Xavier Gorosterratzu Jaunarena

Xavier Gorosterratzu Jaunarena, presbítero misionero redentorista y mártir, nació en Urroz (Navarra) en 1877. Durante su infancia trabaja en la labores ganaderas de su familia. A los catorce años muestra deseos de hacerse religioso y es rechazado por los capuchinos de Lecároz, que le consideran demasiado mayor. Una misión de los Redentoristas en su pueblo le abre las puertas al cumplimiento de sus deseos vocacionales. Pero como tenía 16 años y sólo sabía comunicarse bien en vasco, se le orientó para profesar como hermano coadjutor.

Hizo el postulantado en Astorga (León) y el noviciado en Nava del Rey (Valladolid), lugar en el que los superiores decidieron orientar su vida hacia el sacerdocio, por claras muestras de inteligencia. Emitió la profesión religiosa como misionero redentorista el 8 de septiembre de 1896 y estudió Teología en Astorga. Fue ordenado sacerdote en 1903, y tras un corto periodo en El Espino (Burgos), vuelve a Astorga como profesor de Filosofía y Ciencias. Era hombre de gran talento, pensamiento y erudición. En 1913 pasa a Pamplona, y destaca como predicador de misiones populares, en lengua vasca y en castellano. Nunca llegó a dominar bien el castellano en la conversación, lo que no le ocurría escribiendo. Publicó dos obras históricas, y compuso un manual inédito de filosofía. En 1927 se le destina a Madrid, a la Basílica Pontifica de San Miguel, de la que saldrá tres años después para Pamplona. El 6 de enero de 1933 es enviado a Cuenca con carácter provisional (estaba a punto de viajar a Roma para estudiar en los Archivos Secretos del Vaticano la personalidad de fray Bartolomé Carranza), pero allí vivirá el desenlace de su vida, dando la vida por la abundante redención.

El 22 de julio de 1936 se esconde en el domicilio de don Elpidio Miranzo, amigo de la comunidad. El 28 se traslada al Seminario, refugio de religiosos y sacerdotes, creyendo que sería un lugar más seguro. Varios testigos narran cómo continuaba ejerciendo su servicio sacedotal entre los refugiados, animándoles a dar la vida si fuese necesario, con plena conciencia de la posibilidad de un próximo martirio. Le llegaron confidencias sobre su futuro fusilamiento el 8 de agosto, pero se retrasó hasta el día 10. Lo sacaron del Seminario a las 2 de la madrugada del día 11, para ser ejecutado, atado al H. Victoriano. Ambos entregaron su vida cerca del cementerio de Cuenca.

El reconocimiento de su cadaver no tuvo dificultades, ya que el sepulturero se había tomado la molestia de anotar los datos de los ejecutados. Su cadaver estaba bien conservado, con sangre en los pies del ataud, con la carne flexible. Sus restos y los de sus compañeros, fueron trasladados posteriormente a Madrid. Actualmente están en la capilla de la coronación de la Parroquia-Santuario del Perpetuo Socorro de la capital.