Máximo Perea Pinedo

 

Nacía el Siervo de Dios en 1903 en Murita (Burgos). Estando de misiones en un pueblo cercano el redentorista P. Orive, lo animó a hacerse misionero. Desde entonces ya no pensó más que en ir a El Espino (Burgos), el Seminario de los Redentoristas de España, donde antes le habían precedido su hermano Eduardo y su primo Daniel Pinedo, que para entonces se encontraban ya en el noviciado. En septiembre de 1915 ingresó en el jovenado del Espino, pero pronto se vio que no era aquél su sitio, pues a lo mucho que le costaba el estudio se unía la cortedad de vista en tal grado que temieron que, con el tiempo, podría quedarse ciego. Estaba ya en el curso tercero cuando tuvo que volver a su casa. En Murita hizo ahora de sacristán hasta que, un año después, sus padres lo llevaron a Valladolid y lo colocaron como recadero en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Allí se ganó las simpatías de los Hermanos, que pusieron en él las mejores esperanzas, seguros de que terminaría por quedarse con ellos; pero los designios de Dios eran otros. El 19 de febrero de 1921 fueron ordenados sacerdotes su hermano y su primo, en Astorga (León). Con esa ocasión acudió junto con su familia y acordó con su hermano solicitar ingresar en los Redentoristas, en calidad de Hermano coadjutor.

Hace el Noviciado en Nava del Rey (Valladolid). Adopta el nombre de Máximo, y profesa en 1923. Su corta vida transcurrió la mayor parte en las casas de Astorga (León) y Madrid. Al mes de su profesión fue destinado a la comunidad madrileña de San Miguel; en 1925 fue a El Espino para hacer el Segundo Noviciado, que terminó con su Profesión Perpetua en 1926. En El Espino quedó como cocinero hasta mayo de 1927, en que fue destinado a la comunidad de Astorga como portero, sacristán y ecónomo. Salvo unos meses en 1928 y 1929 que estará ayudando como peón de albañil en el Espino y Santander, en Astorga estará hasta junio de 1933. Finalmente es destinado a Madrid, al Santuario del Perpetuo Socorro, como portero y ecónomo. En Madrid permanecerá hasta el día de su muerte. Su vida se deslizó tranquila en las comunidades en que vivió, sirviendo a sus hermanos en los oficios de cocinero, portero, sacristán y ecónomo.

Era un hermano servicial y habilidoso, querido en la comunidad. El H. Máximo salió de la Residencia del Perpetuo Socorro de Madrid el 20 de julio de 1936 y fue a hospedarse con el P. Urruchi, en casa de la familia Nandín. A los pocos días, debido al peligro que corría en la casa de Dª Emilia Alcázar el H. Pascual se intercambió con él. Se acogió a la hospitalidad de Dña. Emilia Alcázar, viuda de Hortelano con el S. de D. Aniceto Lizasoaín. A los pocos días salió de allí, y se dirigió la calle Jenner, nº 5, donde coincidió con el P. Morán. Por estas fechas aún no conocía el miedo y salía con frecuencia a la calle, pero varios encuentros con los milicianos y le hicieron perder la serenidad. Para ocultar su identidad, el compañero redentorista le dio una cédula falsa con el nombre de Serafín Morán. Después de un registro en la esta casa de la calle Jenner, tuvo que salir sin rumbo cierto en busca de otro refugio. Después de varios percances en la calle con los milicianos, a primeros de agosto entró a trabajar de cocinero en una lechería. El 24 de septiembre, por fallecimiento del dueño, ha de cambiar de refugio. El H. Máximo encontró ese mismo día una pensión en la calle de Santa María nº 45. Allí estuvo hasta las 2 de la madrugada del 2 de noviembre, día en que se lo llevaron preso los milicianos. Junto con el Siervo de Dios se llevaron también a otro joven llamado Ángel Bellot, pero éste regresó a las 4 de la madrugada. Al llevárselos habían dicho los milicianos que el Hermano volvería pronto, pero que el joven lo pasaría mal. Fue todo lo contrario. Llevados a una Comisaría, fueron después llevados a la checa de Fomento; allí sometidos a interrogatorio, el Siervo de Dios dijo que era albañil. Pusieron en sus manos una pala y le mandaron hacer mezcla. Salió mal de la prueba. Entonces dijo que era labrador; pero no tenía manos de labrador. Por fin declaró lo que era. El policía, que volvió a la pensión acompañando al joven Ángel Bellot, dijo que el Hermano lo pasaría mal por haber tratado de engañarles. Nada más se supo de él. Por los datos que en su día se obtuvieron, parece ser que lo llevaron a asesinar a El Pardo. Pero no debieron de llegar puesto que en la mañana del día siguiente de su detención, 3 de noviembre de 1936, su cadáver fue recogido en Ciudad Universitaria.