Francisco Javier Seelos

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[ 5 de octubre ]

 

La actualidad de la atención pastoral a los inmigrantes

El asomarse a la biografía del beato Francisco Javier Seelos (1819-1867) es como abrir una ventana y respirar aire fresco. La vida del padre Seelos refleja una espiritualidad moderna, de entrega por los inmigrantes. Tras dejar con valentía e idealismo su patria alemana con sólo 24 años, se une en los Estados Unidos a un puñado de misioneros redentoristas. Lo que encontró Francisco en América no resultó nada romántico: una enorme población de inmigrantes sumidos en la pobreza, en la enfermedad, sin hogar y rechazados. El padre Seelos, en cambio, ante tal desolación, no se desanimó ni les abandonó.

El padre Seelos día tras día llevaba la ilusión y el amor de Cristo Jesús a los hombres sin esperanza. Trabajaba para aliviar las cargas de tantas personas explotadas y marginadas. A diferencia de la mayoría de los grandes santos, Francisco no fue un destacado prelado, místico o mártir. No escribió ningún texto significativo ni sobresalió por su teología. Más bien, su aportación quedó grabada en las personas individuales, a las que prestó ayuda directa y personal en sus necesidades diarias. El padre Seelos es modelo de sencillez y de entrega al servicio de Dios y de los demás, a los que les señalaba el camino hacia Dios a través de los acontecimientos diarios de la vida.

Redentorista en tiempos críticos

Francisco Seelos sirvió a la Iglesia Católica en los Estados Unidos de América durante un periodo crítico de su historia. Por los años 1820, la Iglesia había conseguido proveer de unas estructuras formales, aunque aún no sólidas, de atención pastoral a los inmigrantes católicos. Pero en 1843, cuando llegó Francisco a Nueva York, los recursos y los ministros de la Iglesia se sentían desbordados ante las nuevas olas de inmigrantes. Los alemanes, en particular, se encontraban en un gran aprieto, ya que pocos sacerdotes hablaban su idioma. Y, por eso, muchos abandonaban la práctica de su fe y se unían a las otras iglesias no católicas. Los obispos católicos del Nuevo Mundo eran perfectamente conscientes de las urgentes necesidades pastorales de los nuevos inmigrantes, (situación muy similar a la actual con los inmigrantes de habla española en los Estados Unidos).

A comienzos de 1830, los obispos americanos hacían frecuentes llamadas a la Iglesia europea, pidiendo ayuda. De los primeros en responder fue el padre José Passerat CSSR, superior de los redentoristas trasalpinos. En 1832, seis miembros de la Congregación del Santísimo Redentor -tres sacerdotes y tres hermanos- llegaron a América.

Once años más tarde, Francisco se unió al pionero grupo de misioneros redentoristas para dedicar el resto de su vida al servicio pastoral de la Iglesia norteamericana. Trabajó como párroco, misionero, profesor del seminario, director de estudiantes, catequista y confesor. El padre Seelos tenía unas cualidades excepcionales, especialmente en lo referente a la confesión y a la predicación, cualidades cimentadas en una fe robusta.

24 años más tarde de su llegada a Nueva York, el padre Seelos moría a causa de la fiebre amarilla con gran sentimiento de la población, especialmente de los inmigrantes. Miles de personas de diferentes razas, nacionalidades y clases abarrotaban la Iglesia de Santa María de la Asunción en Nueva Orleáns, esperando horas enteras para orar delante del ataúd del padre Seelos. Recuerdan aún el hecho los hijos y nietos de aquellas personas, los cuales son los que ahora están promoviendo la causa de canonización. El 9 de abril del 2000, en la plaza del Vaticano, el Papa Juan Pablo II beatificó a Francisco Javier Seelos. Reconocía así su santidad y preparaba el camino para la eventual canonización. El padre redentorista Tomás D. Picton, superior viceprovincial de New Orleans, señalaba: “La beatificación del padre Seelos es un testamento a su vida de trabajo por la misericordia y compasión, que alienta hoy a tantas personas que se sienten extranjeras, alejadas, marginadas y privadas de derechos en la nueva comunidad de la familia humana”.

La lección que brota de la vida de Francisco Javier Seelos procede de su padre fundador, San Alfonso: “Es un gran error decir que Dios no quiere que todos seamos santos. Dios quiere que todos alcancemos la santidad, y cada uno según su estado de vida: los religiosos como religiosos, los laicos como laicos, el sacerdote como sacerdote, la persona casada como casada, el mercader como mercader, el soldado como soldado, y así sucesivamente, cada uno según su estado de vida”. A través de su vocación al sacerdocio y a la vida religiosa, Francisco Javier Seelos encontró sus más profundos tesoros: alegría y santidad.

