de vida ha sido la entrega generosa y sacrificada a los necesitados, buscaron la fuerza y generosidad en el trato confiado con el Señor, en el silencio del convento, y han hecho de su celda un oratorio. El estudio y la composición de sus predicaciones han sido elaboradas en diálogo con Jesucristo, maestro y amigo confidencial.

La necesidad de la oración es un absoluto para el creyente, aunque la manera de orar reviste diversas formas. Entre los redentoristas se han practicado de un modo más frecuente: La meditación, la Eucaristía y amor a Jesús Sacramentado, el Viacrucis, el Rosario y las demás devociones a la Virgen María. Estas devociones vienen desde el fundador que las vivió con fervor, les dio realce, las predicó. Escribió libros que las facilitaban y las recomendó a los asistentes a las predicaciones misionales, como medios de perseverancia en la amistad con Dios.

San Alfonso, de tantos libros  como escribió, al que consideraba más adecuado para que los fieles alcanzasen la salvación, es el “Gran medio de la oración”. Él mismo afirmó: “Si estuviera a mi alcance, imprimiría tantos ejemplares como cristianos hay en el mundo, y pondría un ejemplar en las manos de cada uno”.

Las Constituciones hoy

La oración es imprescindible en la vida comunitaria y en la vida personal. La constitución 26 dice: “Los congregados hagan suya incesantemente  la recomendación del Señor: “Es preciso orar siempre sin desfallecer” Lc 18, 1.  Cita Hechos 1,14 y 2,42 para ponernos como modelos de oración a los apóstoles que acudían asiduamente  a la fracción del pan y a las oraciones y perseveraban en la oración con un mismo espíritu junto con María, la Madre de Jesús.

Esta insistencia de las Constituciones  en la oración es asumida por todo redentorista, ya desde el noviciado. Ninguno cuestiona la necesidad de la oración en cuanto a la teoría. El problema surge y con fuerza, a la hora de ponerla en práctica.

La mayor dificultad es la diversidad de actividades asumidas por la comunidad y personalmente. La oración comunitaria puede verse reducida  a la participación de solo parte de sus miembros. Por un lado la misma comunidad no ha conseguido adaptar los horarios para que todos puedan participar. Por otro lado algunos miembros han aceptado compromisos  personales que interfieren con la hora de la oración comunitaria.

La oración comunitaria y la oración personal se apoyan, o mejor, se alimentan mutuamente. La comunitaria, sin la vivencia personal del contacto directo y previo con Dios, se limita a un recitado del oficio divino, sin vivencia interior. Será  una oración impuesta, como una obligación rutinaria y, a veces, molesta. Partiendo de este estado de ánimo cualquier motivo es suficiente para dejarla. Se encontrarán fácilmente excusas y justificantes para no asistir.

La oración de la comunidad, cuyos componentes no están en unión con Dios, se parece a la carreta que va llena de cántaros vacíos. Hace mucho ruido, pero sin contenido.

La oración comunitaria es aliento vital de la comunidad. Una comunidad  que prescinde de la oración está cortando la corriente del oxígeno necesario para que la comunidad viva  unida, mantenga su opción preferencial por los necesitados y consiga que entre todos los miembros haya comprensión, perdón, solidaridad y amor. La ayuda mutua que, a veces, puede resultar sacrificada encontrará el apoyo necesario en la oración comunitaria.

Las formas de practicar la oración han evolucionado positivamente y se han enriquecido con aportaciones de vivencias evangélicas de unos y otros cohermanos y en el contacto con otras congregaciones. Estas prácticas oracionales que han ido sustituyendo a las tradicionales, trayéndoles nueva fuerza, nos sirven para mejorar nuestra oración personal y comunitaria. También para celebrarlas y vivirlas con los fieles.

Conclusión

Podemos terminar esta reflexión con una oración delante del Icono de la Virgen del Perpetuo Socorro:

Con nuestra mirada puesta en tu imagen,

te pedimos, Madre buena, que nos enseñes a hablar con Dios;

algo así como tú hacías al hablar con tu Hijo.

Sácanos primero de la prisión de nuestros egoísmos,

de nuestros intereses particulares y prejuicios.

Nos perdemos en el hacer y en el planificar.

A veces olvidamos nuestro ser de redentoristas,

porque hemos prescindido del silencio,

de la conversación tranquila y sosegada con Dios.

Sabemos que Dios se sirve de nuestros deseos,

que, a pesar de nuestras dudas y oscuridades,

intentan ser fieles a la vocación de atender a los pobres

y que tú sostienes con tu Perpetuo Socorro.

Dios es quien nos ha convocado a vivir en comunidad.

Jesucristo cuenta con nosotros

para continuar su misión evangelizadora.

En el niño asustado que tienes en tus brazos

nos muestras el rostro de los niños hambrientos,

de las niñas violadas, de los condenados a trabajos forzados

y privados de sus derechos.

Ayúdanos a liberarlos de esas esclavitudes,

sanarlos y acercarlos a Jesús.

Él es nuestro maestro y guía.

Prometemos seguir tu consejo:

“Haced lo que Él os diga”.

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UN SOLO CUERPO es un folleto mensual de reflexión y oración, preparado por el Centro de Espiritualidad Redentorista (P. Piotr Chyla CSsR  – fr.chyla@gmail.com  ).

