Hermano Victoriano Calvo Lozano

 

Se llamaba Víctor y había nacido en Horche (Guadalajara) el 23 de diciembre de 1896. Él mismo señala a su madre como su educadora en la fe, y que de niño fue iniciado en lecturas piadosas. La lectura de la Regla de San Benito sembró en él la semilla de la vocación religiosa. Pero la dificultad de encontrar a alguien que pudiera orientar su espíritu dejó dormido su ideal monástico. Pero con motivo de la muerte de su madre vuelve a plantearse entregar la vida al Señor. No sabe muy bien cuál es la voluntad de Dios. Participa con entusiasmo en la santa misión que predicaron los Redentoristas en su pueblo. Él se suscribió a la revista “Perpetuo Socorro” y adquirió libros de San Alfonso.

Su afición a la lectura espiritual le hizo plantearse estudiar para sacerdote, pero se veía con demasiada edad. Además, sus obligaciones con su familia y sus recursos no bastaban para pagarse los estudios. No descartó el hacer la carrera militar y que, a través de ella, pudiera pasarse a los estudios eclesiásticos. Mientras hacia el servicio militar en Madrid, se acercó a los Redentoristas de la calle Manuel Silvela, el Santuario del Perpetuo Socorro, en varias ocasiones, pero cuando iba a tocar la campana, rápidamente se arrepentía y daba la vuelta. Su padre rechazó sus ideas vocacionales cuando le fueron reveladas. Fue el cura de su pueblo quien escribió a los Redentoristas solicitando su ingreso.

Finalmente, el 31 de marzo de 1919, Víctor abandonó su hogar y su pueblo sin despedirse de nadie. Dejó sobre la cama una carta que explicaba su evasión. Profesó como Hermano Coadjutor Redentorista el 13 de noviembre de 1920, con el nombre de Hermano Victoriano. En 1921 fue destinado a la comunidad redentorista de Cuenca. Primero fue hortelano, y también sacristán y portero. Se ofreció para ir a las misiones de China. Era silencioso, pero profundo. Un dato curioso a destacar es que fue director espiritual de una joven comprometida con la Iglesia de San Felipe, desde 1929. Para ella escribió retiros espirituales y otras obras que se conservan como testimonio de su especial carisma, que se añade a la heroicidad de su destino martirial.

El 20 de julio de 1936 se esconde en el domicilio de las Hermanas Muñoz. Después de conocer que los PP. Olarte y Goñi habían sido fusilados, el H. Victoriano se refugia en el Seminario con el P. Pozo. Allí corren rumores de ejecuciones el día 8 de agosto. El P. Pozo es asesinado el día 9. A las 2 de la madrugada del día 11, con las manos atadas, en compañía del P. Gorosterratzu, fue conducido al cementerio de Cuenca. Entregó su vida al Redentor en silencio, sin negar su fe y su condición de religioso.

En sus restos podía verse destrozado el tórax, lo que hace suponer que después de muerto los milicianos se ensañaron con su cadáver. Fue trasladado, junto a sus compañeros, a Madrid, donde reposan sus restos en la actualidad.