Carta del Superior General

CONGREGATIO SS. REDEMPTORIS

Superior Generalis

31 de mayo de 2017

Fiesta de la Visitación de Marí­a

Prot. No. 0000 072/2017

“¿Y quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”

(Lucas 1,43)

Queridos Cohermanos, Hermanas, Misioneros Laicos y Asociados:

En este Año Jubilar de Peregrinación del Icono Misionero de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, la fiesta de la Visitación de María tiene un significado especial para nosotros. Los Iconos Misioneros, bendecidos por el Papa Francisco, continúan visitando las Provincias, Viceprovincias, Regiones y Comunidades de la Congregación durante este tiempo en el que continuamos las celebraciones del Jubileo.

En Roma, recibimos todas las semanas noticias sobre esta extraordinaria peregrinación, y estoy seguro de que también ustedes, a través de Scala News, han seguido muchos de los acontecimientos que la han acompañado. Marí­a, Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, continúa hoy visitando a sus fieles de igual modo que visitó y sirvió a Isabel hace siglos.

Mientras nos preparamos para la Novena y Fiesta de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro quisiera reflexionar juntamente con ustedes sobre el significado y finalidad de esta Peregrinación del Icono Misionero. Esta visita del Icono es verdaderamente un momento de gracia y de júbilo: “El año de gracia del Señor”. Les invito a reflexionar juntos sobre nuestra misión de ser hoy, con Marí­a, testigos- proféticos del Redentor.

Mandato del Beato Papa Pío IX: “Dadla a conocer”

El 11 de diciembre de 1865, el Beato Papa Pío IX confió el Icono original a la custodia de la Congregación del Santí­simo Redentor. El Papa nos encargó a los misioneros: “Dadla a conocer al mundo entero”. Desde el instante en que se restauró la exposición del Icono a la veneración pública, el 26 de abril de 1866, hasta el actual Jubileo, los Misioneros redentoristas han llevado a cabo esta tarea con generosa devoción y amor. Este Icono es una de las imágenes de Marí­a más conocidas y más queridas en todo el mundo. Las extraordinarias celebraciones de este Año Jubilar testimonian la fidelidad de la Congregación a dicho encargo misionero de Pío IX.

Cabe que nos sintamos tentados a decir: “Misión cumplida”. Sin embargo, creo que esto serí­a un error. Juntos, continuamos estando llamados a darla a conocer al mundo entero, no sólo en nuestro tiempo, sino también de cara a las generaciones futuras. Este Icono de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro sigue siendo portador de un mensaje muy importante de esperanza y de amor para todas las personas. Continuamos, por tanto, llamados a hacerla conocida y amada hoy.

Mandato del Papa Francisco: La Misión de María Hoy

El 24 de noviembre de 2013, el Papa Francisco nos entregó la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium. En este magnífico documento programático, el Santo Padre nos llama a todos a ser discípulos-misioneros y también evangelizadores llenos de espí­ritu en una “Iglesia en salida” (EG 20). En este contexto, su Exhortación Apostólica concluye presentando la Misión de Marí­a como Madre de la Evangelización en la Iglesia de hoy (EG 284-288).

En estos fantásticos párrafos que son, de forma destacada, eco de la Mariologí­a de San Alfonso de Liguori, el Santo Padre nos transmite un nuevo mandato misionero: ¡Acompañar a Marí­a en su Misión hoy! Creo que este mandato debe encontrar eco en el corazón de todo misionero Redentorista y de todas nuestras comunidades. De hecho, el evangelio con el que el Papa Francisco comienza su reflexión sobre Marí­a es el pasaje evangélico correspondiente a la Fiesta de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro (Juan 19, 26-30).

El Santo Padre escribe que, desde la Cruz, Jesús confió a María una «misión salví­fica especial», la de acompañarnos como madre. “Sólo después de hacer esto, Jesús pudo sentir que «todo está cumplido» (EG 285). Marí­a viaja con nosotros como madre para que, en esta imagen materna, podamos leer todos los misterios del Evangelio, todos los misterios de la Redención.