Esta edición fue preparada por: Alberto Eseverri CSsR –  kaelcssr@hotmail.com

Un solo cuerpo: de hermanos

Escrito por en Jul 19, 2015 en Reflexión | Comenta

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Desde el principio, los Hermanos Redentoristas han sido parte integral de los miembros de nuestra Congregación. En los últimos veinticinco años hemos visto cómo el número de Hermanos descendía significativamente acompañado de una muy desproporcionada relación entre las profesiones temporales de los candidatos que aspiraban al sacerdocio y de los que aspiraban a ser Hermano. Si miramos hoy a los miembros de nuestra Congregación desde un punto de vista estadístico según el número de Hermanos y de Sacerdotes, vemos el panorama desolador que se le presenta al futuro del Hermano Redentorista en la Congregación. Nuestras más recientes estadísticas indican que, de un total aproximado de 5 mil Redentoristas, tenemos tan sólo  cuatrocientos Hermanos con un promedio de edad, además, superior a los 60 años.

Cuando en ocasiones se habla del tema de los Hermanos, la conversación suele girar en torno a unas pocas  preguntas: ¿Necesitamos todavía Hermanos en la Congregación cuando justamente ahora nos estamos abriendo a la colaboración de los laicos y llegamos, a veces, incluso a contratar gente que haga el “trabajo” que solían hacer antes generalmente los Hermanos? ¿Debemos continuar aceptando candidatos a Hermano? ¿Cuál es la identidad del “Hermano” en la Congregación? Todas estas preguntas, y muchas más que se hacen sobre los Hermanos en la Congregación, son en sí mismas síntoma de otro problema mucho mayor que consiste en una errónea concepción de nuestra vocación como personas llamadas a vivir la vida consagrada. Dar una respuesta a cada una de estas preguntas puede ayudar a calmar la preocupación de algunos, a arrojar luz sobre determinadas incertidumbres, a clarificar ciertos equívocos o, incluso, a reforzar la opinión de quienes creen que ya no hay necesidad de Hermanos. Para abordar este interrogante hoy, hay que plantearse la cuestión de un modo  correcto, no haciéndose sólo una pregunta: ¿Qué significa ser Hermano Redentorista?, sino preguntándose también ¿Qué significa ser  Redentorista? Si somos capaces de dar una definición de lo que es ser Redentorista, podremos también, en consecuencia, definir qué significa ser Hermano Redentorista. En nuestras Constituciones y Estatutos se utiliza ya desde el principio la palabra Redentorista para referirse a los miembros de la Congregación.

“Para realizar esta misión en la Iglesia, la Con¬gregación reúne hermanos que, viviendo en común, constituyen un cuerpo misionero… Todos los redentoristas, movidos por el espíritu apostólico e imbuidos del celo del Fundador, fieles a la tradición marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos…”  (Const. 2)

Así, para responder a la pregunta ¿Quién es un Redentorista?, el primer sitio lógico al que acudir para buscar una respuesta se halla en nuestros documentos oficiales; ellos nos indican la idea fundamental para hallar la respuesta. La Constitución 20, que memorizamos durante nuestro noviciado, nos proporciona claramente el perfil de quienes son llamados a ser Redentoristas. Además, el último Capítulo General, estudiando los “signos de los tiempos” e intentando dar una respuesta apropiada a los desafíos que ellos representan, tomó algunas Decisiones con el fin de acelerar el proceso de  Reestructuración, ya en marcha desde hacía años. El XXIV Capítulo General expresó con el lema escogido cuál debía ser el enfoque que habría que dar a la misión hoy día: “Predicar el Evangelio siempre de manera nueva, renovada ESPERANZA, renovados CORAZONES y renovadas ESTRUCTURAS para la MISIÓN”. Este mismo Capítulo expresó también cuál era el perfil del Redentorista hoy. (cfr. Decisión Final, XXIV Capítulo General 2009).

Si los términos de estos documentos nos situaron en el recto camino para responder a la pregunta ¿Quién es un Redentorista? podremos responder también, en consecuencia, a la pregunta ¿Quién es un Hermano Redentorista?

El Hermano Redentorista, como todos los Redentoristas, está llamado a vivir en comunidad formando un solo cuerpo misionero que continúe a Cristo Redentor. El Hermano ha salido del Pueblo de Dios y ha sido llamado a una vida de castidad, pobreza y obediencia. El Hermano se identifica con Cristo a fin de que la gente pueda reconocer en él  a alguien que vive para los demás. En cuanto Redentorista, es misionero, apóstol y profeta; evangeliza y se prepara personalmente para ser evangelizado por el  pueblo del que procede, especialmente por los pobres y más abandonados. El Hermano Redentorista se implica en diversidad de apostolados y de servicios que contribuyen, todos ellos, a la misión de la Congregación. Algunos de estos apostolados incluyen, aunque no exclusivamente, la pastoral de Santuarios, la pastoral juvenil, la predicación ocasional, la enseñanza, los medios de comunicación, la promoción vocacional, la pastoral extraordinaria de inmigrantes, la pastoral de mantenimiento, etc. Los profesos  Redentoristas son hombres llamados a continuar a Cristo Redentor; en consecuencia, el Hermano Redentorista es expresión viva de la vocación del laico consagrado llamado también a continuar a Cristo Redentor.

Luz para mis pasos es tu Palabra

Mt. 23: 1-12

Dedíquese un tiempo a leer en forma de oración este pasaje de la Escritura. Dejen que los oídos y los ojos de su mente escuchen atentamente cuanto ahí se dice y que contemplen cuanto ahí se describe. ¿No hemos convertido el mandamiento de Jesús sobre el amor a Dios y el mutuo amor entre nosotros en un conjunto de reglas, de ritos, de prácticas, de normas, convirtiéndonos así, también nosotros mismos, en los nuevos doctores de esa ley del amor? ¿No nos hemos convertido en una nueva “clase sacerdotal” para la que el sacerdocio es una especie de ascenso a un estatus social superior? “Todos vosotros sois hermanos” – dice Jesús en el versículo 8. En cuanto profesos Redentoristas, somos una Congregación de Hermanos y de Sacerdotes, ¿Nos comportamos en la comunidad con la actitud propia de quienes todos se sienten iguales? ¿Practicamos lo que predicamos? “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Ante el Icono 

Nos acercamos a la celebración del 150 Aniversario de la entrega a los Redentoristas del icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro (NSPS). Somos misioneros cuya razón de ser, la de todos conjuntamente, es la de ““seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: Me envió a anunciar la buena nueva a los pobres” (Const. 1). Somos afortunados de tener bajo nuestra custodia este milagroso Icono que es una de las ayudas más eficaces para la predicación de la Buena Nueva a los pobres.

