SAN GERARDO MARÍA MAYELA.

CANTO: Laudates omnes gentes.

1ª LECTURA: Filipenses 3, 8-14
Hermanos: Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía –la de la ley-, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.
Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma suerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos.
No es que yo haya conseguido ya el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo. Y aunque poseo el premio, porque Cristo Jesús me lo ha entregado, hermanos, yo a mí mismo me considero como si aún no hubiera conseguido el premio.
Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.

SALMO: Salmo 95
ANTÍFONA: Tú eres mi Dios, mi único Bien.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
ANTÍFONA: Tú eres mi Dios, mi único Bien.

EVANGELIO: San Juan 12, 23-32
En aquel tiempo, Jesús dijo (a los peregrinos griegos):
-Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.
Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre.
Entonces vino una voz del cielo:
-Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:
-Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Palabra del Señor.

ORAR CON LOS SANTOS: 
Oración por las mamás y los niños
Dios y Padre nuestro, tú sembraste en San Gerardo María Mayela
un amor increíble a tu Hijo Crucificado, con quien se identificaba,
ayúdanos a seguir siempre tus pasos y ofrecerte nuestra vida sin guardarnos nada.
A ti te invocamos, Señor de toda vida, que concediste a san Gerardo, a lo largo de su corta existencia,
un especial cuidado por la vida naciente y las mujeres embarazadas.
Este rasgo típico de su caridad constituye para toda la Iglesia
un estímulo a amar, defender y servir siempre a la vida humana.
Bendice, por intercesión de San Gerardo, a todas las mujeres que esperar un nuevo nacimiento
y a los hijos que llevan sus entrañas, para que ambos lleguen sanos a un feliz alumbramiento.
Y a toda tu Iglesia dale el don de amar, anunciar, defender y ofrecer la vida,
que es el mismo Redentor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

SANTOS DEL DÍA:
Margarita María de Alacoque, virgen; Eduvigis, viuda; Ambrosio, Lulo o Julio, Florentino, Elifio, Demetrio, Eugenio, Evodio, Colman, Bertrán, Mummolino, obispos; Saturnino, Nereo, Martiniano, Bonita, Saturiano, Máxima, Basiano, Faviano, Sabiniano, mártires; Bolonia, virgen y mártir; Gerardo Mayela, Galo, Bercario, abades; Gordiano, Vital, ermitaños.

San Gerardo María Mayela

 

 

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