N. Renuncio Toribio

 

Nace en Villayuda (Burgos), cerca de la Cartuja de Miraflores, en 1876. Deseoso de ser sacerdote fue al seminario de Burgos. Después de intentar ingresar en los jesuitas y una vez conocidos los Redentoristas en la misión de Agés, uno de los misioneros animó a sus padres a pedir el ingreso en El Espino. Allí estuvo seis años, mostrándose de carácter serio y muy austero. Después de un mes como postulante en la Casa-Noviciado, realiza el noviciado y profesa en 1895. Tras su Profesión pasó a la casa de Astorga (León) a realizar sus estudios teológicos. Terminados sus estudios se ordenó de presbítero en 1901. En abril de 1902 fue destinado a El Espino para hacer el segundo noviciado. En agosto es nombrado profesor del Jovenado de Ntr. Sra. de El Espino y en este trabajo permaneció hasta 1906. Desde este año hasta el 1909 está de misionero, primero en Astorga y después en El Espino.

Predica por tierras de Burgos, Valladolid, León, Galicia. Intervino en la misión de Daroca y en la célebre de Peñacastillo con el P. Sarabia. En 1909 vuelve al Jovenado de El Espino. En 1912 va a Madrid para hacerse cargo de la Revista “El Perpetuo Socorro”. En este cargo permanece hasta 1918. En 1923 va a la fundación de Carmona y vuelve en 1924 a Madrid, hasta su martirio. El 18 de julio abandonó el convento y se refugió en casa de D. Miguel Huidobro, Calle San Opropio 11. A los pocos días de llegar a aquella casa hicieron en ella un registro, pero el P. Renuncio estaba fuera. Al enterarse del registro no quiso volver y se fue a casa de las señoritas de Salinas, en la calle Carranza. Poco tiempo estuvo aquí ya que el 24 de julio aparece en casa de Doña Dolores Rosado, donde permanece hasta el 8 de septiembre. Aun desde aquí seguía saliendo para decir misa y ejercer el ministerio. Un día fue reconocido en la calle por los niños de la catequesis, ante lo cual comenzó a sentir miedo y se deshizo de su documentación.

De la casa de Dña. Dolores pasó a una pensión de la calle Malasaña. Fue su perdición. Sin documentación, sin saber la dueña de quién se trataba, va a caer en manos de la policía en el primer registro. Así fue. Detenido el día 17 de septiembre de 1936, fue llevado primero a la Comisaría de Chamberí, para pasar a la Dirección General de Seguridad, y desde allí, el día 18 de septiembre, conducido a la Cárcel Modelo, galería núm. 2. Al ingresar en la Cárcel Modelo, para ocultar su verdadera identidad, adoptó una identidad ficticia. Su delicadeza espiritual y su conciencia le impedían por una parte mentir; por otra parte temía que su verdadera identidad le llevara a la muerte a causa de la persecución religiosa existente. Así las cosas, adoptó una identidad que le ocultase del peligro de la persecución religiosa, pero que a la par no le supusiese mentir y pecar; ello le llevó a adoptar en público su segundo nombre de pila: Nicasio; y como apellidos comenzó a usar los segundos de sus padres, y por tanto, su 3º y 4º apellido: Manzanedo Arnáiz. Con ello sin faltar a la verdad, escondía su identidad oficial y usada hasta ese momento. En cuanto a su ocupación laboral, dado que había estado en la Administración de la Editorial de El Perpetuo Socorro, se presentó como dependiente de comercio.

Nada más entrar en la Cárcel Modelo trabó amistad con el abogado D. José Rumbao Conde, con el cual compartió también celda; también se encontró en la Galería 2ª de la Modelo con D. Agustín García Guisasola, canónigo de Toledo. Ambos se confesaron mutuamente. Escribe éste del P. Renuncio… “siempre afable y bondadoso, revelando una gran vida interior, prestó su ministerio a muchos presos; más de una vez hablamos del final de aquellas tristes jornadas y siempre se manifestó sereno y tranquilo”. En la cárcel Modelo se encontraba por aquellos días el Superior de su Comunidad del Perpetuo Socorro, el P. Machiñena; dado que D. José Rumbao era el ordenanza de la Galería 2ª, consiguió por medio de él que lo trasladaran a esta Galería e incluso a su misma celda. Desde entonces vivieron juntos.

En la madrugada del 7 de noviembre sonó su nombre en las listas de los que debían ser trasladados. Su compañero de celda, D. José Rumbao, como ordenanza, fue el encargado de leerla; sorprendido en un principio, fue animado por el ordenanza ya que sólo se trataba de un traslado de presos. El Siervo de Dios le pidió un poco de tiempo y quedarse un rato a solas con su Superior. Se confesó con el P. Machiñena, y ante él renovó los votos, que solía hacer todas las semanas en la cárcel. Al despedirse de su amigo, señor Rumbao con un gesto de su abrazo, le dijo: “Ya estoy preparado. Cuando usted quiera amigo. Ya no me preocupa lo que pueda suceder”. Y en voz baja añadió: “Ya me he confesado. Si voy a otra prisión, ya le escribiré. Sino, ya nos veremos en el cielo”. Al salir de la celda exclamó con ánimo resuelto: “Ofrezco mi vida por mis cohermanos de España, por toda la Congregación y por la desventurada España”. Salió de la Cárcel Modelo en la saca del 7 de noviembre. No se tuvo más noticias de él. Su nombre aparece en las listas de los asesinados en Paracuellos de Jarama (Madrid) en la Primera saca del día 7 de noviembre de 1936. Encabeza la lista de la Causa de Canonización.