Crescencio Ortiz Blanco

 

Crescencio Ortiz nació en Pamplona en 1881. El Siervo de Dios era el mayor de tres hermanos. A los pocos años, la familia emigró en busca de un mejor porvenir, primero a Vitoria y más tarde al pueblecito alavés de Villareal donde Crescencio comenzó a ir a la escuela. Aliviada la economía familiar, regresaron y se establecieron en Pamplona. Al terminar la escuela se puso a buscar trabajo, pero ningún oficio se adaptaba a su persona. Un día entró en la Basílica de San Ignacio de su ciudad. Le gustó el hábito de los religiosos redentoristas, su recogimiento y, sobre todo, el cuadro de la Virgen. Desde aquel momento volvió allí más de una vez a orar hasta que un día se atrevió a dar el paso y se presentó al Rector de aquella comunidad manifestándole su deseo de hacerse religioso. Examinado sobre sus cualidades y arregladas las cosas, a los 12 años ingresó en El Espino (Burgos), jovenado de los Misioneros Redentoristas en España. Según parece, era un tanto trasto y no muy dado al estudio.

Profesó en 1900 y cursó la carrera sacerdotal en Astorga (León). Sus contemporáneos lo retratan como hombre de gran nobleza y sinceridad, trato agradable y gran imaginación. Muy trabajador y esmerado en todo cuanto se le encomendaba. Fue ordenado sacerdote el 28 de diciembre de 1905. En 1906 queda adscrito a la comunidad de Astorga. Al año siguiente va a Cuenca a realizar el Segundo Noviciado. Sin terminarlo volvió a Astorga requerido por los Superiores para dedicarse a la docencia. Explicó Filosofía hasta 1908, año en que abandona la docencia para dedicarse a las Misiones, fundamentalmente en Galicia, Madrid y Valencia. En 1927 es destinado a la comunidad del Perpetuo Socorro de Madrid como misionero. En 1929 es destinado a Barcelona. Desde Barcelona, en los nombramientos de junio de 1936, fue destinado en un principio a América, pero debido a un problema de salud fue trasladado a Madrid, San Miguel; allí hacía una semana que había llegado, el 13 de julio de 1936, cuando le sorprendió la persecución religiosa. Será uno de los primeros Redentoristas caídos víctimas de la Revolución.

Cuando estalla la Guerra Civil y con ella la persecución religiosa, el Siervo de Dios salió de casa con el P. Calvo en la tarde del día 19 de julio, con la intención de hospedarse en la Torre de los Lujanes, en la Plaza de la Villa, donde el P. Calvo tenía buenos amigos. Pero éstos no se atrevieron a recibir a dos religiosos en una casa oficial. El P. Ortiz prefirió volver al convento y allí pasó la noche del 19 de julio. El día 20, después de comer salió con el P. Miquélez y el H. Gabriel en busca de refugio, atrapados a la salida de casa y juntos dieron testimonio de su fe. Fueron martirizados en la Casa de Campo de Madrid.