Misón de Úbeda

Misión en Úbeda (Jaén)

Acaba de finalizar la misión en dos parroquias de Úbeda: Ntra. Sra. de El Pilar y Santa Teresa, en el corazón de la ciudad, y San Juan Bautista, dada por los misioneros: PP. Miguel Castro, José Luis Bartolomé, Juan Bautista Jáñez, Domingo Sánchez, Arsenio Diez y los laicos, que atendían preferentemente a jóvenes y matrimonios: Carmen Castro, Ana y Antonio, de Granada.

Úbeda, es ciudad “señorial y blasonada” que unida a Baeza, es Patrimonio de la Humanidad. Es el lugar donde murió san Juan de la Cruz que, según escribe él mismo, acá se vino “a curar de unas calenturillas…” y se quedó en la operación. Úbeda es también, como aseguran los ubetenses, la tierra del mejor aceite del mundo. Pero, sobre todo, es una ciudad llena de vida y centro comercial de toda la comarca olivarera.

Al parecer la preparación de la misión, no fue fácil y su desarrollo tampoco. El obispo de la diócesis, D. Amadeo, se hizo presente en la celebración inaugural para apoyar y animar a los misioneros ante una misión que se presentaba “fea y difícil” ¡Un gran detalle de cercanía! Los versos de San Juan, que son como una voz que clama y se pierde en el desierto, reflejan nuestro estado de ánimo, un tanto inquieto y desolado:

¿En dónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti clamando, y eras ido.

En esta primera estrofa del cántico espiritual el alma busca al Esposo. Los misioneros, un poco más profanos, buscaban asambleas y una salida airosa.

Semana de Asambleas. Comenzamos con la “semana de las asambleas”: doce en cada una de las parroquias. No son pocas, teniendo en cuenta las dificultades, pero deberían haber sido el doble según nuestro criterio. No obstante fueron subiendo en número de participantes y en calidad. De la incertidumbre del primer día, se pasó al entusiasmo final. Algunas, con igual número de hombres que de mujeres y algunas también demasiado numerosas. Tal vez lo mejor de esta primera semana tenga que ver con los animadores, muy bien preparados, y con las misas de la mañana, muy concurridas y bien valoradas por los asistentes.

Repetimos lo de tantas otras crónicas de misión: nuestra gran aportación son las asambleas; la misión se mantiene en pie, durante años, gracias a las asambleas. No hay Postmisión sin asambleas. Todos los grupos, según su propio deseo, seguirán reuniéndose una vez al mes, lo que significa una buena noticia.

Semana de la Palabra. A la semana de asambleas sigue la “semana de la palabra”. Es impresión de todos los misioneros que la semana fue “a mejor” o a “mucho mejor”, cosa que no se esperaba, concluida con una gran celebración final.

Se ha de resaltar el gran esfuerzo de los misioneros para atender a jóvenes y niños, debido a los cinco colegios ubicados en estas parroquias y que nos ocuparon gran parte del tiempo de misión.

Evaluación final. Recojo algunos testimonios, expresados en el “encuentro del sábado”, un encuentro de oración y evaluación de laicos, párrocos y misioneros:

Un animador comenta: “Creo que lo mejor de la misión son las asambleas familiares y uno de los aspectos más positivos de éstas, es la comunicación que rápidamente se establece entre los asistentes. Hemos compartido, vivencias y sentimientos, lo que hace que ahora nos conozcamos mucho mejor. Pienso que sin esta comunicación profunda, la fe se vuelve fría y distante…”

El dueño de un hogar dice: “Mi casa era una verdadera fiesta. Se deshizo el hielo desde el primer día y la alegría era contagiosa. Ha sido una experiencia gratificante y positiva a la que vamos a dar continuidad…”

  1. Ildefonso, uno de los párrocos, se expresaba así: “La Premisión fue muy dura. Yo estaba desbordado y la indecisión de los más cercanos estuvo a punto de echar abajo la misión. Pero ahora me alegro de no haber tirado la toalla…”

Por su parte D. Eusebio, párroco de s. Juan Bautista desde hace cuarenta años, delante de una taza de café, resume así su vivencia de la misión: “Yo tenía mis dudas ante la misión. Tuve mucho miedo y no dormía. Confiaba en los misioneros y en la gente. Cuando llegasteis los misioneros y os vi tan animosos, se me quitó el miedo, porque ya me sentía respaldado. Ahora estoy muy contento porque la parroquia se ha convertido en parroquia misionera, y todo gracias a las Asambleas Familiares. Siento que hemos hecho realidad la propuesta del Papa Francisco: ‘una Iglesia en salida, una Iglesia de puertas abiertas’. La parroquia ha salido y la gente ha abierto sus puertas a todos los vecinos que han querido participar. Me gustaba recorrer los grupos cada noche por el clima de fraternidad que se respiraba en ellos y por el diálogo profundo y nada superficial. Ahora, varias personas me han ofrecido su casa; ¡a buenas horas! Distingo en mi parroquia un antes y un después, gracias a la misión. Todos los grupos quieren continuar. De creyentes temerosos hemos pasado a creyentes misioneros. Valoro mucho este método de las asambleas. Estoy contento, la verdad; de verdad, de la buena…”.

Esperando que estos grupos de misión sigan con el compromiso adquirido de seguir reuniéndose, firmo esta crónica en Úbeda, lugar donde murió el gran místico y doctor de la Iglesia san Juan de la Cruz y concluyo con sus propias palabras que no sé si se refieren a él mismo o a las dificultades que encontramos en cada misión.

“Tras de un amoroso lance,

y no de esperanza falto,

volé tan alto, tan alto,

que le di a la caza alcance”.

Arsenio Diez

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