Se dice que antes de pintar un icono, su autor se prepara mediante la oración, los actos de penitencia y el ayuno para impetrar la ayuda divina en la obra que sus manos están a punto de dar a luz. Un icono, más que una obra maestra de arte que  admirar, es una ventana que se abre ante nosotros hacia el cielo; nos pone en contacto con una historia de fe previamente vivida en la oración, con una historia destinada a ser compartida. El icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro es un estímulo visual que gradualmente nos invita a adentrarnos en la historia de nuestra Redención a través de la Palabra hecha carne, que pagó el precio de nuestra salvación, y a través de su Madre que, por la fe, dijo sí a la Palabra para que ésta se hiciera carne en ella, y que cuidó con suma ternura al Verbo Encarnado, su Hijo, hasta el momento de su muerte en Cruz. En el Icono, María nos dice: “puedes venir a mí cuando estés turbado,  cuando te sientas solo, con miedo; dime lo que sientes, aquello por lo que luchas. Yo te conduciré hasta Aquel que es Uno con el Padre”.

Cuando una historia atrapa nuestra imaginación, persiste en nosotros, y nos impulsa a compartir con los demás su contenido a fin de que también ellos puedan experimentar nuestros mismos sentimientos y emociones, esa historia se convierte en materia prima del actuar humano. El icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro tiene una historia extraordinaria que contar, una historia que, a través de los años, ha movido a millones de personas a actuar de forma verdaderamente humana, pero divinamente inspirada, amando a Dios y a los demás. Cuando nos situamos ante el Icono y releemos la historia, puede que lleguemos a emocionarnos como niños pequeños que quieren escuchar una y otra vez su cuento preferido. Que esta emoción nos impulse a relatar una y otra vez esta historia a todos los que conocemos, transmitiéndoles una experiencia que les ayude a nutrir su imaginación cristiana; y que nosotros sigamos esforzándonos por ser dignos  custodios de este extraordinario tesoro.

Bebiendo de nuestro propio pozo

Santi Raponi, reflexionando sobre los Hermanos Redentoristas al comienzo de nuestra Congregación, escribe: “En la primera Fundación de Scala, junto al Fundador y al pequeño grupo que lo acompañaba, nos encontramos a Vito Curzio, el primero entre los Hermanos Redentoristas. Esta presencia de un laico junto a los sacerdotes  probablemente no fue pensada o planeada por el Fundador, pero surgió de forma natural  en virtud de la tradición, sin subestimar, por supuesto, las circunstancias providenciales que llevaron a Vito Curzio a seguir a Alfonso. Desde el principio hasta nuestros días nos encontramos a laicos junto a los sacerdotes, ya sea en las clásicas Órdenes pre-tridentinas ya sea en los Institutos  post-tridentinos”.

Siguiendo a Vito Curzio, nos encontramos con numeroso Hermanos que contribuyeron a dar forma a nuestra Congregación, a definir su espiritualidad, y a darle  su propia identidad. Conocemos a San Gerardo Maiella, su vida y escritos, como conocemos también al Hermano Francesco Tartaglione, cuyos esfuerzos sobrehumanos están acreditados con la consecución de la primera Regla redentorista aprobada. Hay que allegarse a los libros escritos por San Alfonso,  que se imprimieron y se vendieron, a fin de nutrir a los cohermanos y a la creciente Congregación. Siempre que se enviaron misioneros para iniciar una misión en tierras extranjeras, hubo también siempre Hermanos en aquellos equipos pioneros. Entre el último grupo de mártires españoles beatificados se halla también un Hermano Redentorista. La lista de Hermanos y su contribución a hacer de los Redentoristas lo que hoy día somos sigue y sigue adelante.

El propio San Alfonso tuvo problemas con la presencia de Hermanos en la Congregación. De la lectura de sus escritos deducimos que estos problemas se debieron  principalmente a la estructura social de su tiempo. Él siempre se refirió a los Hermanos como “mis hermanos”, pero vio que su papel en la Congregación era de “servicio y trabajo”, de crecimiento en las virtudes de la humildad, de la obediencia, de la paciencia y, por supuesto, el de evitar toda forma de orgullo. Alfonso vio a los Hermanos en pie de igualdad con los Sacerdotes, pero esta igualdad llevaba para él, sin duda alguna, el sello propio del carácter específico que su tiempo otorgaba a esta igualdad. Se cuenta la historia de un novicio Hermano que, mientras lavaba los platos con Alfonso, intentó impedir que éste se manchara demasiado por lo que colocó las ollas más sucias lejos de Alfonso. Cuenta el relato que Alfonso le dijo al Hermano novicio: “¿Crees que yo soy, quizá, mejor que tú?”.

Si hoy nos oponemos a la presencia de los Hermanos en la Congregación, puede que se deba a que no hemos captado enteramente el significado de la misión, la de continuar a Jesucristo Redentor predicando la Buena Nueva a los pobres y abandonados, eligiendo libremente los votos de pobreza, castidad y obediencia; es decir, la vida consagrada. En ninguna parte se dice hoy, ni siquiera implícitamente, que alguien deba ordenarse para responder a esta llamada. Ciertamente, la ordenación permitirá llevar a cabo determinadas tareas “sacramentales” asociadas al sacerdocio; una realidad suficiente pero no necesaria para la vida consagrada. Nuestra vocación misionera a evangelizar, a salir a las periferias para buscar a los marginados y abandonados, es una llamada que se hace no sólo a los ordenados, sino a todos los bautizados. Por tanto, la llamada a ser Redentorista no es una invitación a un  “trabajo” particular, sino, más bien, una llamada a un modo particular de estar en  MISIÓN en nuestro mundo de hoy; siempre prontos y disponibles para asumir lo que dicha misión exige, dispuestos a asumir el mutuo compartir en el misterio de Cristo y a llevar a la gente la  Buena Nueva de la abundante redención.

