¿Cómo se formó la imagen de la Sábana Santa?
Imaginero sevillano

* * * Biografía Juan Manuel Miñarro López nació en Sevilla el 29 de enero de 1954. Se formó académicamente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, contando entre sus profesores con el maestro recientemente desaparecido Juan Abascal. Desde 1976 comparte los estudios de Bellas Artes con el aprendizaje en el taller de Francisco Buiza Fernández. Es en 1984 cuando se licencia en Bellas Artes, culminando en 1987 con su tesis Doctoral "Estudio de anatomía artística para la iconografía del Crucificado en la Escultura". En 1988, por concurso de oposición, se convierte en profesor de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, en el área de Escultura, siendo actualmente Catedrático de Escultura y Director de su Departamento Universitario. Su taller lo tiene en la histórica Calle Viriato, 20 (Sevilla, España), junto al que fuera Hospital de los Viejos. Su exposición itinerante llamada “El Hombre de la Sídone” le ha convertido en uno de los escultores imagineros más comprometidos con los estudios sobre la Sábana Santa y la anatomía de Jesucristo, que ha ido plasmando sobre todo en sus últimas realizaciones artísticas. El rostro del "Hombre de la Síndone" (2003)
___________________________________________ La idea de realizar un estudio escultórico sobre la figura del Hombre de la Sábana Santa de Turín surgió a partir de un artículo que publicó el diario El Mundo el 28 de marzo de 2001. En dicho artículo, aparecía el rostro de un hombre (reproducido junto encima de estas líneas) que, según un grupo de científicos de la Universidad de Manchester, podría ser el verdadero retrato de Jesús de Nazaret. El trabajo de estos científicos era un encargo de la BBC para un programa de la cadena que se titularía "Hijo de Dios". ___________________________________________ El grupo de estudiosos, encabezado por el especialista forense Richard Neve, había utilizado, para la posible reconstrucción del retrato de Jesús, un cráneo de varón extraído de las excavaciones de unos enterramientos del siglo I en Jerusalén. Por otra parte, también habían manejado fuentes iconográficas procedentes de sinagogas de los siglos I y II. Con las fuentes mencionadas y un avanzado programa gráfico como método científico, habían conseguido la imagen de un rostro de varón, a nuestro parecer de rasgos bastante vulgares. Pero lo que resultaba más controvertido era que las facciones no coincidían para nada con el retrato de Jesús difundido por el Arte a través de los tiempos. Retrato que, por otra parte, sí parece coincidir con el misterioso rostro de la Sábana Santa de Turín. Y no debemos olvidar que el rostro de Turín sí guarda múltiples coincidencias con los iconos de Jesús que se difunden a partir del siglo V. El rostro recreado por los científicos británicos enseguida tuvo eco en los medios de comunicación, que rápidamente se hicieron con la noticia. La polémica saltó posteriormente a los medios informativos y el trabajo de los universitarios de Manchester tuvo más de una crítica. En nuestro caso produjo cierta rabia y desconcierto, ya que era clara la carencia de toda base científica. No debía, bajo ningún pretexto, admitirse que un retrato de Jesús (un personaje histórico) pudiera reconstruirse utilizando un cráneo cualquiera, y por lo tanto arbitrario. Máxime cuando la fisonomía de un rostro sabemos que depende fundamentalmente de un soporte óseo individual y característico. La posibilidad de que el ensayo de los británicos fuese semejante siquiera al rostro de Jesús, entraría en el terreno del más puro azar. Sobre todo cuando sabemos que en la Jerusalén de aquella época convivía una amalgama de etnias de muy diversos orígenes. A nuestro entender, se había cometido una falacia científica insostenible. Tan insostenible como si un supuesto equipo de científicos pretendiese por el mismo método deducir el verdadero retrato objetivo de Julio César utilizando el cráneo de un ciudadano romano de la misma época. La antropología física demuestra que la reconstrucción facial de un determinado individuo sólo puede ser ensayada sobre su propia estructura ósea. Argumentos científicos de nuestro proyecto Toda teoría o hipótesis científica debe basarse en un número suficiente de hechos demostrables y, a la vez, de la comprobación de un patrón de regularidades o coincidencias. De la sistematización de estas observaciones depende la deducción de un número X de probabilidades y, por lo tanto, el fundamento para que un determinado hecho pueda