La vida como historia de santidad

Francisco Xavier Seelos nace el 11 de enero de 1819 en Füssen, en la católica región de Baviera (Alemania). Es bautizado el mismo día en la iglesia parroquial de san Mang. El deseo de ser sacerdote es muy temprano en él, admirado por las cosas del Evangelio. En 1842, tras concluir sus estudios de filosofía entra en el seminario diocesano.

Después de encontrarse con los misioneros Redentoristas, decide ingresar en esta congregación y ponerse al servicio de los inmigrantes de lengua alemana en Estados Unidos. Es recibido en la Congregación de los Misioneros Redentoristas el 22 de noviembre de 1848. Al año siguiente zarpará hacia Estados Unidos desde Le Havre, Francia, para llegar a New York el 20 de abril de 1843.

El 22 de diciembre de 1844, terminado el noviciado y completados sus estudios de teología, Seelos es ordenado sacerdote en la iglesia redentorista de St. James en Baltimore, Maryland, USA. Tras su ordenación, trabaja durante nueve años en la parroquia de Santa Filomena en Pittsburgh, Pennsylvania, primero en calidad de vicepárroco con san Juan N. Neumann (el primer santo de los Estados Unidos de América), superior de la comunidad religiosa redentorista, y, más tarde, durante otros tres años, como párroco siendo ya él mismo Superior de la comunidad. Durante este tiempo, ocupa también el cargo de Maestro de Novicios. Con san Juan Neumann su principal ocupación era predicar misiones en diferentes poblaciones. Seelos comenta así su relación con Neumann: “Me ha introducido en la vida activa”, y “me ha dirigido como director espiritual y confesor”. Su disponibilidad e innata amabilidad, su atención a las necesidades de los fieles hacen pronto de él una figura bien conocida como confesor experto y director espiritual hasta el punto de que vienen a él también de otras ciudades cercanas.

Fiel al carisma redentorista, lleva un estilo de vida modesto y se expresa con palabras sencillas. La temática de sus predicaciones y homilías, ricas en contenido bíblico, es fácil de entender incluso por la gente más sencilla. Una constante de su pastoral es su empeño por dedicarse a la formación de la fe de los pequeños. No solamente apoya este ministerio, sino que lo cree fundamental para el crecimiento interior de la comunidad cristiana de la parroquia.

En 1854 es trasladado de Pittsburgh a Baltimore y, más tarde, en 1857, a Cumberland. En 1862 lo vemos ya en Annapolis, siempre ocupado en el servicio parroquial y entregado a la formación de los futuros Redentoristas en calidad de Prefecto de Estudiantes Teólogos Redentoristas. También aquí, es fiel a su imagen y continúa siendo pastor, amable y alegre, siempre atento a las necesidades de sus estudiantes y atento también a su formación académica. Se dedica sobre todo a infundir en estos futuros misioneros redentoristas el entusiasmo, el espíritu de sacrificio y el celo apostólico por el bien espiritual y temporal de la gente.

En 1860 es presentado como candidato a Obispo de Pittsburgh. Para el Padre Seelos no era una buena noticia, y pide a Dios y a quien puede que se le libere de esa candidatura. El Papa Pío IX lo dispensa de esta pesada responsabilidad. El Padre Seelos se dedicará del 1863 al 1866 a la vida de misionero itinerante predicando en inglés y en alemán en los estados de Connecticut, Illinois, Michigan, Missouri, New Jersey, New York, Ohio, Pennsylvania, Rhode Island y Wisconsin.

Tras un breve período de ministerio parroquial en Detroit, Michigan, en 1866 es destinado a la comunidad redentorista de New Orleans, Louisiana. También aquí ejerce de párroco de la iglesia de la Asunción de Santa Maria. Es para los fieles un párroco alegre, disponible y singularmente sensible a las necesidades de los más pobres y de los más abandonados. Pero en los planes de Dios este ministerio en New Orleans está llamado a durar poco. En el mes de septiembre, exhausto tras haber visitado y cuidado a las víctimas de una epidemia de fiebre amarilla, contrae la terrible enfermedad. Tras varias semanas de enfermedad, que padece con santa resignación, pasa a la vida eterna el 4 de octubre de 1867 a la edad de 48 años y 9 meses.

Su Santidad el Papa Juan Pablo II proclamó al Padre Seelos Beato en la Plaza de San Pedro, el 9 abril del Solemne Año Jubilar 2000.

Celebraciones de la Memoria del Beato Francis Xavier Seelos:

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