Para concluir

Terminemos nuestra reflexión unidos en comunión con nuestros hermanos y hermanas y oremos con las palabras que cientos de millones de devotos dirigen a Nuestra Señora  desde los orígenes de la devoción a su Icono:

Oh Señor Jesucristo, que nos diste a Tu Madre María, cuya insigne imagen veneramos como Madre siempre pronta a ayudarnos, concédenos, te rogamos, que quienes constantemente imploramos su maternal ayuda merezcamos disfrutar eternamente de los frutos de tu redención. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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UN CUERPO es un folleto mensual de reflexión y oración, preparado por el Centro de Espiritualidad Redentorista (P. Piotr Chyla CSsR  – fr.chyla@gmail.com ).

Esta edición fue preparada por Jeffrey Rolle, CSsR –

jeffrolle@gmail.com

Traducción del inglés:  P. Porfirio Tejera CSSR

María la Virgen de la escucha y la contemplación

Escrito por en May 31, 2015 en 150 años, Noticias, Reflexión | Comenta

UN CUERPO – 06:  MARÍA

“Encomiendo a María, la Virgen de la escucha y la contemplación, la primera discípula de su amado Hijo, este Año de la Vida Consagrada. A ella, hija predilecta del Padre y revestida de todos los dones de la gracia, nos dirigimos como modelo incomparable de seguimiento en el amor a Dios y en el servicio al prójimo”.  Son palabras del Papa Francisco en su Carta Apostólica “A todos los Consagrados”, con motivo del Año de la Vida Consagrada (21 de Noviembre, 2014).