ser extremadamente probable, improbable o una certeza científica. La Sábana Santa de Turín ha sido y es la reliquia, y a la vez el objeto arqueológico, más estudiado por la comunidad científca desde el año 1898. Jamás un objeto antiguo ha convocado para su estudio un cuerpo científico multidisciplinar tan extenso. Hasta ahora nadie ha podido demostrar la falsedad de la imagen impresa. Igual que tampoco se sabe con certeza su naturaleza y origen de la impronta. Incluso las pruebas de Carbono 14 realizadas el año 1988 han sido posteriormente desautorizadas con argumentos científicos que rebaten los resultados de la datación, que daba como origen del lienzo el siglo XIII. En la Sábana Santa aparece la inexplicable imagen del cuerpo de un varón yacente, que presenta todos los estigmas de un crucificado, pero con unas coincidencias puntuales con la crucifixión de Cristo según las narraciones evangélicas, que resultan como mínimo inquietantes. La posibilidad de que la imagen de este varón sea la de Jesús de Nazaret ha sido estudiada por muchos científicos, y las conclusiones han sido diversas pero nada despreciables. En el año 1972, el ingeniero francés Paul de Gail, reemprendiendo unos cálculos ya realizados por Yves Delage, y con fundamento en datos históricos y científicos comprobados sobre la Sábana Santa, dedujo una fórmula matemática de probabilidades. Para la formulación, utilizó el análisis de 7 variables, y dedujo que las probabilidades de que la imagen de la Sábana Santa no fuera la de Jesús de Nazaret eran de uno partido doscientos veinticinco mil millones. Según esto, es extremadamente probable que el retrato verdadero de Jesús sea el de la imagen que aparece en el lienzo de Turín. Y esto sí es un dato científico a tener en cuenta. Además de Paul de Gail, otros científicos han investigado las coincidencias entre el retrato artístico de Jesús y el que aparece en el lienzo de Turín. Entre ellos destacaremos a George Gharib, Ian Wilson y Alan D. Whanger. Concretamente este último, profesor de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, ha descubierto extraordinarias coincidencias entre la imagen sindónica y los iconos bizantinos que emanan de la antigua ciudad turca de Edesa a partir del siglo VI. Utilizando unas técnicas de imágenes fotográficas, luz polarizada y fotometría, ha llegado a descubrir más de 145 puntos de coincidencia entre estos iconos y el misterioso rostro de la Síndone. Por lo tanto, debemos manifestar y defender otra hipótesis científica deducida de estos estudios, cuyo enunciado sería: "Es extremadamente probable que el rostro de la Sábana Santa de Turín, la Síndone o Santo Mandylion, sea la inspiración y el referente que los artistas utilizaron para el cambio radical en las representaciones cristíferas". Sería pues la Sábana Santa la que dio lugar al retrato oficial de Cristo acuñado por el Arte y que ha llegado hasta nuestros días. El Jesús de los primeros siglos de la era cristiana era representado con pelo corto, imberbe o con barba rala. A partir del siglo V y VI, la imagen comienza a ser extremadamente parecida al rostro del hombre de la Síndone. Las características básicas son: pelo largo y dividido al centro; barba larga y bífida; rostro de facciones alargadas y bien definidas; pómulos prominentes; cejas en arco fuertemente marcadas; ojos almendrados y exoftálmicos; boca de labio inferior prominente; nariz diferenciada en sus tres segmentos constitutivos: raíz, dorso y punta. Por todos los argumentos anteriormente expuestos, creemos que las probabilidades de reconstruir un retrato de Jesús de Nazaret utilizando el lienzo de Turín es mucho mayor y tiene más base científica que utilizar un cráneo cualquiera de un judío del siglo I. Antecedentes artísticos No es la primera vez que un artista hace algo basado en la Sábana Santa. Con mayor o menor objetividad, existen varias representaciones del hombre de la Sábana Santa, tanto en pintura como en escultura. Algunos artistas lo han representado en vida, otros tras la muerte, abundando más este tipo de representación. La más reciente (año 2000) es la escultura completa del artista Luigi Mattei. Para la realización de esta obra, el escultor ha realizado un proceso de modelado en arcilla tomando datos de partida de un estudio antropométrico y anatómico realizado por la Universidad de Bolonia. El método ha sido pues de intuición y proceso artístico, con lenguaje de modelado asistido por medidas reales y observaciones de fotografías de la Sábana Santa. Actualmente esta obra fundida en bronce