Papa Francisco nos muestra, pues, seis dimensiones muy importantes de la misión de María en el mundo de hoy:

  1. Ella nos enseña a transformar el mundo, con ternura y amor maternal, en “nuestra casa común”(Laudato si’).
  2. María abraza estrechamente y transmite alegrí­a a todos los necesitados, sensible a su condición humana. Este acompañamiento misionero es un tema que se desarrolla en la Exhortación Apostólica Amoris laetitia.
  3. Al igual que su Hijo, María siente compasión y misericordia por todos los que sufren porque, por experiencia propia, comprende su dolor. En la Misericordiae vultus, Francisco nos invita a hacer nuestra, en unión con Jesús, el Redentor, esta misión.
  4. Marí­a es un signo de esperanza en la lucha por la justicia. Ella conoce la turbación que produce el “dolor del parto”. En su Magnificat, habla de la justicia con “calidez hogareña”, propia de la ternura. Ella nos enseña “lo revolucionario de la ternura y del cariño” (EG 288) para transformar y sanar al mundo.
  5. Como discí­pula-misionera, María “se acerca” al pueblo de Dios y “lo acompaña a lo largo de la vida”. ¡Marí­a nos muestra el sentido de la solidaridad! Ella camina a nuestro lado. Ella es fiel y constante.
  6. Tanto en los Hechos de los Apóstoles como en sus santuarios, Marí­a aparece creando espacios para reunir a los “peregrinos”, especialmente a los pobres y a los que sufren. Ella ora con ellos mientras, estos peregrinos juntos, esperan la efusión del Espí­ritu.

De una Renovada Devoción a la Misión Profética

Papa Francisco nos llama hoy a crecer en nuestro conocimiento de Marí­a en cuanto persona-humana real como nosotros, y como Icono del amor materno de Dios. Los evangelios nos ofrecen un vigoroso retrato de esta mujer que es verdaderamente nuestra hermana. Esa llamada del Papa nos invita a renovar nuestra devoción a María de forma que renueve nuestra misión, juntamente con ella, en nuestro mundo herido.

En las Glorias de Marí­a, San Alfonso afirma frecuentemente que, en la Santí­sima Virgen María, el poder de Dios se une a la misericordia de Dios. María no sólo siente gran ternura por nosotros, sino que es voluntad de Dios que la acompañe también la potestad de ayudarnos. Este es un singular mensaje de liberación para los pobres ya que su experiencia les dice que quienes los aman es poco lo que pueden hacer por ellos y quienes tienen poder para ayudarlos no están interesados en hacerlo. Para San Alfonso, la misión de Marí­a en la Iglesia es intensamente apostólica. Su devoción a María está en el corazón de su convicción de que él es enviado a los abandonados y a los pobres para llevarles la Buena Nueva de la liberación, del perdón y de la redención.

Marí­a sabe cómo mantener unidas la lucha por la justicia con la ternura maternal. Sin esta ternura y misericordia, la lucha por la justicia puede convertirse en ideología. Si se llega a esto, eso no conducirá a la liberación, sino a otra forma distinta de opresión. Sin embargo, la ternura sin la justicia puede conducir a una especie de aceptación sentimental del “todo vale”, que nunca se cuestiona la madurez, el crecimiento y la libertad.

María conserva unidas las virtudes gemelas de la contemplación y de la compasión. Sin la compasión, la contemplación correrá el riesgo del narcisismo, de que nos metamos dentro de nosotros mismos. Esto puede convertirse en ese tipo propio de auto-referencia que el Papa Francisco critica en la Evangelii gaudium y que impide a la Iglesia salir, ir hacia fuera para lograr atraer.

Marí­a mantiene ­íntimamente unidas la oración y la acción. Esto es absolutamente vital para el discí­pulo-misionero. La oración sin acción conducirá a un “devocionalismo” sin misión. Y la acción sin oración corre el riesgo de convertirse en un activismo frenético, disperso y desenfocado, que no será sostenible a largo plazo.

Como primera “discípula-misionera”, María nos enseña que la devoción lleva a la misión, y la misión nos lleva a la devoción. Esta integración de devoción y misión es fundamental para el carisma redentorista y para nuestra Vita Apostólica. Con Marí­a, siguiendo la enseñanza de San Alfonso, sabemos que no podemos tener auténtica devoción sin una intensa misión apostólica. Y nuestra misión se profundizará y se sostendrá mediante nuestra devoción.