Al celebrar el Jubileo de nuestro icono, recordemos que éste es el Año dedicado a la Vida Consagrada en la Iglesia. En esta edición del Boletín “UN CUERPO” reflexionamos sobre María. Nos preguntamos: ¿qué papel juega María en nuestra vida, nuestra misión, nuestra espiritualidad? ¿Cuál es nuestra relación personal con ella? Jesús preguntó a sus discípulos: ¿quién decís que soy yo?  Podríamos también, quizá, hacernos una pregunta similar: ¿Quién es María y qué significa ella para nosotros?  ¿Es alguien a quien intelectualmente reconocemos y loamos, pero que permanece personalmente distante? ¿Es nuestra relación con ella basada principalmente en los sentimientos? ¿Es ella simplemente un accesorio espiritual, una “opción extra”, un añadido, o María constituye realmente una parte esencial en la vivencia de nuestra espiritualidad?
Maria
Elizabeth Johnson dice que hoy en día afrontamos el reto de desarrollar y promover una interpretación del papel de María, para el siglo XXI, que sea teológicamente sólida, fecunda desde el punto de vista ecuménico, espiritualmente auténtica, éticamente desafiante y socialmente liberadora.  ¿Cuál es entonces su importancia en el misterio de la bondadosa gracia de Dios? ¿El hecho de recordar a María marca alguna diferencia, en la vida de la Iglesia y la sociedad? ¿Qué diferencia?
Los Redentoristas hemos recibido de nuestro fundador San Alfonso y los primeros cohermanos una gran tradición y un fuerte amor a María. Ellos han subrayado el papel y la importancia de María en nuestra vida y misión. En esto se destaca que, para nosotros, María es nuestra esperanza y modelo de vida.
Algunos de los primeros escritos de Alfonso fueron dedicados a la Santísima Virgen María. Sus “Visitas al Santísimo Sacramento” (1748), incluían también una breve visita a María. Una de las principales obras de Alfonso fue “Las Glorias de María” (1750). Como él mismo lo indica, la primera parte de “Las Glorias de María” está organizada como un comentario sobre la  “Salve Regina” o “Dios te salve, Reina.” En la segunda parte, trata las principales fiestas de María, sus dolores, sus virtudes heroicas y las tradicionales devociones en su honor. Incluye también, finalmente, algunos relatos seleccionados para servir como ejemplos.
El Papa Francisco, dejando de lado su texto y hablando libremente al clero y religiosos consagrados de Nápoles el 21 de marzo de 2015, comentó improvisadamente:  “El Cardenal (Crescenzio Sepe) me dio un libro de San Alfonso María de Ligorio, llamado “Las Glorias de María” …. De este libro, me gusta leer las historias, los relatos sobre nuestra Señora, que se encuentran al final de cada uno de los capítulos: los casos narrados muestran cómo nuestra Señora siempre nos lleva a Jesús. Ella es la madre. Su maternidad, el hecho de ser madre, constituye el centro de su ser, y ella es la que da a luz a Jesús”.
Detrás de las obras de Alfonso, hay toda una vida de relación personal con María. Al elegir establecer una Mariología a partir de la “Salve Regina”, Alfonso hace una clara opción teológica contra el pesimismo Jansenista sobre la salvación, contra una actitud elitista hacia la piedad popular, contra el individualismo espiritual. Alfonso destaca el papel de María como “Spes Nostra” (Esperanza nuestra). El núcleo teológico de “Las Glorias de María” reside en la frecuente afirmación de Alfonso que, en la Santísima Virgen María, el poder de Dios se encuentra con la compasión de Dios; que María no sólo siente una gran ternura hacia nosotros, sino que por voluntad de Dios ella también tiene el poder de ayudarnos. Éste es un mensaje especialmente liberador y lleno de esperanza para los pobres ya que, según su experiencia, en general los que los aman pueden hacer muy poco por ellos, y los que tienen el poder de ayudarlos no están realmente interesados en hacerlo.
El genio apostólico de Alfonso consistió en su habilidad para usar la piedad popular de los pobres de Nápoles, del siglo XVIII, incorporándolos así más plenamente a la vida de la Iglesia y enseñándoles una espiritualidad más integral. Alfonso proclamó la bondad de Dios que se manifiesta a través del testimonio y el ejemplo de María, señal de esperanza.
Luz para mis pasos es Tu Palabra
El Papa Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica “Vita Consecrata” (1996), presenta a la Virgen María como modelo de consagración y seguimiento. El párrafo N. 28 afirma: “En efecto, María es ejemplo sublime de perfecta consagración, por su pertenencia plena y entrega total a Dios”. La vida consagrada la considera “sublime modelo de consagración” al Padre, de unión con el Hijo y apertura al Espíritu, consciente de que aceptar el estilo de vida “virginal y humilde” de Cristo también significa imitar el estilo de vida de María.
“Ahí tienes a tu madre!” (Jn 19,27): esas palabras de Jesús al discípulo “a quien amaba” (Jn 19,26) son particularmente significativas para las personas consagradas. Al igual que Juan, nosotros también estamos llamados a llevar a la Santísima Virgen María con nosotros (cf. Jn 19,27), amándola e imitándola en la forma radical que nuestra vocación exige.  A su vez, ¿cómo experimentamos su especial amor materno? ¿De qué manera ella es, para nosotros, modelo y testigo?  Además, siguiendo las palabras de la “Salve Regina”, ¿De qué manera experimentamos a María como “dulzura y esperanza nuestra”?
Ante el Icono  
Se suele decir: “Cuando un niño tiene miedo, el niño corre hacia la madre. Cuando un niño está en peligro, la madre corre hacia el niño”. Ver que una madre corre a ayudar a su hijo, que se encuentra en peligro y golpeado por el miedo, es siempre motivo de amparo y esperanza.
El rostro del Niño Jesús en los brazos de su madre se vuelve y mira hacia arriba. La voluntad del Padre se Le revela por medio de los ángeles, quienes Le presentan los instrumentos de su pasión. En esto, Jesús compartió nuestras luchas humanas. Sus ojos miran hacia arriba, a lo lejos, hacia el Padre Celestial, de donde proviene el mensaje. Jesús tiene miedo, se asusta ante esta visión de la Pasión. Pero acepta la propuesta del Padre y busca ayuda en los brazos de su Madre.
María está al lado de su Hijo cuando lo ve frente a un peligro mortal. Ella no lo abandona. Se queda con Él hasta el final, cuando Él ya está en la Cruz. Su presencia silenciosa transmite ayuda y esperanza. María, nuestra Madre del Perpetuo Socorro, es alguien en quien podemos confiar.
Bebiendo de nuestro pozo
Alfonso dejó a la Congregación Redentorista una fuerte tradición de devoción Mariana. María fue designada patrona oficial del Instituto, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. En las misiones populares, los Redentoristas nunca omitieron el sermón sobre la Virgen María. La idea era anunciar la confianza y la esperanza que tenemos en la protección de nuestra Madre. Además, en sus Iglesias, todos los sábados, los Redentoristas tenían que predicar en honor de María. La formación de Cofradías Marianas era un elemento importante en la actividad pastoral redentorista. Alfonso permaneció fiel al rezo del rosario hasta el final de su vida. También usó su considerable habilidad musical y artística para propagar la devoción a María.
Una de las imágenes de María que Alfonso poseía y veneraba era titulada “La Divina Pastora”, obra de un artista desconocido. En esa imagen, María se muestra con el niño Jesús en su regazo. Ambos están vestidos con ropa de campesinos, inclusive con sombreros de paja. Al fondo, se ve la choza de un pastor y el niño Jesús se inclina del regazo de su madre para jugar con las ovejas. La pintura es una representación elocuente de la teología mariana de Alfonso. Un modo de mostrar que María era cercana a los pobres y a sus luchas. Y algo muy importante: Alfonso quería dejar a la gente una práctica devocional que les ayudara  a profundizar su conversión radical a Jesús Redentor.
El Icono de nuestra Madre del Perpetuo Socorro fue recibido en ese contexto y dentro de esa tradición. No fue un accidente sino, más bien, un acto de la Providencia. Podemos decir que María, bajo esta advocación, ha encontrado un hogar entre nosotros. El Icono y sus diversos elementos reafirman el carisma con el cual hemos sido bendecidos y resalta la “abundancia” (copiosa y perpetua) que nos ofrecen el Redentor y la intercesión de María.
Los Redentoristas somos llamados “cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la redención” (Const. 3). Esto es más evidente en María, la Madre del Redentor, nuestra Madre del Perpetuo Socorro. Ella es señal de consuelo, apoyo y esperanza.
Para concluir
Una de las canciones más populares compuestas por San Alfonso es “O Bella Mia Speranza”. Fue traducida a varios idiomas y es cantada en todo el mundo. Cantemos también nosotros:
OMPH
DULCISIMA ESPERANZA
Dulcísima esperanza, celeste amor, María.
Eres la vida mía, mi paz en la aflicción.
Cuando te llamo o pienso en ti mi gozo es tanto
que un amoroso encanto me roba el corazón.
 
Si una densa nube viene a turbar mi mente
se aleja apenas siente tu nombre pronunciar.
En este mar del mundo, eres un claro lucero
que a mi frágil velero, al puerto ha de guiar.
 