se encuentra en el Museo de la Síndone en la ciudad de Turín. Otro trabajo que merece mención es el del pintor malagueño Francisco Trigueros, mucho más realista y definido que el trabajo expresionista de Mattei, aunque no utiliza ningún método objetivo de comprobación. También citaremos otras representaciones pictóricas y dibujísticas del rostro del hombre de la Sábana Santa. Queremos destacar la realizada por el pintor armenio Aggemian en el año 1935, difundida en un famoso holograma; o los dibujos de Mons. Ricci; Teresa Maeso; Bruner y Francisco Pardo, basados en el estudio de Luigi Gedda, este último de un acertado realismo forense. Pero la cuestión no es la representación artística en sí misma, sino el método que se haya utilizado para la ejecución. En nuestra opinión, no se trata de realizar una interpretación artística por fotografías, utilizando sólo la destreza manual o la experiencia artística como instrumento. Se trata de utilizar un método de control y de rigor científico que posibilite la recreación, en este caso tridimensional, del rostro del hombre de la Síndone. De hecho, la verdadera aportación de este proyecto ha sido y es el método utilizado, las fuentes consultadas y las técnicas artísticas instrumentalizadas a través del soporte digital e infográfico. A continuación pasamos a explicar brevemente nuestra aportación. Fundamentos y metodología Nos hemos basado en el método de la superposición de Alan Whanger. Utilizando un soporte infográfico que nos ha permitido en todo momento superponer imágenes del rostro de la Sábana Santa con las distintas secuencias de modelado que convertirán los datos de la Síndone en imagen tridimensional. La superposición de fotografías se convierte en un método aceptado científicamente, y que se define como fotometría. La posibilidad que ofrecen los programas informáticos y la imagen digital ha sido fundamental en la ejecución de nuestro trabajo. El objetivo inicial del proyecto era ofrecer a la comunidad científica y a la opinión pública una respuesta contundente en contra de la hipótesis de los científicos de Manchester. Al mismo tiempo, era un reto personal como escultor y, cómo no, como imaginero, ya que jamás me había planteado realizar un ensayo con recursos científicos del retrato de Jesús de Nazaret. Fue la vulgaridad del rostro publicado en el diario El Mundo el que me disparó hacia esta empresa. Hemos querido realizar un rostro del hombre de la Sábana Santa como sería en vida; para ello le hemos abierto los ojos y corregido las deformaciones de nariz, cejas y pómulo. Ya el profesor Tamburelli había realizado estas correcciones con un programa informático sobre secuencias tridimensionales obtenidas por [científicos vinculados a] la NASA. Pretendemos difundir esta imagen de plenitud vital, muy semejante al trabajo de Aggemian, aunque en este caso tridimensional. Hemos utilizado para la base informática e infográfica diferentes imágenes científicas de la Sábana Santa; en definitiva, una documentación fotográfica exhaustiva y concreta del rostro. Las imágenes utilizadas, obtenidas por exploración bibliográfica, han sido las siguientes:
Por otra parte, preparamos un cráneo tridimensional de un modelo clástico, para obtener un cráneo modificado que a la postre debían compartir el modelo en arcilla y el rostro de la Sábana Santa. Al mismo tiempo preparamos el soporte para la arcilla con su correspondiente armazón y las herramientas para modelar. Por otra, el ordenador, una cámara digital sobre trípode y un programa de utilización de imágenes denominado Live-Pix. Todo esto era el entorno que configuraba el conjunto de datos e instrumentalización de nuestro trabajo. La técnica fotográfica a emplear exigía un perfecto control de las tomas, para evitar errores de paralaje o aberraciones ópticas. La imagen sindónica tiene, entre otras cualidades, que es totalmente ortogonal, por lo tanto está exenta de escorzos y perspectiva. Por este motivo las fotos de nuestro modelo debían de tener la misma cualidad, y para ello había que controlar en todo momento la altura de la línea de horizonte y, por supuesto, la distancia y colocación relativa entre la arcilla y el plano objetivo de la cámara. Para ello debíamos marcar unas referencias tanto para la rotación del modelo como para la colocación del trípode. Es conveniente un trípode con indicadores de nivel de burbuja; el que hemos utilizado posee tres niveles. Proceso Comenzamos nuestro trabajo preparando en el ordenador el soporte óseo del retrato. Para ello utilizamos un cráneo