TESTIGOS DEL REDENTOR: Solidarios para la Misión en un mundo herido

Nuestro encargo y misión respecto a Nuestra Madre del Perpetuo Socorro no es sólo el darla a conocer. Si bien es importante llevar adelante este encargo, especialmente de cara a las generaciones futuras, hoy estamos llamados a hacer mucho más. Papa Francisco nos recuerda que nuestra misión hoy debe ser “¡acompañar a María en SU misión como discí­pula-misionera de Jesús, el Redentor! La misión de la Familia Redentorista respecto al Icono Misionero refleja nuestro tema del sexenio.

La Misión de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro es la de vivir como testimonio profético de Jesús, el Redentor. Su misión, tal vez pueda resumirse con cuatro palabras clave: Acompañar, Reunir, Orar y Luchar por la Justicia.

  • ACOMPAÑAR a los abandonados y a los pobres con compasión, ternura y amor maternal. Este acompañamiento requiere verdadera solidaridad, “acercarse” a ellos con un compromiso de acompañamiento de por vida, con fidelidad y constancia especialmente en situaciones de peligro y dificultad.
  • REUNIR al pueblo de Dios como peregrinos, especialmente a los pobres y a los que sufren. Establecer lugares seguros donde los abandonados y los pobres puedan reunirse para encontrarse.
  • ORAR en medio del pueblo de Dios. A la luz de la Palabra de Dios, de los “signos de los tiempos”, y de la experiencia con los pobres, debemos discernir juntos en oración, cómo actuar con compasión y misericordia, con justicia y amor. Esta oración, especialmente la “oración por los demás”, es un elemento esencial de la verdadera devoción-misión.
  • LUCHAR por la justicia con el poder revolucionario del amor y de la ternura. Nuestra devoción nos mueve a la solidaridad orante para la transformación y sanación de nuestro mundo herido. Esta lucha por la justicia es la consecuencia de una fe profundamente arraigada en la Encarnación.

El Concreto Desafío para la Familia Redentorista Hoy

Al comienzo de nuestra celebración jubilar en honor de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, pedí a todas las Unidades que pensaran en un proyecto social especial a favor de los abandonados y de los pobres con motivo de esta importante celebración. Algunas de las Provincias y Viceprovincias tomaron medidas concretas para proporcionar alojamiento a mujeres y niños, otra lo hizo con fondos para ayudar a los refugiados, y otras lo hicieron de diferentes maneras. Por supuesto, tales proyectos no se limitan al Año Jubilar, y cualquier Unidad podrí­a decidir en cualquier otro momento tomar parecidos compromisos poniéndolos bajo el patrocinio del Perpetuo Socorro.

No obstante, en este Año Jubilar de Peregrinación del Icono Misionero, pido a todos los centros de peregrinación, santuarios, parroquias, así­ como a los equipos misioneros y comunidades redentoristas que emprendan una reflexión orante sobre nuestra misión con Nuestra Madre del Perpetuo Socorro hoy. La hemos dado a conocer y seguimos dándola a conocer. El Papa Francisco nos ha llamado a reflexionar hoy sobre su papel de discípula-misionera y a acompañarla en su misión en nuestro mundo herido. ¿Cómo podríamos hacerlo? Pido a toda la Familia Redentorista que participe   conjuntamente en la reflexión sobre esta llamada y que lo haga en cada comunidad local y Provincial. Tal vez pudiera realizarse usando las cuatro palabras clave, anteriormente mencionadas, que podrí­an ser de ayuda en sus reflexiones: Acompañar, Reunir, Orar, Luchar.