Bajo tu hermoso manto, Amada mía, Señora,
quiero pasar la vida, quiero morir al fin.
Que si logro la suerte, de abandonar el suelo,
amándote en el cielo, seré feliz por ti.
 
Extiende tus cadenas y mi corazón cautiva
que ha de ser mientras viva, tu prisionero fiel.
Por tanto, dulce reina, tuyo es mi amor, no mío,
mas a tu Jesús, confío, harás ofrenda de él.

Esta edición fue preparada por Juventius Andrade, CSsR – jandradecssr@gmail.com

Traducción: Enrique López CSsR

Boletín Mensual Oración “UN SOLO CUERPO”

Escrito por en Dic 21, 2014 en Reflexión | Comenta

 Roma, 15 de diciembre de 2014

Queridos Cohermanos, Hermanas y Asociados:

Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. (1 Cor 12,13).

La Congregación reúne hermanos que, viviendo en común, constituyen un cuerpo misionero (Const. 2)

Acabamos de comenzar el Año de la Vida Consagrada y nos preparamos para las celebraciones con motivo del Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro cuando en 2016 conmemoremos el 150 Aniversario del encargo del Santo Padre a los Redentoristas de “darla a conocer”. Ambas ocasiones especiales son para la Congregación y para cada uno de nosotros una llamada a un tiempo de renovación espiritual.

En este proceso de renovación serán muchas las iniciativas que nos asistirán: por una parte, las promovidas por el Dicasterio Vaticano para la Vida Consagrada y las propuestas por el Gobierno General Redentorista y, por otra, la Comisión para el Jubileo de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro. “UN SOLO CUERPO” es uno de esos instrumentos pensados para la oración y la reflexión de nuestras comunidades, de los Institutos que forman parte de nuestra Familia Redentorista y de los Laicos Asociados.

El proyecto “UN SOLO CUERPO“, a cargo del Centro de Espiritualidad Redentorista, pretende desarrollar a través de un boletín de oración mensual los siguientes temas:

• 2015-CONSAGRACIÓN (coincidiendo con el Año de la Vida Consagrada)

• 2016-MISIÓN

• 2017-COMUNIDAD

Recomiendo a todas las comunidades que se adhieran al Año de la Vida Consagrada (2015) y que se preparen para las celebraciones de la Madre del Perpetuo Socorro (2016) a través de la oración y de la meditación frecuentes utilizando un “UN SOLO CUERPO” y otros recursos a su alcance.

Un solo cuerpo” está pensado para la oración y reflexión comunitarias, pero también para utilizarse de forma individual por los cohermanos, los misioneros, los laicos asociados, los grupos y los laicos en general. Pedimos, por favor, que dicho boletín se ponga a disposición de las Hermanas y de los laicos, hombres y mujeres, a fin de que puedan aprovechar sus reflexiones.

Para traducir “Un solo cuerpo” a otros idiomas distintos del italiano, inglés y español, nos remitimos en gran medida a los Superiores (V)Provinciales. Pedimos, además, que los Superiores locales se preocupen de que se impriman cuantos ejemplares sean necesarios a fin de que el boletín llegue a quienes no tienen acceso a Internet.

En su Carta Apostólica “Testigos de la alegría“, el Papa Francisco encomienda “a María, la Virgen de la escucha y la contemplación… este Año de la Vida Consagrada. A ella… como modelo incomparable de seguimiento en el amor a Dios y en el servicio al prójimo” (III, 5).

Que Nuestra Madre del Perpetuo Socorro nos acompañe en este tiempo de gracia y de renovación. Y que S. Alfonso, juntamente con todos nuestros Santos y Beatos, nos inspiren a la hora de profundizar nuestra vocación misionera a proclamar el Evangelio siempre de manera nueva.

Su hermano en el Redentor, Michael Brehl, C.Ss.R.

(Traducción: P. Porfirio Tejera CSSR)

Nº 1 – Boletín “Un solo cuerpo” – Un don a contemplar

Acogida Cristiana en el Camino 2014

Escrito por en Abr 5, 2014 en Noticias, Reflexión | Comenta

Por segundo año consecutivo, el Secretariado de Evangelización ofrecerá Acogida Cristiana en el Camino en la Casa ACC San Alfonso de Astorga. Como sabes, se trata de una pequeña comunidad internacional que atenderá, los meses de julio, agosto y la primera quincena de septiembre, a los peregrinos que hacen el Camino de Santiago, a su paso por Astorga. Esta experiencia misionera responde a dos objetivos:

a)      incorporar a nuestra Provincia a la llamada del Papa Francisco a la Nueva Evangelización, con la creación de nuevos espacios para el anuncio del Evangelio de Jesucristo Redentor, con audacia y creatividad;

b)      responder a las prioridades de la Conferencia de Europa, que deseaba establecer un espacio común europeo para la pastoral juvenil y con los jóvenes adultos.

La comunidad internacional comenzará el 1 de julio y concluirá el 14 de septiembre. Su misión es desarrollar en esa ciudad una Acogida Cristiana en el Camino, en comunión con esta red interdiocesana que fomenta las raíces cristianas del Camino a través de ofertas espirituales para los peregrinos. La comunidad estará compuesta por redentoristas y laicos de nuestra Provincia y de otras de Europa. Hasta el momento 8 personas, de España y Gran Bretaña, se han ofrecido para participar. En el tríptico que adjuntamos a esta carta podéis conocer mejor los detalles.

1. ¿Es imprescindible saber idiomas? No es imprescindible saber idiomas porque muchos peregrinos hablan español, pero lo mejor sería garantizar cada semana una persona que hable inglés. El alemán y el italiano son también idiomas muy útiles. Gracias a Dios, los laicos y los jóvenes de hoy suelen hablar varios idiomas. Pero es cierto que vienen redentoristas de otros países, y la comunidad de Astorga agradece poder encontrar la mejor forma de comunicarse con ellos.