tridimensional, que fue introducido en el programa a través de foto digital. El objetivo era conseguir un cráneo virtual del hombre de la Síndone. Para ello había que transformarlo hasta la superposición perfecta con la imagen positiva de su rostro. Los paramentos de transformación venían dados por la búsqueda de la coincidencia de los puntos de inserción de los músculos principales de la mímica, en sus correspondientes puntos de inserción ósea. Así, las partes blandas del rostro comenzaron a asentarse sobre los accidentes óseos. Sólo nos circunscribimos al perímetro del rostro, alrededor de los principales accidentes y orificios de la cara. No hemos tenido en cuenta las formas óseas de la mandíbula inferior, aunque sí cuidamos de situar los arcos dentales y la fosa temporal. Tras este proeceso, habíamos conseguido un cráneo mesocéfalo correspondiente al tipo que debió tener el hombre de la Síndone. Ya teníamos la estructura ósea virtual que ahora debía de ser superpuesta en distintas secuencias del proceso de encaje del modelo. Para ello obteníamos fotos digitales del modelado, las introducíamos en el ordenador y valorábamos las coincidencias de los puntos de referencia anatómicos. Seguidamente corregíamos los datos no coincidentes en la arcilla y repetíamos el proceso para la nueva comprobación. Cuando los principales elementos estaban situados, comenzamos con la colocación de los rasgos y sus proporciones. Para este proceso utilizamos las fotografías negativas y positivas del rostro de la Síndone, comprobando la correspondencia con el modelado de arcilla sobre la base de mecanismos de superposición y translación de las distintas secuencias. De este modo fuimos repitiendo el proceso hasta la correcta superposición de todos los rasgos. Para ultimar el modelado de las partes blandas, utilizamos secuencias de superposición de las imágenes fotográficas de isodensidad y las de Tamburelli. Para la colocación del cabello y barba buscamos las coincidencias de algunos puntos de referencia, hasta conseguir unas formas perimétricas aceptables. La arcilla nos permitía en todo momento la corrección y adaptación de formas, sobre la base de las sucesivas secuencias de comprobación por superposición. Para la volumetría del conjunto era inevitable la realización de los perfiles y la cara posterior. Para los perfiles utilizamos las rotaciones realizadas por Leo Vala. La vista posterior se completó con la representación del peinado que también se aprecia en la imagen de la Sábana Santa; por ello le hemos recogido el cabello en una cola central de los rabinos o judíos esenios del siglo I. Conclusiones El resultado ha sido sorprendente en todos los sentidos, sobre todo cuando a la postre de todo un proceso técnico y artístico muy complejo y objetivo, me encontraba de nuevo con el retrato oficial de Jesús de Nazaret. Otra vez nos reencontrábamos ante la imagen que los pintores y escultores han venido ejecutando desde el siglo V de nuestra era y hasta nuestros días. La obra ha sido posible gracias a las técnicas de la escultura, la infografía, la fotometría y los numerosos estudios sobre la Sábana Santa de Turín consultados. Hemos procurado en todo momento la objetividad. El retrato se ejecutó en arcilla, posteriormente en un proceso de moldeo elástico; lo hemos reproducido en dos soportes: resina y bronce. En la obra en bronce pretendemos sólo exponer la escultura en sí misma, para que de esta forma sólo sean patentes los volúmenes y el claroscuro. En la copia en resina hemos querido ensayar el aspecto pictórico de la obra, aunque el tema color nos parece que carece de interés científico, ya que para nada existen datos fiables, por lo que todo serían meras conjeturas. El tema de la medida no lo hemos podido tener en cuenta, ya que las imágenes de la Sábana Santa que hemos utilizado no estaban a escala real. Tal vez el busto sea algo mayor del natural. Pero en todo caso las dimensiones están en relación proporcional de semejanza con la supuesta realdiad, por lo que la medida objetiva sólo representaría un problema de escala. La probabilidad científica de que el rostro que presentamos, fruto de este trabajo, sea el que corresponde al rostro del Nazareno, es sin duda infinitamente superior a la pretensión de la BBC. Por supuesto, no es una certeza científica. La ciencia aún no ha podido demostrar la identidad del hombre de la Síndone. Pero sí está en condiciones de afirmar que es extremadamente probable que la Sábana Santa sea la huella terrenal de la presencia histórica de Jesús de Nazaret.
