Gregorio Zugasti

 

Nació el H. Gregorio Zugasti Fernández de Esquide en Murillo de Yerri (Navarra), no lejos de Estella, el 12 de marzo de 1884. El que fuera sacerdote del pueblo natal dice que ya desde una edad temprana demostraba tener gran temor de Dios y deseo de agradarle, que con el paso del tiempo se manifestó con la búsqueda de la soledad y la oración, que le inclinó hacia la Vida Religiosa. En 1906 entra de postulante en Pamplona (Navarra) y a los pocos meses va a Astorga. Está como postulante con el oficio de aprendiz de cocinero dos años en Astorga y en marzo de 1908 marcha a El Espino (Burgos) para iniciar su Noviciado. El 18 de abril de 1909 termina el Noviciado y en mayo es destinado al Perpetuo Socorro de Madrid, aún como novicio, con el oficio de auxiliar en la Administración de la Revista “El Perpetuo Socorro”.

Desde enero a mayo de 1909 es cedido a la Comunidad de San Felipe de Cuenca para hacer de enfermero. Regresa en mayo de nuevo al Perpetuo Socorro de Madrid, donde está trabajando en la Administración de la Revista hasta junio de 1912 en que de nuevo va camino de El Espino. Profesa el 25 de diciembre de 1912. Desde ese momento es destinado de nuevo a Madrid, a la Residencia del Perpetuo Socorro y allí seguirá hasta su muerte. A partir de ese momento toda su vida la pasó trabajando en la Administración de la Revista del Perpetuo Socorro, como oficial y gerente. Físicamente era fuerte y corpulento. Como rasgos de su personalidad cuantos le trataron destacan que era muy trabajador y sumamente ordenado; servicial, prudente, respetuoso, serio, bondadoso y obediente. De su caridad y abnegación tenemos una buena prueba en su conducta con su compañero de martirio el anciano H. Nicesio, al que unió su destino por no dejarle solo en su ancianidad.

Por su trabajo conocía muy bien Madrid, y mantenía relación con muchas personas, lo que le hubiese permitido salvarse. La caridad hacia el H. Nicesio, viejo y casi ciego, y que hacía poco que había llegado de Santander, le unió a su suerte. Esto le ha merecido por parte de algunos el apelativo de Mártir de la caridad. En Madrid estaba, en su puesto de la Editorial, cuando estalló la revolución. Salió de casa el día 19 de julio de 1936 y después de una odisea que se prolongó casi un mes, juntos él y el H. Nicesio, fueron llevados hasta la muerte.