 2. ¿Qué puede hacer un redentorista español? Cada semana es necesario que un redentorista español desempeñe la tarea de coordinador de la comunidad. De esta forma mantiene la relación con la comunidad de Astorga y coordina el trabajo de los voluntarios en esos días.

3. ¿Es necesario que los redentoristas que vayan sean jóvenes? Cualquier redentorista de cualquier edad es útil, ya que todos estamos capacitados para servicios como la confesión en la Iglesia, dirigir la oración del Peregrino o compartir nuestro carisma con los jóvenes y los laicos. Además, el principal trabajo de este voluntariado es hablar con los peregrinos: la conversación. El año pasado, el P. Klemens, redentorista alemán jubilado, pasó más de dos semanas allí, incluso superando la dificultad de no saber español, pero atendiendo a los peregrinos de forma excelente.

4. ¿Qué puede hacer un laico, una familia o un joven redentorista? Comprometerse a pasar allí una o dos semanas, principalmente compartiendo su vida con los demás miembros de esta comunidad internacional y los peregrinos. Sobre todo es un trabajo de calle, de saludo e información, en la puerta de la Iglesia o dentro de ella. Todo el día culmina con la oración y bendición del Peregrino (21 horas). También se colabora con el Albergue vecino y hay posibilidades de compartir tiempo con el Hospital de las Cinco Llagas, un centro para discapacitados de Cáritas también cercano a nuestra casa. La comunidad ofrece alojamiento y comida; sólo debe subvencionarse el viaje hasta Astorga. La experiencia ha sido muy gratificante para los que participaron en año pasado.

Os proporcionamos unas direcciones de correo por si alguien desea participar:

  • Laureano Del Otero, presidente del Secretariado de Ev.: laureanodel@gmail.com
  • Paulino Sutil, responsable de la Casa ACC San Alfonso: sutil.paulino@hotmail.com
  • Manuel Cabello, secretario del Secretariado de Ev.: manucabello@hotmail.com

Os agradecemos vuestra atención, al mismo tiempo que os expresamos nuestra disponibilidad para aquello que necesitéis. Un abrazo fraterno en Cristo Redentor,

Laureano Del Otero CSSR, presidente.                     Manuel Cabello CSSR, secretario.

Información Acogida Cristiana en el Camino 2014

Acogida a Peregrinos / Welcome to Pilgrims

Escrito por en Ago 23, 2013 en Noticias, Reflexión | Comenta

CASA SAN ALFONSO – ASTORGA: Acogida a Peregrinos / Welcome to Pilgrims

El Papa Francisco indicó a los jóvenes argentinos, durante la JMJ Río de Janeiro que, si querían vivir el Evangelio, les recomendaba leer dos pasajes fundamentales: las Bienaventuranzas y Mateo 25, esa parábola en la que Jesús se identifica con los pobres, abandonados, enfermos y peregrinos.

Durante los meses de julio y agosto, una comunidad internacional formada por laicos, familias y religiosos redentoristas ha desarrollado una Acogida Cristiana a los peregrinos que se detienen en Astorga mientras realizan el Camino de Santiago. Esta comunidad reside en la Casa San Alfonso, creada por la Provincia Redentorista de Madrid para desarrollar este proyecto de atención pastoral a peregrinos, en el que se han implicado redentoristas de toda Europa.

Los Misioneros Redentoristas se integran dentro de una red denominada “Acogida Cristiana en el Camino”, formada fundamentalmente por albergues y monasterios que desean recuperar las raíces cristianas de la acogida a los peregrinos compostelanos.

Cada día, los miembros de esta comunidad internacional ofrecen acogida e información en la puerta de la Iglesia redentorista del Perpetuo Socorro, enfrente del Albergue “Siervas de María”, justo en el lugar por el que los peregrinos acceden a la ciudad de Astorga. El servicio que se realiza es evangelio al pie de la letra: “Fui peregrinos y me acogisteis”. En cada peregrino se ve el rostro de Cristo, que camina a nuestro lado.

A cada peregrino se le saluda, se le ofrece información o el sello para su credencial de peregrino, y se le invita a la oración de la noche. El final de la mañana y parte de la tarde es un continuo ir y venir de peregrinos, y muchos de ellos entran en nuestra Iglesia a rezar. También de 19 a 19:30 horas pueden celebrar el sacramento de la reconciliación. Pero el acto más importante tiene lugar a las 21 horas, con la Oración de la Noche, que finaliza con la Bendición de los Peregrinos.

Los peregrinos dan las gracias por este servicio, y son muchos los que expresan su deseo de que en más lugares hubiera una oferta espiritual de este tipo. Cada una de las personas que ha formado parte de la comunidad internacional puede contar anécdotas de este encuentro con los peregrinos, tan reconfortante para unos y otros. Algunos, después de la oración, han sentido la necesidad de confesarse o hablar con un sacerdote, otros han salido llorando emocionados o sintiendo que sus fuerzas se renovaban. En la puerta, sus rostros cansados eran sonrisas de agradecimiento y a veces palabras impactantes acerca de su experiencia del Camino.

Este proyecto acaba de comenzar este verano, pero ya forma parte de los proyectos que la Conferencia Redentorista de Europa quiere desarrollar con laicos y jóvenes de toda Europa. De hecho, en el Encuentro Europeo de Jóvenes Redentoristas de San Sperate (Cerdeña, Italia) ha sido presentado a todos los países en varias ocasiones.

La comunidad internacional de Acogida al Peregrino ha sido una realidad gracias a muchas personas. No hacía falta grandes requisitos, sino disponibilidad para el servicio. Provenientes de otras naciones han estado los PP. Marcin Zubik (Polonia), Klemens Nodewald (Alemania, Prov. San Clemente), Paul Turley (Irlanda) y la misionera laica Fainche Ryan (Irlanda), cuya presencia agradecemos de todo corazón.