* * * El rostro torturado (2003) Se ha seguido el mismo sistema metodológico e intrumental ya usado con la primera cabeza (como ya dijismos, inspirado en los trabajos del Dr. Alan D. Whanger) y, por tanto, nos hemos vuelto a valer de la fotometría, las superposiciones visuales y soporte infográfico. Pero en este caso partíamos del molde del rostro del anterior trabajo, así que iniciamos el proceso con una copia en arcilla obtenida por la técnica del apretón. Posteriormente esta copia fue modificada en proporción y análisis de formas para adaptarse al rostro del hombre martirizado que aparece en la Síndone. Antecedentes de representaciones plásticas de interés Desde que se descubrió -al fotografiar la Sábana Santa en 1898- el negativo fotográfico de la imagen turinesa, han sido varios los intentos de lograr una reconstrucción fiel al aspecto del hombre de la Síndone. Algunas de estas representaciones plásticas, más o menos idealizadas, son muy conocidas. Entre las más clásicas destacamos las de Lavandere, Bruner y el famoso relieve de mármol conservado en Viena. En los últimos años, podríamos destacar entre las representaciones pictóricas la realizada en 2001 por el pintor malagueño Francisco Trigueros, que resalta por su extremado realismo y, entre las figuras en tres dimensiones, la obra del escultor italiano Luigi Mattei. Este último autor, con ocasión del Jubileo del año 2000, se propuso presentar una escultura del cuerpo completo de Jesús según la información deducida de la Síndone. La escultrua definitiva fue fundida en bronce y se puede contemplar actualmente en el Museo de la Síndone en Turín. Sin duda, se buscaba una interpretación más realista que las esculturas clásicas, y para ello el artista trabajó con fotografías y estudios antropométricos realizados en la Universidad de Bolonia. Sin embargo, el resultado plástico no resiste una superposición con la imagen del lienzo, así que no hay más remedio que reconocer que es una interpretación artística no absolutamente objetiva. Las heridas del rostro La base de nuestro estudio han sido los estudios forenses realizados y publicados sobre el hombre de la Síndone desde principios del siglo XX, entre ellos los informes de Pierre Barbet, que se han recogido en tantos libros, y las aportaciones puntuales del Centro Español de Sindonología. Ha sido fundamental la detallada descripción de las heridas y contusiones del rostro realizada por Mons. Ricci en sus diferentes publicaciones. En especial hemos querido mostrar, siguiendo a Ricci, las siguientes marcas:
El modelado en tres dimensiones Nos ha sido muy útil el análisis de las imágenes tridimensionales obtenidas por el equipo americano del STURP en los años 70 y las del profesor italiano Tamburelli, así como el modelado por el famoso fotógrafo inglés Leo Vala, quien realizó una interesante aproximación al perfil de la cabeza. Y, claro está, la experiencia y los estudios realizados para la obtención de nuestra primera escultura. Los ensayos sucesivos hasta la consecución de la imagen definitiva Como ya hemos adelantado, se partió de la copia de la primera cabeza y se fueron realizando rectificaciones sucesivas hasta lograr un resultado que consideramos muy próximo al rostro martirizado que aparece en la Síndone. Las superposiciones realizadas sobre el rostro dibujado por Ricci, la imagen tridimensional enderezada lograda por Tamburelli y la propia impronta de la Sábana nos hacen pensar que el resultado obtenido es suficientemente satisfactorio. Especialmente significativa es la transformación visual que se opera durante la superposición sobre la primera cabeza, pues nos descubre hasta qué punto la tortura ha desfigurado el rostro inicial del hombre de la Síndone. Rostro final representado con total realismo Queremos destacar que en nuestra imagen definitiva se pueden seguir todas las marcas y heridas a las que nos hemos referido, según el esquema dibujado en su día por Mons. Ricci. Igualmente hemos de advertir que en las fotografías hemos optado por incluir, enmarcando el rostro, la representación de la mentonera que pudo haber cerrado la boca del cadáver. Aunque es un elemento discutido, se ha defendido por algunos autores para explicar la postura del cabello, la elevación de la barba y la ausencia de huellas de la parte superior de la cabeza en la Síndone. El acabado final y la policromía Una vez obtenido el modelo, se reprodujo mediante molde de silicona y se positivó en exaduro. Posteriormente se completó con la policromía, que siguiendo la técnica tradicional en la policromía, ha sido realizada al óleo. La policromía realza el aspecto realista de la obra, e incluso nos ha permitido potenciar el aspecto matérico de las hemorragias añadiendo cargas a la masa de color.