  • ¿En qué medida acompañamos a los pobres y a los abandonados, a los heridos y a los que sufren, con compasión, ternura y amor maternal? ¿De qué forma concreta podemos ser solidarios con los migrantes y los refugiados, con las víctimas del tráfico de personas, con los jóvenes y con los niños de la calle, con los drogadictos y con los sin techo? ¿De qué forma podemos acompañar a las familias jóvenes y a los miembros mayores de nuestras comunidades? ¿De qué forma podemos acompañar a aquellos que luchan por dar un sentido al mundo de hoy, a quienes están desalentados, a aquellos que han perdido la esperanza?
  • ¿Dónde podrí­amos crear espacios para reunir al pueblo de Dios, lugares seguros donde pueda darse un verdadero encuentro? ¿Qué medios podrí­amos utilizar en nuestros santuarios o parroquias, comunidades y escuelas para que la gente pueda reunirse, participar quizás en programas de formación o de debate, o en momentos de encuentro social y de poder compartir? ¿Cómo podrían nuestras Iglesias ser más acogedoras, especialmente para los extranjeros? ¿Son acogedores los confesionarios y se tienen espacios apropiados para el sacramento de la reconciliación?
  • Todas nuestras iglesias y Santuarios así­ como nuestras comunidades e instalaciones ofrecen posibilidades para la oración y la reflexión. En muchos lugares estamos fortaleciendo y renovando la práctica de la Novena Perpetua. ¿Las oraciones que hacemos, reflejan verdaderamente la experiencia y las situaciones concretas de nuestro pueblo? ¿Incluimos en nuestras intenciones personales el orar por los demás al tiempo que dirigimos nuestras oraciones a las necesidades de la sociedad en la que oramos? ¿Invitamos a los demás a un discernimiento orante a través de la Palabra de Dios, de los “signos de los tiempos”, y de la propia vida de cada uno? ¿Integran y reflejan nuestras Oraciones de la Novena la renovada enseñanza sobre la Evangelización, sobre la Familia, sobre la protección de nuestra Casa Común, y sobre la Misericordia? ¿Alientan y potencian nuestras oraciones el liderazgo laico?
  • ¿Nos lleva nuestra devoción a Nuestra Madre del Perpetuo Socorro a un compromiso más profundo en la lucha por la justicia? Así­ como Marí­a, ¿colaboramos mediante la justicia y la ternura a que el poder revolucionario de la misericordia, de la compasión y del amor llegue a transformar nuestro mundo para bien de todos? ¿De qué forma expresamos mediante propuestas y actuaciones concretas nuestra pasión por la justicia? ¿De qué forma lo hacemos en nuestra situación y en nuestras circunstancias actuales? ¿Qué formación para la acción a favor de la justicia podemos ofrecer a través de la misión de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro hoy?

Una Petición: Les invito a enviarme para el 31 de octubre de 2017, si es posible, el resultado de sus reflexiones y diálogos juntamente con el plan de acción concreto a que hayan llegado. Esto ayudaría no solo a reconocer la medida en que nos mueve el Espíritu, sino que serviría también como inspiración a otras Unidades en cuanto vivimos en todo el mundo Redentorista de la Congregación y de su Familia nuestra entrega a la Devoción-Misión.

Conclusión y Oración

Mientras continuamos celebrando juntos esta Peregrinación Jubilar del Icono Misionero de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro en todo el mundo, que éste sea un tiempo de gracia y de renovación para toda la Familia Redentorista.

Durante este Jubileo hemos celebrado con alegrí­a nuestro encargo de “Dadla a conocer al mundo entero” A dondequiera que hemos ido, nos ha acompañado. Frecuentemente, ella ha ido precediéndonos y ha abierto las puertas a nuestra presencia y misión en Haití­, en Corea, en Ghana, por poner sólo algunos ejemplos. Marí­a nos acompaña en nuestra misión. ¿Podemos nosotros acompañarla en su Misión y convertirnos cada vez más en auténticos y proféticos Testigos del Redentor en solidaridad con la misión a un mundo herido?

Dentro de pocos días celebraremos la gran Solemnidad de Pentecostés. Reunida con los discípulos en el Cenáculo de Jerusalén, Marí­a oró por la efusión del Espí­ritu Santo que habí­a recibido en la Anunciación. Ella oró para que este Espíritu los transformara en apóstoles: Misioneros-Discí­pulos y Testigos proféticos del Redentor, su Hijo, y nuestro hermano. Que sus oraciones nos acompañen ahora para que el Espí­ritu Santo guíe toda nuestra reflexión y planificación mientras respondemos más profundamente a la llamada a ser misioneros-discí­pulos con Marí­a hoy ¡Auténticos y proféticos Testigos del Redentor en nuestro mundo herido!

Su hermano en el Redentor,

Michael Brehl CSsR

Superior General

 

Carta PDF: Carta Icono Misionero

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