También han participado jóvenes, Javier Alonso (Sevilla) y Laura Granja (Madrid), y laicos redentoristas: Carmen Castro (Jaén), Enrique Casanueva, y tres familias de Misioneros laicos del Santísimo Redentor: Pili Hernán y Rafa Junquera, Inma Huertas y Antonio Fuertes, Mónica de Simón y Daniel Primo junto con sus hijas Blanca y Paula, todos procedentes del Perpetuo Socorro de Madrid. Los redentoristas españoles que han acogido a los peregrinos han sido los Postulantes Carlos Alfonso Diego y Guillermo Rejas, los Estudiantes Antonio Puerto y Carlos A. Galán, y los sacerdotes Damián Mª Montes, Víctor Chacón, Manuel Cabello y Laureano Del Otero, juntamente con el superior de la comunidad, P. José Luis Almendros, que ha presidido la oración en muchas ocasiones, y el P. Paulino Sutil, responsable de la Casa San Alfonso. Conviene destacar la participación de miembros de la comunidad Astorga en la Bendición de Peregrinos de cada noche, y su constancia al servicio del confesionario cada tarde, además de procurar todo lo necesario para que la comunidad internacional pudiera desempeñar esta tarea pastoral.

Ahora queda evaluar la experiencia con el fin de mejorar esta atención personal y pastoral a peregrinos, pero sin duda esperamos que se convierta en una referencia en el Camino y en un compromiso por la Nueva Evangelización por parte de los Redentoristas de Europa.

 Laureano del Otero CSSR

Secretariado CSSR de Evangelización.

At WYD in Rio de Janeiro, Pope Francis recommended young Argentineans to read two basic passages of the Gospel, if they wanted to live it: the Beatitudes and Mathew 25, which is the parable of Jesus identifying himself with the poor, abandoned, sick and the pilgrims.

During the months of July and August, an international community, made up of lays, families and religious Redemptorist, has carried out a Christian Welcome for pilgrims who take a rest in Astorga in their way to Santiago. This community lived in Casa San Alfonso, created by the Redemptorist Province of Madrid to develop this ministry care to pilgrims. Redemptorist of all Europe got involved in this project.

The Redemptorist Missionary fit into a network called “Acogida Cristiana en el Camino” (ACC means in Spanish: Christian Welcome in the Way), make up of hostels and monasteries which would like to recover the Christian roots of the Way to Santiago.

The members of this international community offer each day a welcome and information in front of the door of the Redemptorist Church of Perpetual Help, next to the hostel “Siervas de Maria”. This is the first place that pilgrims see when they enter Astorga. This service is Gospel put into practice: “For I was a pilgrim and you took me in”. We can see in each pilgrim the face of Christ walking beside us.

Every pilgrim is greeted, given information or offered the stamp for the Credencial (“pilgrim’s passport”); they are also invited to the prayer at night. The best hours to welcome the pilgrims are late in the morning and during the afternoon. Most of them walk into our church to pray and from 19:00 to 19:30 they can receive the sacrament of Penance. However, the most important act takes place at 21:00: the night prayer, which ends with the Pilgrim Blessing.

Pilgrims are thankful for this service and lots of them would like to have this spiritual offer in more places along the Way. Every person of the international community can tell anecdotes about this comforting and cheering meeting with the pilgrims. After the prayer, some of them wanted to receive confession or talk with a priest; other came out crying deeply moved and stirred, feeling renewed. At the door, their exhausted faces turned into smiles of gratitude and touching words about their experience in the Way.

This project has just started this summer, but it is already one of the projects that the Conference of Redemptorist of Europe wants to promote in cooperation with lays and young of the entire continent. In fact, it has been presented several times to all the participating countries of the International Redemptorist Young Meeting of San Sperate (Sardinia, Italy).

This international community was possible thanks to many people. No many requirements were needed, only availability for the service. We counted on the help of Fr. Marcin Zubik (Poland), Fr. Klemens Nodewald (Germany, Prov. of Saint Clemens), Fr. Paul Turlay (Ireland), and the missionary lay Fainche Ryan (Ireland), whose presence we sincerely thank a lot.

We also counted on the help of young from Spain, such as Javier Alonso (Sevilla) and Laura Granja (Madrid); Redemptorist lays: Carmen Castro (Jaén), Enrique Casanueva and three families of Missionary Lays of the Holy Redeemer: Pili Hernán and Rafa Junquera, Inma Huertas and Antonio Fuertes, Mónica de Simón and Daniel Primo with their daughters Blanca and Paula (they all came from the Parish Church of Perpetual Help in Madrid). The Spanish Redemptorist who welcomed the pilgrims were the Postulants Carlos Alfonso and Guillermo Rejas; the Redemptorists Students Antonio Puerto and Carlos A. Galán; and the Fathers Damián Mª Montes, Víctor Chacón, Manuel Cabello and Laureano Del Otero, in cooperation with the superior of the Community of Astorga, Fr. José Luis Almendros (who celebrated the Blessing many times) and Fr. Paulino Sutil (responsible of the Casa San Alfonso). We have to highlight the participation of the members of the Community of Astorga in the Pilgrim Blessing every night, and their perseverance in the confessions schedules every evening, as well as their concern for us to have all the stuff needed to develop this ministry project.

The only thing left is evaluating the experience in order to improve this personal and ministry care to pilgrims. At the finish of this first experience, more than 1300 pilgrims were in Astorga’s night prayers in July and August. We undoubtedly hope it turns into a reference point in the Way and into a commitment for the New Evangelization carried out by the Redemptorist in Europe.

 

Fr Laureano Del Otero CSSR, coordinator

Spanish Secretariat for Evangelization.