Ángel Martínez Miquélez

 

Ángel M. Miquélez contaba el día de su martirio con 29 años. Había nacido el 2 de marzo de 1907 en Funes (Navarra). A los 5 años toda la familia se trasladó a Argentina con la esperanza de mejorar su situación económica. No tuvieron suerte y se vieron obligados a volver. Unos meses después de regresar moría la madre de Ángel, contando éste tan sólo ocho años. Su tía Magdalena marcó su educación y su vida. Por su parte su padre logró que le admitieran de forma gratuita en el colegio de los Escolapios de Pamplona. Aquí hizo el niño la primera comunión y pasaría los años de su infancia. Tuvo lugar una Misión en Funes, predicada por los Redentoristas. Los misioneros fueron el P. Prieto y el Siervo de Dios P. Donato Jiménez (martirizado también en Madrid en 1936). Durante estos días Ángel se encontraba en el internado. La madrina Magdalena habló a los misioneros de su sobrino y ahijado, del que sabía que sentía inclinación al sacerdocio. Como no pudieron encontrarse con él, esperaron todos y cuando regresaron los misioneros con motivo de la renovación, pudieron los misioneros entrevistarse con Ángel, un muchacho entonces de 11 años. Éste cuenta como quedó admirado de la vida que llevaban los misioneros. A fines de febrero de 1918, el P. Jiménez encaminó a Ángel hacia El Espino (Burgos), Seminario de los Redentoristas de España.

Su corta carrera sacerdotal y religiosa sigue este itinerario. En 1925 hizo su profesión religiosa y estudio filosofía y teología en Astorga (León). Era bueno y estudioso. En talento se mantenía siempre en las cimas del sobresaliente. Fue ordenado presbítero en 1930. Terminado su período en el Estudiantado viaja a Nava del Rey (Valladolid) para realizar su Segundo Noviciado bajo la tutela del S. D. Antonio Girón; reclamado antes de acabarlo, en 1931 ha de dirigirse a Astorga para ser profesor de Filosofía allí. En septiembre de 1932 se hace cargo de las clases de Literatura. En Astorga residirá hasta enero de 1934. Agotado por el estrés, sufre una crisis nerviosa y en enero de 1934 se traslada unos meses a El Espino (Burgos) para reponerse. Lo logra plenamente. Durante este tiempo de descanso predicará misiones en Álava. En mayo de 1934, dejará las clases y el Estudiantado y es destinado a Granada. El 6 de octubre de ese mismo año va camino de Madrid, a la Comunidad del Perpetuo Socorro para hacer de Secretario particular del P. Provincial. Hombre bondadoso, serio y muy responsable. En junio de 1936 lo trasladaron a la Comunidad de la Pontificia de San Miguel para hacerse cargo de los jóvenes. Allí le sorprenderá la Revolución a los pocos días de su traslado. Iniciados los tumultos no salió del convento hasta el 20 de julio, con el P. Crescencio Ortiz y el H. Gabriel. Sorprendidos en la calle por un grupo de milicianos, corrieron la misma suerte y no se supo más de él.