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El Santo Cristo de la Universidad (2010)
___________________________________________ El arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, bendecirá el sábado el Santo Cristo de la Universidad, creado por Juan Manuel Miñarro para la Hermandad Universitaria de Córdoba ciñéndose escrupulosamente a la imagen revelada en la Sábana Santa ___________________________________________ Es cierto que se mueve bajo las manos la piel del Cristo de la Síndone de Miñarro (vea la galería de imágenes), como si fuera su último latido. Se ondula de dolor, de miedo y de verdad. Es el crucificado que el imaginero y profesor Juan Manuel Miñarro ha gubiado para la Hermandad Universitaria de Córdoba, que, bajo la advocación de Santo Cristo de la Universidad, será bendecido el próximo sábado por el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, en la iglesia de San Pedro Alcántara de aquella capital. Mañana la impactante imagen del Señor muerto, reflejando tal y como fue su tortura siguiendo las pautas de la Sábana Santa de Turín, viajará hacia Córdoba desde el taller de Miñarro reflejando más de nueve años de labor, de estudio multidisciplinar, de arte doliente puro surgido de las manos del escultor, que ha reflejado el tremendo castigo sufrido por Jesús en un cuerpo lacerado, cuya visión provoca piedad e invita a la reflexión y a la devoción. Empieza a despedirse el imaginero de su Cristo vencido en una agonía de asfixia y terror, una representación de la realidad que ninguna hermandad vieja o nueva de Sevilla ha sabido o querido entender y buscar, y con la que ha creado un fuerte vínculo parecido al que mantiene con la Síndone, entre la duda y la certeza de su veracidad. Sin duda, la imagen sobrecoge y más aún si se piensa en que fue el aspecto que debió presentar el cuerpo del hombre de la Síndone aún en su cruz, a la media hora de haber muerto, cuando por mor del esfuerzo y del tremendo sufrimiento, empezó a hacer su aparición el rigor mortis. Miñarro ha reflejado las heridas que exudan líquido seroso, los coagulos de sangre, los ciento veinte exactos latigazos con el flagrum taxillatum, con sus tiras de nervio terminadas en bolas de plomo: el rostro hinchado, la nariz rota, las lágrimas en los ojos al expirar, la sangre en la boca, con la lengua seca, cianótica, apenas entrevista, la lanzada en el costado y el borbotón sanguinolento y de fluidos, las rodillas desgarrada, el vientre inflamado debido a la muerte por asfixia, los treinta y seis puntos sangrantes entre la frente y la nuca por la corona de ziziphus jujuba o espina Christi, con sus puntas ganchudas, la misma que lleva la imagen cubriéndole la cabeza, como si fuera un casco. «Es la interpretación de cómo fue el calvario del Señor, exactamente igual a cómo quedó reflejado en la Sábana Santa». Para Miñarro «nada es caprichoso» en la imagen, a la que ha llevado el mapeado de las heridas en un proceso de darle dimensión y recrear en la policromía el color de los fluidos y la sangre, de los edemas cadavéricos, utilizando diversos productos para recrear la textura sangrante o la del suero amarillento propios de una muerte con mucho sufrimiento. «No he intentado sólo interpretar, sino verificar tridimensionalmente al hombre de la Síndone», explica Miñarro. Nada en esta representación del Cristo de la Síndone se debe a la improvisación o imaginación. La visión de su cuerpo en la cruz —de 2,20 metros y construida con rigor arqueológico— está basada en modelos anatómicos en los que ha estudiado cómo se comportan los ligamentos y cómo es la caída del cuerpo al morir. Por ello, la cabeza aparece hundida entre los hombros y el cuerpo despegado del madero, con las rodillas flexionadas y todo el peso yendo hacia los pies. La impresión es de trasparencia en la parte superior y más oscura en la inferior por efecto de la bajada de la sangre en un cuerpo que no estuvo más de tres horas cruficicado y que luego fue envuelto en un lienzo, que no lo cubrió más de cuarenta horas. Es el cuerpo que descubrió la Síndone y que Miñarro ha sabido y querido moldear. Su vista no deja indiferente a nadie. |