21 Ene SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS. DÍA 4
Día 4: Miércoles, 21 de enero
Llamados a una sola esperanza
Versículo del día
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados (Ef 4,4).
Deuteronomio 6,4-9
Escucha, Israel: el Señor —y únicamente el Señor— es nuestro Dios.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón estas palabras que hoy te he dicho.
Incúlcaselas a tus hijos; háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de camino, cuando te acuestes y cuando te levantes; átalas a tu muñeca como un signo; llévalas en tu frente como una señal; escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas.
Palabra de Dios.
Salmo 24,1-6
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el mundo y quienes lo habitan.
Él la cimentó sobre los mares,
él la asentó sobre los ríos.
¿Quién podrá subir al monte del Señor?
¿Quién podrá permanecer en su santa morada?
El de manos honradas y corazón limpio,
quien no desea la mentira ni jura en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
la recompensa del Dios que lo salva.
Esta es la generación de quienes lo buscan,
de los que anhelan tu rostro, Dios de Jacob.
Juan 17,20-26
Y no te ruego sólo por ellos; te ruego también por todos los que han de creer en mí por medio de su mensaje. Te pido que todos vivan unidos.
Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado.
Yo les he comunicado la gloria con que tú me has glorificado, de manera que sean uno, como lo somos nosotros. Como tú vives en mí, vivo yo en ellos para que alcancen la unión perfecta y así el mundo reconozca que tú me has enviado y que los amas a ellos como me amas a mí. Es mi deseo, Padre, que todos estos que tú me has confiado estén conmigo y contemplen mi gloria, la que me diste antes de que el mundo existiese. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo te conozco, y todos estos han llegado a conocer que tú me has enviado. Les he dado a conocer quién eres, y continuaré dándoselo a conocer, para que el amor que tú me tienes se manifieste en ellos y yo mismo viva en ellos.
Palabra del Señor.
Reflexión
En Efesios 4,4, el apóstol Pablo destaca la profunda unidad de la Iglesia en todo el mundo. Esta unidad tiene sus raíces en el único Espíritu y la única esperanza que vinculan a todos los cristianos en su fe. El día de Pentecostés, el Espíritu Santo dio comienzo a la misión universal de la Iglesia. Este mismo Espíritu nos fortalece y sustenta nuestra misión colectiva hoy, fomentando una Iglesia universal que trasciende las fronteras nacionales y culturales. Nuestra esperanza común en la salvación por Jesucristo es la piedra angular de esta unidad, que reúne a pueblos diversos en una Iglesia santa, católica y apostólica. Como cristianos, nos definen esta esperanza singular y el único Espíritu por el que somos bautizados y renovados. Nuestra tarea es garantizar que esta unidad no sea solo un concepto, sino una realidad vivida, reforzando nuestra misión compartida y nuestro amor mutuo.
Una pregunta para reflexionar
¿De qué manera podemos, como Iglesia o comunidad, aceptar el reto de nuestra vocación única, manteniendo al mismo tiempo nuestra identidad y tradiciones propias?
Oración de los fieles
A Dios, nuestro Padre, que con amor rige los destinos de los pueblos, presentemos confiadamente nuestra oración.
— Para que la Iglesia crezca en diálogo y unidad y dé testimonio creíble de su fe en medio del mundo. Roguemos al Señor.
— Para que nuestros pastores nos ayuden a poner nuestra confianza en Cristo, vínculo de unidad y comunión fraterna. Roguemos al Señor.
— Para que los cristianos de cualquier denominación se sientan miembros del único cuerpo de Cristo, y comprendan que Cristo no puede estar dividido. Roguemos al Señor.
— Para que, en cualquier lugar en que estemos, nuestra vida sea instrumento de reconciliación y pacificación entre los hombres. Roguemos al Señor.
— Para que quienes estamos celebrando esta eucaristía descubramos siempre en Cristo la fuerza transformadora y la fuente de la unidad que el Señor desea para su Iglesia. Roguemos al Señor.
Padre bueno, escucha nuestras oraciones y concédenos perseverar unidos en la verdadera fe y en el bien obrar. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Jesucristo,
contando con nuestra diversidad,
nos has reunido como tu familia e Iglesia.
Ante tantas situaciones en la tierra en las que la esperanza se ha visto
eclipsada por la desesperación y el dolor de los corazones heridos,
renueva nuestra esperanza en la obra del Espíritu Santo
para cambiar el mundo.
Muévenos a difundir esta esperanza a todos y en todas partes.
Tú eres la verdadera luz, que echa fuera las tinieblas del pecado
e ilumina nuestros corazones con la alegría
y la esperanza de tu amor eterno. Amén.