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Oraciones para los tiempos litúrgicos
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Tiempo ordinario

Piedra tuya
AA. Ballesteros

¿Cuál será mi sitio en la casa de Dios?
Sé que no me pondrá mala cara,
que no me hará sentirme una criatura que no sirve para nada,
porque eres, Dios, así:
cuando una piedra te sirve para tu construcción,
coges el primer guijarro que encuentras,
lo miras con infinita ternura
y lo conviertes en esa piedra que necesitas;
unas veces con un brillo como el diamante,
otras opaca y sólida como una roca;
pero siempre apta para la finalidad que persigues.
¿Qué harás de este guijarro que soy yo;
de esta piedrecilla que tú has creado y trabajas cada día
con el poder de tu paciencia,
con la fuerza invencible de transfiguración que encierra tu amor?
Tú haces cosas inseperadas, gloriosas.
Arrojas lo inservible y te pones a cinceklar mi vida.
Poco importa que me piongas bajo el pavimento que nadie ve,
pero que sostiene el esplendor del zafiro;
o la cima de una cúpula que todos miran y quedan deslumbrados.
Lo importante es encontrarme cada día
allí donde tú me pongas, sin retrasos.
Y yo, por más que sea piedra, siento que tengo una voz:
quiero gritarte, oh Dios, la felicidad que me produce
sentirme maleable en tus manos,
para servirte, para ser templo de tu gloria.