Gabriel Sáiz Gutiérrez

El S.de D. conocido en la Congregación como H. Gabriel nació el 23 de julio de 1896 en Melgosa (Burgos). Bautizado ese mismo día, le pusieron el nombre de Bernardo. Muy niño sintió inclinación al estado religioso pero sus padres se opusieron. De joven, sus amigos le llamaban “el fraile” por su piedad. Como parecía imposible responder a la llamada de Dios, se encomendó a la Virgen del Perpetuo Socorro y, por medio de su hermana, consiguió entrar en los Redentoristas en 1919. Fue postulante en El Espino (Burgos) y novicio en Nava del Rey (Valladolid). El 13 de noviembre de 1920 pudo hacer su profesión religiosa, adoptando el nombre de Hermano Gabriel. Después de profesar quedó adscrito a la comunidad de Nava del Rey. En 1922 lo encontramos en la de Pamplona (Navarra). En 1923 regresa a Nava del Rey donde realiza el Segundo Noviciado que termina con su Profesión Perpetua el 25 de marzo de 1924. Desde abril de ese año es adscrito a la comunidad de San Miguel de Madrid. Allí permanece hasta 1936, el que el Señor le llamará a su lado en la tarde del 20 de julio.

Sirvió a la comunidad en la cocina en todas las casas donde estuvo. Estuvo una temporada en el palacio de la Nunciatura aprendiendo el oficio con las religiosas Oblatas del Santísimo Redentor, encargadas entonces de los servicios de la Nunciatura. Cuantos le conocieron comienzan y no acaban el elogio de sus virtudes. Un verdadero santito. Estaba preparado para el martirio y la posibilidad de serlo no era ajena a sus cálculos. Horas antes de su muerte salió disfrazado a llevar ciertas cosillas de uso doméstico a casa de Dª Petra Muñoz, la cual recuerda que estaba el buen religioso tan cercano, tranquilo y desprendido de todo, que le dijo al despedirse: “estoy tan preparado que no me perturbará si me cogiesen ahora mismo y me pegasen cuatro tiros, y hasta me alegraría”. Cuando estalló la Revolución no salió del convento hasta el 20 de julio. El mismo día de su salida fue sorprendido en la calle por un grupo de milicianos, junto con los Padres Ortiz y Miquélez, corriendo la misma suerte. Nada se ha podido saber de él por muchas averiguaciones que se hicieron. Tenía cuarenta años cuando Dios le coronó con el martirio.